Un
presupuesto mal calculado y quizá un retraso burocrático le
costaron a Valencia, a finales del siglo XIX, la primicia de ciudad venezolana
con alumbrado eléctrico, a pesar de haber sido pionera en la firma
de un contrato para tal fin, el 10 de noviembre de 1887.
Entre la fecha de esta iniciativa y la auténtica puesta en marcha
del servicio, dos años después, pudo pasar que otras localidades
nacionales de cierto empuje lograran alcanzar este sueño de modernidad
antes que nosotros. Maracaibo, Mérida y hasta Ciudad Bolívar
se disputan aún ese primer lugar.
Con relación a este punto, tomamos referencia de un reportaje
dominical publicado en el diario Panorama, el 29 de septiembre de 2002.
En él, Enio Meleán se apoya en datos recogidos por el joven
historiador Esteban Velásquez y hace mención, también,
a una publicación aniversaria de Enelven. Afirma que el 24 de octubre
de 1888 Maracaibo se convirtió en la primera ciudad venezolana con
servicio eléctrico "continuado" y la segunda en Latinoamérica,
después de Buenos Aires. La responsabilidad del servicio había
quedado establecida en un contrato firmado en junio de ese mismo año
-a propósito del centenario del prócer regional Rafael Urdaneta-
con el comerciante Jaime Felipe Carrillo, quien viajaba constantemente a
Nueva York y conocía de los avances que en materia de alumbrado eléctrico
había logrado Thomas Alva Edison.
SESENTA LAMPARAS
Estudiosos del tema de la electrificación de Valencia
como Néstor Torres Pérez -quien estuvo 15 años en la
jefatura del Archivo del estado Carabobo, es miembro de la Asociación
de Escritores e individuo de número de la Academia de la Historia
del estado Carabobo- nos orientaron al respecto con detalles reveladores,
extraídos de distintas fuentes, tanto primarias como secundarias.
Básicamente, documentos tomados del Registro, ediciones de la Gaceta
Municipal y citas de libros, como "Carabobo histórico y pintoresco",
de Miguel Colombet.
En sus gentiles declaraciones nos comentó que Francisco González
Guinán, en "Tradiciones de mi pueblo", recoge que en 1887
el Gobierno Nacional decidió dotar de luz eléctrica a una
serie de ciudades del país. Hermógenes López era presidente
de la República y González Guinán, ministro del Interior
(ambos carabobeños). Ellos indicaron a las empresas contratadas que
empezaran por Valencia, "y por allí arrancaron", manifiesta.
El documento inicial se firmó el 10 de noviembre de 1887, con
Mr. Miguel Dooley, representante de la compañía American Telephone
Co. "Pero se comenzó a ejecutar y el Concejo Municipal, al parecer,
no cumplió con su compromiso de irle pagando semanalmente, se atrasó
y también se atrasó la instalación de la luz. Este
contrato debía ser ejecutado en 6 meses, eso es lo que probablemente
confunde a Valencia como la primera ciudad que tuvo luz eléctrica".
El convenio contemplaba la instalación de sesenta lámparas
de luz eléctrica en los puntos más importantes, ubicados en
la llamada cuadrícula citadina, señalados por el Concejo Municipal,
"y el resto de la ciudad con el mismo número de lámparas
de kerosene que existen actualmente en los barrios adonde no llegue la luz
eléctrica" -según apuntaba el documento- por un monto
de 6 mil bolívares mensuales.
Pero el asunto es que el 8 de junio de 1888 llegó a Valencia el
superintendente general de la mencionada empresa norteamericana, Theodore
W. Tyrer, encargado del suministro de máquinas, postes y demás
materiales necesarios para hacer realidad el contrato, y le expuso directamente
al presidente del Concejo la imposibilidad de ejecutarlo. "Estoy convencido
de que Valencia necesita de una luz buena y segura; y no querrá que
la compañía le suministre una mala, o que perdiendo dinero
quiebre, como está actualmente sucediendo en Maracaibo. La compañía
no puede comprometerse a suministrar luces de kerosene, porque ése
no es ramo de sus negocios; ni puede producir los sesenta focos de la luz
eléctrica por la cantidad que Ud. convino en pagar al señor
Dooley", expuso, junto a una lista detallada de los gastos.
Finalmente, la negociación se cerró el 9 de
julio de 1889, tomando la última oferta del gringo, en los términos
expuestos por él: "Puedo suministrar 60 focos de luz de arco
de la intensidad de 1.200 bujías cada uno, desde las seis y media
de la noche hasta las dos de la madrugada, por la cantidad de 7.200 bolívares
mensualmente; y por cada hora más después de las 12 a.m. a
razón de 400 bolívares por mes cuando así tenga a bien
disponerlo la Municipalidad". Y de acuerdo a testimonios de cronistas
-según Torres Pérez- el encendido oficial se llevó
a cabo el 22 de septiembre de 1889, "lo que hace pensar que para la
firma de este segundo contrato, ya todas las instalaciones estaban más
o menos listas".
De allí en adelante sucedieron muchos inconvenientes con el Concejo
Municipal. De repente, la planta paraba la luz porque no le pagaban, y hasta
estuvieron en juicio para rescindir el contrato. Estos constantes cortes
eléctricos estimularon a muchos carabobeños, inclusive de
Puerto Cabello, a ofrecer los servicios de instalación de luz eléctrica.
El 22 de septiembre de 1904, Carlos Stelling registra una empresa llamada
Stelling y Cía., y el 10 de noviembre de ese mismo año el
representante de la Thomson Houston International Electrics Company -dueña
para la fecha de la American Telephone Co.- anuncia al Concejo el traspaso
a los señores Stelling y Cía. de "todos sus derechos
en la planta eléctrica de esta ciudad y la acreencia que dice tener
la compañía contra esta Municipalidad; remite adjunta la cuenta
especificada, montante a Bs. 50.564, 94".
Con esta venta -y como bien asegura nuestro entrevistado- "ya pasa
la iluminación eléctrica a manos de la gente radicada en Valencia,
pasa a manos de los valencianos y desde ese momento tiene menos problemas
el servicio". Sin embargo, la gente comenzó a exigir cada vez
con más derecho y ahínco que le cambiaran la luz de kerosene
por la eléctrica. Es muy interesante ver en los Archivos del Concejo
Municipal cómo las comunidades, los barrios, peleaban por este asunto
-acota Torres Pérez- "póngame la luz, aunque sea de kerosene"
y después iban por la segunda etapa que era la luz eléctrica.
Es muy interesante revisar estos datos porque los problemas que se presentaban
eran muy similares a los de ahora, con la diferencia de que era una pequeña
población, porque en los campos la gente no pensaba sino en iluminarse
con velas.
ELECTRICIDAD PARA TODOS
Una nueva etapa en la prestación del servicio se inicia
en 1913 con la incorporación, en el negocio de la electrificación
de Valencia, de Guillermo Degwitz y Ernesto Branger, quienes ofertan instalar
la luz a las casas de familia. Se dice que la rivalidad comercial era tanta
entre ellos y Stelling, que si uno establecía una tienda en un lugar,
el otro la montaba enfrente. Por décadas, ambos se disputaron la
prestación del servicio eléctrico.
Del contrato fijado entre la Municipalidad y Guillermo Degwitz se pueden
extraer los artículos que mejor ilustran las condiciones del servicio
autorizado, como el cuarto de ellos, donde queda bien claro que el contratista
"se compromete a dar luz eléctrica a los particulares al precio
máximo de dos bolívares mensuales por cada foco de filamento
metálico de fuerza lumínica de dieciséis bujías
'Heiner' y los de mayor y menor potencia a precios proporcionales. Los suscriptores
por más de ocho focos pueden usar medidores con aparato mecánico
y pagarán a cincuenta céntimos de bolívar por cada
kilovatio hora".
Continúa dicho artículo haciendo referencia al suministro
de la energía para las industrias, usos domésticos o científicos,
en cuyos casos y "en las horas hábiles del día se cobrarán
a razón de quince céntimos de bolívar por kilovatio-hora,
siendo las horas de trabajo de seis y media de la mañana a doce del
día y de una a cinco de la tarde, pero también puede cobrar
fijo, sin medidor, a razón de un bolívar por cada caballo
de setecientos treintiséis wates por las dichas diez horas de trabajo
y por cada día, haciendo excepciones de los domingos y días
de fiesta nacional que no se suministrará energía para usos
industriales, sino en caso de muy urgente necesidad comprobada y a precios
convencionales". Inmediatamente después de firmado este convenio,
Degwitz y Branger registraron, en 1915, la Compañía Anónima
de Electricidad "La Cumaca". Pero previo a la generación
de energía, firmaron convenio con Josefina Cazorla de Agudelo, Tomás
Lago y Vicente López, dueños de las fincas La Cumaca y La
Josefina, en San Diego, para usar las aguas de los ríos localizados
allí para la generación de electricidad. En el convenio quedaron
obligados a dotar de luz eléctrica a San Diego, lo que lo convierte
en el primer pueblo de Carabobo con luz eléctrica, después
de Puerto Cabello.
"La Cumaca" se une posteriormente a Hidroeléctrica El
Pao, y comienza a llamarse Pao-Cumaca, en 1944. En 1945 promueve una suscripción
pública de mil acciones, a mil quinientos bolívares cada una;
y en 1965 se reúnen los accionistas de esta empresa y aparece como
su principal accionista la Corporación Venezolana de Fomento, "lo
que nos dice que las acciones vendidas en 1945 las compró el Gobierno.
En esta reunión cambia de nombre a Compañía Anónima
Electricidad de Carabobo. Como presidente aparece el Dr. Antonio Cárdenas
Becerra, funcionario de la CVF", cita Torres Pérez.
Y para nada sorprende tener conocimiento de la constante competición
entre estos dos grandes grupos inversionistas de la industria y el comercio
regional. La presencia de uno sirvió siempre de estímulo para
la mejora de los servicios del otro. Aún están vivos sus esfuerzos.
La original firma que diera luz eléctrica a las calles de Valencia
se transformó, con el paso de los años, en la moderna empresa
Electricidad de Valencia, Eleval. Y de aquella que se estableciera en 1915
con el nombre de Compañía Anónima de Electricidad "La
Cumaca", pasó a ser una empresa del Estado venezolano, registrada
desde hace un buen tiempo como Eleoccidente, parte de la electrificadora
nacional Cadafe.
"Póngame la luz, aunque sea de kerosene"
La primera luz pública de Valencia se ubica en 1836, con bombillos
que usaban manteca de puerco, aceite y agua. Una segunda etapa comienza
en 1864, al irse iluminando la ciudad con kerosene; y la tercera -ya comentada
suficientemente en este trabajo- en 1889, cuando vino la luz eléctrica.
No obstante, hasta bien entrado el siglo XX, alrededor de 1945, parte de
la ciudad se alumbraba con luz eléctrica y parte aún con kerosene,
esta última iluminación administrada directamente por el Concejo
Municipal.
En cada sesión de este organismo se trataba algo del tema, ya
que al instalarse la luz eléctrica en las calles céntricas,
empezaron los sectores marginales a pedirla. "Las actas están
llenas de solicitudes y protestas. San Blas, por ejemplo, luchó que
dio tristeza para que le instalaran su luz eléctrica", expresa
el entrevistado.
A continuación, algunos ejemplos recogidos de distintas sesiones
del cabildo:
31 de diciembre de 1888, al considerar una solicitud del señor
Lorenzo Escorcha, el Concejo sancionó el siguiente acuerdo: "que
se conteste al señor Escorcha para que continúe prestando
el servicio de alumbrado público de esta ciudad hasta tanto se establece
definitivamente el eléctrico, aumentándosele la asignación
en 400 bolívares mensuales".
10 de septiembre de 1889, el Concejo resuelve "que se conteste a
los peticionarios de San Blas que el Concejo accede a su solicitud y que
tan pronto quede establecida la luz eléctrica en la parte de la ciudad
que para ellos por ahora está designada, se procederá a resolver
la colocación de los faroles que han pedido".
Oficio del señor Mariano Espinal hijo dirigido al jefe municipal,
excitándole para que haga al señor Pablo F. Arocha, en su
carácter de apoderado de la compañía contratista, el
cargo correspondiente por el pésimo servicio de alumbrado eléctrico,
ya que requiere que éste manifieste por escrito los motivos de las
interrupciones e irregularidades de que adolece el mencionado servicio,
a fin de que someta a Concejo la consideración y resolución
de este importante asunto.
14 de enero de 1893, "el presidente puso a consideración
del cuerpo la necesidad en que estaba el Concejo de proveer alumbrado de
los barrios y en consecuencia el diputado Iribarren propuso que se excite
por la prensa a la licitación del alumbrado de los barrios por kerosene,
durante 185 horas en el mes, distribuidas según las fases de la luna,
de cuyos datos se informará el propio proponente en secretaría".
22 de noviembre de 1898, "se recibe una carta del encargado de alumbrado
por kerosene en los barrios de la ciudad, cobrando la suma de 172,50 bolívares
gastados en la completa reparación y aumento del alumbrado que está
a su cargo y pidiendo se ordene el pago de los 12 faroles instalados en
Pueblo Nuevo que excede del número que le corresponde alumbrar".
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