En
el mes de Abril del año 1973 sale a la calle el primer número
de la Revista In-fórmate, con la imagen en la portada de Renny Ottolina,
valenciano y eterno creador de la Radio y la Televisión venezolana.
In-fórmate es la obra de Pedro Rojas, alentado por el doctor Salvador
Feo la Cruz y el periodista Leoncio Lucena Alvarado. Ellos la fundaron para
que Valencia tuviera alguien que se ocupara de perpetuar su memoria. En
ella se relatan los sucesos ocurridos por más de dos siglos y se
guardan celosamente los recuerdos familiares, y se sigue la huella de los
más destacados personajes de las artes, el comercio, la política,
la sociedad. Ininterrumpidamente In-fórmate ha cumplido ese misión
desdibujada en las primeras palabras de sus creadores, ha sido reconocida
como Patrimonio Cultural de Valencia .
Albacea de los recuerdos de Valencia, eso ha sido y seguirá siendo
esta publicación plena de reminiscencias. Sus informaciones y sus
fotografías, se transforman en un gran cuento inacabable. Pedro Rojas,
un personaje inolvidable, todo tesón, decoro y coraje para enfrentar
la vida, ya había hecho historia como empresario de teatro y celoso
guardián del Teatro Municipal de la ciudad. Hoy, su hijo Pedro Luis,
su nieta María Elena y su amada esposa, Doña Rosarito, unidos
a un grupo de amigos que firmamos con él un pacto de honor, conservamos
esta joya cultural tan estimada y apreciada.
AYER
Era el Siglo XIX en sus postrimerías,
convulsionado espacio de nuestra historia. La ciudad con sus progresos materiales,
incluyendo la Universidad recién creada, la Cámara de Comercio,
el Teatro Municipal -según explica Luis Cubillán en su obra
"Historia de la Construcción del Teatro Municipal de Valencia"
(1984)-, "alentaba el deseo de hacerse inmortales en la fotografía,
el creyón o el óleo. En el período estudiado 1879-1885
encontramos en la ciudad un considerable número de fotógrafos
provenientes de los Estados Unidos, de Caracas, o de Europa. En la Plaza
Bolívar, frente a la casa de Páez, y también en el
Morro "Casa de Madama Rosa" magníficos retratos al precio
de un bolívar -el mal tiempo no impide la fotografía-",
se publicitaba. El sol era el gran aliado, pues servía como reflector.
Circulaban entre las familias y personajes destacados las llamadas "tarjetas
de visita".
De aquellos fotógrafos J.M. Chapman y Lessman y Lave quedan exclusivas
imágenes familiares, en las cuales se registran a los hijos del General
José Antonio Páez y Barbarita Nieves y al propio General en
Jefe, quien para la ocasión siempre vestía su traje militar
de gala. Un daguerrotipo de fotografía impresa en vidrio, nos muestra
a una seria señora trajeada de negro y en el grueso cinturón
una placa de oro.
El famoso pintor Antonio Herrera Toro formó una empresa con Leandro
Martel y juntos emprendieron su aventura fotográfica, agregando colores
a las imágenes. Un personaje importante del final del siglo XIX y
comienzos del XX fue Henrique Avril, bien llamado el primer reportero y
corresponsal gráfico de Venezuela. Aunque nació en Barinas,
de padres franceses, vivió muchos años en la ciudad de Puerto
Cabello y como es de suponer conoció a Valencia y a su sociedad de
entonces. Avril recogió la expresión de un país en
bancarrota y sumergido en guerra y dejó para la posteridad los cuadros
dantescos de la miseria rural, además de captar el fascinante paisaje
nacional y particularmente de Puerto Cabello.
Después vendrá lo otro, lleno de un silencio que habla
en las tumbas, en las cárceles, en el exilio y en el trabajo forzado
de las carreteras. José C. Yevara, una especie de fotógrafo
oficial, se encarga de captar las escenas familiares y especialmente las
fiestas que en la ciudad de Valencia celebra el señor Antonio Pimentel,
padrino de un Branger y, por añadidura, compadre y socio del general
Juan Vicente Gómez.
En la parroquia San Blas, por ejemplo, por los años veinte y treinta
del siglo pasado se recuerdan tales actividades y a sus actores principales.
Del inmenso y bien cuidado baúl de Felipe Quintero, vamos sacando
las fotografías familiares y allí están las firmas:
Leandro Martel (año 1920, con un sello seco y con una V en el centro),
Foto E. López, de los años 1937 y 1940, Foto Yevara (J.C.
Yevara que tenía su estudio instalado en la calle Colombia entre
Martín Tovar y Farriar) y cuyos trabajos tenían fama. También
apareció por Valencia, en el año 30, un señor que firmaba:
Fotografía Mirabal. Foto Ramírez, con su sello seco del año
1925 y González Mach con trabajos del año 1912.
Alberto Herrera trabajaba como conductor de tranvías y tenía
su estudio fotográfico en la calle Colombia en San Blas. Era muy
solicitado. Encontramos con un sello seco de 1945 trabajos del señor
González. Y existió un Estudio Arriaga de cuya existencia
hay testimonio fechado en 1943.
Ahí están los recuerdos de la primera comunión,
del niño al lado de un Corazón de Jesús apoyado en
un velador, simulando un altar, con una vela en la mano, la mirada hacia
arriba y un libro abierto. En otras ocasiones aparecía la mesita
con su florero o la maceta de flores. En las plazas, especialmente en la
Plaza 5 de Julio estaban los fotógrafos de campo abierto, para decirlo
de alguna manera, con sus paños negros para impedir el paso de la
luz, sus baterías de químicos y sus sombreros mexicanos para
quien se quisiera a alinear con la influencia del cine de ese país.
Como quiera que ese era lugar donde arribaban los transportes colectivos
que venían de Caracas y los pueblos vecinos a Valencia, había
para todos, sobraba el trabajo y esas fotos iban a adornar luego hasta los
ranchos campesinos.
FOTO ESTUDIO SENIOR
El señor Senior, quien era venezolano, posiblemente procedente
de Caracas, se instaló en una vieja casona colonial en la avenida
Díaz Moreno entre Cedeño y Vargas. Se recuerda que no tenía
luces de estudio y tomaba las gráficas con luz natural utilizando
para ello uno de los largos corredores de la casa. Colocaba fondos y hacía
juegos con la luz solar, usando cortinas, de modo que tenía su horario
para los trabajos de 10 de la mañana a las 4 de la tarde, siempre
que hubiera sol.
El revelado era manual. Tenía sus fórmulas para preparar
los químicos cuyos componentes adquiría en la Botica Central.
Preparaba el revelador y el ácido fijador, hacía las mezclas
con agua tibia o caliente. A la semana, la gente iba a revisar las fotos,
para saber cuál le gustaba en definitiva. Total que aquel proceso
duraba unos diez días.
LLEGA EL GRAN RENOVADOR
En el año 1948 llega a Venezuela Juan Albert. Viene vía
Francia, país que lo había acogido en su condición
de exilado del gobierno español de Francisco Franco. Había
traído un par de lámparas, una cámara moderna para
la época y solamente treinta bolívares en el bolsillo. Se
instala en una pensión en Caracas y trabaja por seis meses como laboratorista
en un estudio. Como había nacido en Valencia de España, al
oír hablar de la Valencia de Venezuela decide conocer esta ciudad.
Aquí conoció a otros españoles, como él aventados
de su patria, y un señor Monasterios que tenía una mueblería
en la Plaza Bolívar le cedió un espacio donde comenzó
a tomar las fotos. Era el mismo procedimiento de los químicos para
revelar, pero algo diferente se notaba en aquellas fotos con el sello "Foto
Cine J. Albert".
Hay que recordar que en Valencia existían unas veinte familias
que tenían cámaras y que llevaban sus rollos a la àptica
de Kurt Feltner en la Plaza Bolívar. Aquí las enviaban para
Caracas y regresaban a los 8 días. Juan Albert empezó a prestar
el servicio de revelado de foto de estudio y de rollo, en 24 horas, y eso
fue una revolución en la sociedad valenciana; toda Valencia pasaba
por allí. Posteriormente a Juan Albert vinieron Janittis, de nacionalidad
lituana; el italiano Tahón Ravelo, estudio bajo la responsabilidad
ahora de Andrés Díaz quien ha acometido la tarea de fotografiar
a los personajes populares de la ciudad, y Foto Servery ubicada en la avenida
Urdaneta.
Juan Albert igualmente se inicia en el trabajo de la fotografía
social de la ciudad, al igual que los hermanos Naranjo, los hermanos Zuloaga
y el Musiú Luis Iglesias Morales. Posteriormente llega a la ciudad
procedente de Colombia Manuel Peláez quien se convierte en un gran
personaje y es contratado en exclusiva por Pedro Rojas para la Revista In-fórmate.
Pedro Hernández Aguilera, quien pertenece al mundo de la radiodifusión,
pero un hombre verdaderamente inquieto y ávido de nuevos conocimientos,
se decide por la fotografía y es invitado principal de la sociedad
valenciana que lo solicita por su seriedad y responsabilidad profesional.
Héctor López Orihuela, que prestaba sus servicios a la empresa
privada y pasa luego a la Universidad de Carabobo, es sin duda un gran maestro,
con un trabajo brillante que contribuye a la proyección nacional
e internacional de Valencia.
La fecha del cuatricentenario de la ciudad fue de lo más oportuna
para testimoniar los actos oficiales y privados que se celebraron. El propio
presidente de la República, general Marcos Pérez Jiménez,
con su esposa doña Flor Chalbaud de Pérez Jiménez,
ministros del Despacho y la plana mayor del Ejecutivo Regional, junto a
lo más granado de la sociedad regional, entre éstos la presidenta
del Ateneo de Valencia, Frida Añez, prestigiaron el baile de gala
en el Capitolio de Valencia. En la sede del Concejo Municipal en la Plaza
Bolívar el inolvidable José Rafael Pocaterra, con los signos
de la muerte pintados en el rostro y el cansancio de su voz, recitaría
para la posteridad su Canto a Valencia. "Madre eres tú, pariste
a Venezuela".
Las cosas han cambiado desde cuando el francés Daguerre utilizaba
la placa de metal y la luz para lograr la impresión fotográfica.
Posteriormente, a principios del siglo veinte, se comenzaron a utilizar
las cartulinas sensibles a la luz. Después se pasó al papel
fotográfico para blanco, negro o sepia. Cuando la gente quería
colores había un procedimiento similar al de Herrera Toro; con unos
colores de agua que fabricaba la Kodak y utilizando algodones, se coloreaban
las fotos sepias tomando en cuenta las características de la persona
y de su vestimenta.
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