Siempre
es grato recordar los grandes triunfos de nuestro terruño, mucho
más cuando se trata de una encomienda muy generosa por cierto de
un importante medio de comunicación, en su fecha aniversaria. Formo
parte del grupo de valencianos que ha tenido la dicha, la satisfacción
y la alegría de contribuir al proceso de crecimiento y desarrollo
industrial de Valencia, en su etapa moderna, pero es preciso conocer a fondo
todo lo que ocurrió antes, para saber exactamente de qué manera
se cumple el proceso transformador.
AÑO DE 1870
Es justamente en esa década del siglo
XIX cuando se inician en Valencia las actividades industriales propiamente
dichas y de alguna importancia. Aparece en la región el señor
don Domingo Antonio Olavarría, combativo escritor y hombre público,
quien establece una empresa textil fabricando algunas telas llamadas "liencillos
y pabilo" para capelladas destinadas a la fabricación de alpargatas,
el calzado común y corriente entonces y por mucho tiempo después.
También don Ernesto L. Branger, de profesión topógrafo,
de nacionalidad francesa, establece unos molinos de maíz, una fábrica
de pastas alimenticias y una pequeña tenería. Por su parte,
los hermanos Joly fundan una fábrica de velas esteáricas y
jabonería, que andando el tiempo es absorbida por la firma Frey y
Compañía, fabricantes de estos productos y que crece vertiginosamente
para convertirse en lo que fue luego la poderosa C.A. Las Llaves, asentada
en Puerto Cabello.
Ya finalizando el año ochenta de ese siglo, el Ejecutivo Nacional
firma un contrato con el estadounidense Mr. Miguel T. Dooley para dotar
de alumbrado eléctrico a varias ciudades de Venezuela, entre ellas
Valencia. A este hecho se refiere González Guinánd.
COMIENZOS DEL SIGLO VEINTE
Es en la primera década del siglo
cuando se inicia en firme lo que se podría llamar la era industrial
de Valencia, que bien puede ser, y esto no se discute, la de la propia Venezuela.
Nuevos hombres siguen el ejemplo de los pioneros, entre éstos don
Carlos Stelling, quien constituyó una compañía y adquirió
la antigua planta eléctrica que estableció mister Dooley,
que era termoeléctrica, la transformó en hidroeléctrica
y así aumentó considerablemente la capacidad generadora del
importante fluido energético. Así nació la Electricidad
de Valencia, con un capital de setecientos mil bolívares.
Con el apalancamiento de la energía eléctrica, don Ernesto
L. Branger instala una moderna empresa de hilados y tejidos de algodón
que fabricaba varios tipos de telas y a la cual se bautizó como Telares
Branger; se agregó una fábrica de aceites que se conoció
como Aceites El Aguila. Pero no se detiene ahí el proceso. don Guillermo
Degwitz instala una fábrica de sombreros de pelo y de fieltro y luego
promociona y lleva a cabo la constitución de una compañía
hidroeléctrica denominada La Cumaca, base del nacimiento de lo que
hoy se conoce como Cadafe. Los señores Pérez Aikman y compañía
instalan otra fábrica de aceite. Los antiguos telares fundados por
el Sr. Olavarría se convierten en los Telares de Caracas y Valencia
bajo la dirección de nuevos dueños.
Hay que mencionar la C.A. Cemento Carabobo, que pasó luego a ser
Consolidada de Cemento. En el año 1950 se funda el Banco de Carabobo,
que luego se integró al Banco del Centro Consolidado. El 5 de febrero
de 1955 nació Seguros Carabobo, empresa vibrante que se mantiene
compitiendo en este delicado pero importante mundo financiero y de servicios.
Al mismo tiempo se instalan en Valencia empresas de capital internacional
como Celanese, Atlantis Venezolana, Sherwin Williams, Dupont de Venezuela.
Se construía la autopista Valencia-Maracay-Caracas y la proximidad
del puerto de mar era una condición determinante e influyente.
EL AVANCE INDETENIBLE DE VALENCIA
El camino hacia el desarrollo industrial que Valencia presenta hoy fue
una realidad nacional, a pesar de que existieron muchas dificultades; no
obstante esos obstáculos fueron los que nos hicieron más fuertes
y decididos para convertirla ante el país en lo que es hoy, "la
ciudad industrial de Venezuela".
En el año 50, los grandes pioneros, Eugenio Mendoza y Oscar Romer,
instalan en Valencia la procesadora de alimentos para animales, Protinal.
A estos formidables capitanes hay que agregar a Angel Cervini, Juan Ernesto
Branger, Eduardo López de Ceballos, Andrés Boulton, entre
otros.
VALENCIA BAJO EL ESTIMULO DEL MUNICIPIO
Si bien es cierto que es en el año
1959 cuando se complementan los estudios y se decide la creación
de la Zona Industrial Municipal por el Concejo Municipal surgido en esa
oportunidad y se inicia así un desarrollo técnico, organizado
y continuado, estamos conscientes de que por la acción municipal
de los ayuntamientos de años anteriores, Valencia pudo orientarse
hasta concluir aquella importante fase del desarrollo industrial.
Aun cuando Valencia también ha tenido la visión clara de
su futuro compartido por toda la colectividad, sin distingos de ninguna
naturaleza, fueron las cámaras edilicias anteriores a 1959 las que
diseñaron el camino a seguir. Es así como Valencia fue la
primera ciudad del país que a través de los Concejos Municipales
creó las siguientes instituciones.
Primera Comisión de Urbanismo Municipal de Venezuela. Esta Comisión
de Urbanismo procedió a establecer dentro del plano regulador de
la ciudad la Zona Industrial de Valencia, a solicitud y por insistencia
del presidente del Concejo Municipal, don Teodoro Gubaira. Esa comisión
propuso, y el cuerpo edilicio aceptó, reservarse los ejidos de la
zona sur para comenzar el desarrollo de la zona industrial.
También este Concejo fue el primero en legislar, racionalmente,
sobre incentivos y facilidades para mejor establecimiento de las industrias
a instalarse tanto nacionales como internacionales. Decretaron la exoneración
de impuestos para las industrias que se instalaran en Valencia, además
de realizar una política positiva en el campo de las relaciones tendentes
a atraer inversiones a la ciudad.
En abril de 1951, con motivo de la VII Asamblea
de Fedecámaras realizada en Valencia, el concejo presidido esta vez
por Eduardo Celis Sauné, dictó una resolución mediante
la cual se ofrecían terrenos y exoneraciones de la Patente de Industria
y Comercio, por varios años, a las industrias que se establecieran
en la ciudad. Fue la primera acción de este tipo que se produjo en
el país. El día 3 de abril de 1956 se publicó la Ordenanza
Municipal Reguladora de Ventas de Terrenos en la Zona Industrial, siendo
presidente del Concejo Municipal el Dr. Lorenzo Araujo Ecarri, sobre una
extensión de ocho millones de metros cuadrados, en la que se establecían
las condiciones de venta y exoneraciones de pago de patente por dos años,
que luego se aumentó a cinco.
No sólo se ofrecía tierra barata, sino también servicios
públicos y organización adecuada, con métodos modernos
que garantizaban la mejor utilización de los capitales a invertir.
Se le dijo a Valencia que inicialmente se prefería instalar aquí
industrias para que sus habitantes encontraran trabajo permanente. Se les
dijo que era preferible obtener primero un trabajo que una avenida, porque
se podían tener vías públicas y desempleo al mismo
tiempo.
La Zona Industrial de Valencia fue iniciada sin el permiso del Ministerio
de Obras Públicas. Se ubicó al sureste de la ciudad y comprendió
dos mil hectáreas totalmente planas, de las cuales 800 eran propiedad
municipal. Estos terrenos tienen la inclinación adecuada hacia la
quebrada de Quigua y se dividen en dos zonas, una en el sur para industrias
semipesadas y las del norte para las industrias livianas.
El año de 1958 significó para
Venezuela el arranque del desarrollo industrial contando con las políticas
gubernamentales de asistencia financiera, protección arancelaria
y programas de promoción, pero es importante destacar lo ocurrido
en el seno de aquel Concejo Municipal que nació con el primer proceso
electoral de la recuperada democracia nacional. Aquellos hombres, entre
quienes con mucha honra me incluyo, le dimos a Valencia una maravillosa
oportunidad, siendo presidente del Concejo Municipal el Sr. Humberto Celli
y figurando como concejales el Dr. Alejandro Izaguirre Angelli, Carlos Suárez,
profesor Villarroel, José Núñez Milá y Víctor
Peñalver. Ellos votaron afirmativamente la propuesta que hice y se
constituyó la Fundación para el Mejoramiento Industrial y
Sanitario de Valencia, que presidí y desde donde se desarrolló
la política de incentivos y ventas de las parcelas de la zona industrial.
La Corporación Venezolana de Fomento negó un aval para
obtener un crédito que un instituto bancario estaba dispuesto a facilitar,
para iniciar los trabajos de la zona. El 28 de abril de 1966 la Cámara
Municipal declaró como personas non gratas a los miembros directivos
de dicha corporación. Era tan sólo un crédito por 6
millones de bolívares, por lo que se solicitaba aquel negado aval.
Pienso que Funval abrió el camino
o la pica para que Valencia y Carabobo se industrializaran, y que el Concejo
Municipal de aquella época presidido por Humberto Celli merece acumular
todos los méritos de este proceso, pues a ninguno de sus integrantes
le falló el pulso a la hora de comprometernos con el futuro. No se
puede olvidar el día en que la municipalidad recibió un cheque
de Ford Motor Company por la suma de 840 mil bolívares, cancelando
la compra de 42 hectáreas que compró en la zona industrial
de Valencia y que adquirió a razón de dos bolívares
el metro cuadrado. Esa decisión de Ford definió el futuro
de la zona industrial, pues significó una demostración de
confianza en un ayuntamiento quebrado, que no tenía dinero ni siquiera
para pagarles a sus trabajadores, pero sí la fe de los 7 concejales
a quienes no animaba otro interés distinto al gran destino de la
ciudad.
Al conocerse que Ford venía para Valencia, comenzó la lluvia
de interesados en comprar en la zona. Por ello se bautizó la avenida
principal de la zona con el nombre de Henry Ford. En aquel entonces los
sectores comunistas se opusieron, pero más tarde rectificaron y entendieron
la justicia de la medida.
Ford, sin embargo, no fue la primera empresa en instalarse en la zona
industrial. Ese privilegio lo tuvo Grasas de Valencia; le siguieron Negroven
y Cartones Nacionales; de cuarta se instaló la Ford.
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