(Puerto
Cabello 1832 - Valencia 1918)
Hasta hace una década Juan Antonio Michelena Olivo era confundido
con el oficio de su padre, el general Juan Antonio Michelena (1807-1876),
uno de los fundadores del Partido Liberal, quien adquirió nombradía
de guerrillero a caballo y lanza en los llanos de Cojedes y Portuguesa,
y es posible que estuviese presente en la batalla de Santa Inés.
En todo caso las correspondencias emitidas por el general a su hijo Juan
Antonio son contentivas de un espíritu patriótico que, por
los tiempos que soplan, sólo fue característico de este momento,
tal como lo demuestra en una carta dirigida a su hijo y escrita desde Acarigua
el 2 de febrero de 1848: "Nunca, hijo mío, abrigues sentimientos
anárquicos, pero si algún día llegaras a merecer por
tu patriotismo y buenos sentimientos la confianza pública y aceptar
algún puesto de honor, cumple con tu deber y jamás dejes de
ser libre en tu opinión. Conserva tus sentimientos libres hoy, Dios
quiera que algunas circunstancias mañana no te hagan cambiar. La
libertad, no la licencia política, es muy natural en el hombre y
más en nosotros, en los americanos. Detesta siempre a los tiranos,
no abrigues nunca sentimientos opresores. Sigue así, la opinión
del pueblo, en mayoría de aquel pueblo que ha sabido conservar sus
derechos aunque sea a costa de su sangre. Nosotros afortunadamente hemos
sabido y podido conservar la libertad que nuestros antepasados nos dieron,
sacándonos del yugo del esclavismo español y ¿por qué
pues perder aquel favor y abandonar unos pocos nuestra PATRIA? Perezcamos
primero...!".
Juan Antonio tenía 16 años cuando su padre le escribiera
con tal sentido de profundidad y compromiso patriótico, pero ya manifestaba
su temprano talento artístico, pues a esa edad pinta el retrato de
su abuela en una acuarela de 12 cm. Dos años más tarde la
familia decide mudarse a Valencia e ingresa al taller del pintor más
importante de la ciudad, Pedro Castillo, quien era conocido por la ejecución
de los murales de la Casa Páez, y que todavía hoy podemos
contemplar a más de 170 años de su realización. En
el ámbito de la escuela de pintura conoce a Socorro Castillo, hija
del maestro, con quien se casa y de cuya unión nace el célebre
Arturo Michelena.
EL OFICIO DE UN PINTOR
La producción pictórica de
Juan Antonio responde a la costumbre de la época, el género
del retrato por excelencia y el encargo de pinturas religiosas, lo cual
se explica en gran modo porque no existían ni grandes escuelas ni
maestros y la mayoría de los pintores, debemos recordar, sobrevivían
por encargos oficiales y religiosos. Se retrataba al caudillo de turno,
al prócer, alguna escena de batalla; generalmente eran obras encargadas
para resaltar el éxito de la política del mandatario e identificar
su acción con el pasado glorioso. Cada presidente tenía su
artista preferido: Tovar y Tovar ensalzó a Guzmán Blanco,
Herrera Toro y Arturo Michelena a Joaquín Crespo. Juan Antonio fue
preferido del presidente del estado Carabobo José Félix Mora,
quien le encargó dos retratos de próceres: "Gran Mariscal
de Ayacucho" y "General José Gregorio Monagas", ambos
con el fin de celebrar sus centenarios. También para 1888 el Ayuntamiento
de Valencia le encarga varios retratos: "General Rafael Urdaneta",
"Coronel Juan Uslar" y el retrato de Arturo Michelena, por cierto
dedicado a su esposa Socorro Castillo, todos restaurados por la actual gestión
municipal. Seguramente por parte del estado debieron habérsele encargado
más cuadros, de hecho la historia documental testimonia la existencia
de muchos otros, hoy desaparecidos. Sobre el tema religioso en la Catedral
de Valencia se conserva "Virgen con µnimas del Purgatorio"
posiblemente realizado a partir de un grabado de la época; y en la
iglesia de San Francisco el "Buen Pastor" y "El Calvario";
este último según el restaurador Fernando de Tovar fue realizado
sobre un lienzo de 1750 que ya poseía pintado un calvario de la Nueva
España.
A Juan Antonio le tocó vivir una época dura: la Guerra
Federal estalla cuando tiene 27 años, circunstancia que lo lleva
a desempeñarse como escribiente durante seis años, trabajo
que le permitió librarse del servicio militar para proseguir su trabajo
de pintor. Venezuela está devastada, en ruinas, sin agricultura,
en medio de guerras civiles, incendios, y una carencia de medios o materiales
para practicar las artes plásticas; unos trescientos cincuenta mil
venezolanos habían muerto poco tiempo atrás a causa de las
armas, casi la mitad de la población y en su mayoría aquellos
en edad de trabajar. Con una presencia de la muerte tan habitual y a la
falta de historiadores y críticos de arte, Juan Antonio también
se dedicó a escribir dos biografías, la primera -en 1858-
la de su maestro Pedro Castillo, y en 1891 la suya propia, ambas tituladas
como "Apuntes viográficos". Llama la atención que
Juan Antonio escribiera su biografía a 19 años de su muerte,
lo que podría explicarse por su nivel de conciencia y del rol profesional
del artista, así como por la inestabilidad política del momento.
En todo caso, a través de ellas podemos saber de aspectos cotidianos
como la manera en que realizó los numerosos retratos: "Algunos
tomados de cadáveres y con el único recurso del recuerdo y
conocimiento de la persona le he puesto el colorido y actitud naturales,
quedando como vivos. Los otros unos del natural y otros por copias fotográficas
aumentándolas al tamaño natural por el sistema de cuadrículas".
También por su autobiografía sabemos que fue uno de los
primeros en Venezuela en ejercer el oficio de fotógrafo, pues recibió
instrucciones del Sr. José Ma. Aurrecoechea quien le vendió
su máquina de daguerrotipo, con la cual estuvo trabajando hasta 1858.
Posteriormente obtuvo conocimientos con el ruso Constantino, "pero
no fue posible montar mi taller por que la situación de esta plaza
era mui tirante á causa de el estado de defensa en que se encontraba
por la guerra civil, pues en todo el pais se habia dado el grito de federación
y tube que continuar ejercitando la pintura". Su innovación
en el campo de las artes también se extendió al género
del retrato, pues introdujo el primer "collage" en la historia
del arte en Venezuela! con la pintura de "Ana Joaquina Peña
de González", la cual lleva en su sobrio traje un lujoso y elaborado
medallón que encierra la impresión fotográfica de su
esposo Francisco González Guinand (1841-1932), fundador y director
del diario carabobeño La voz pública y con quien Juan Antonio
mantuvo amistad.
MICHELENA PADRE
Uno de los aspectos más conocidos
de Juan Antonio fue su condición de padre de Arturo Michelena y el
haber estimulado su vocación. Desde que su hijo tenía once
años, comenzó a impartirle las primeras lecciones de dibujo
y pintura con las reglas académicas del momento, y las cuales provenían
a su vez de la formación del abuelo Pedro Castillo. Durante el desarrollo
artístico de Arturo, a Juan Antonio también le tocó
interceder varias veces por el impulso y la libertad que requería
su hijo ante la visión tradicional y protectora de su madre Socorro,
quien prefería mantener al joven dentro del ámbito familiar
por encima de su formación en Europa: "Querido papá:
Me he impuesto del contenido de tu última i la del señor Pérez
quien es idéntica en ambas i terminante sobre mi regreso en el próximo
mes de mayo según el querer y las órdenes de mi querida vieja
que está decidida por completo a no dejarme estar más tiempo
aquí, aún cuando mi porvenir quede así truncado; hoy
me desespera el tener que irme i me pesa el haber venido sujeto a tantas
alternativas..." (Carta de Arturo Michelena a su padre, París,
1886).
Juan Antonio sobrevivió veinte años a su hijo. Desde 1908
hasta 1918 (año de su muerte) se desempeña como director del
Museo y Biblioteca del Estado que funcionaba en la Casa Páez. No
se inmiscuyó en la política, ni cedió sus bienes al
estado. Su sentido patriótico se traduce en un espíritu libre
desenvuelto en el campo de las artes, muy por el contrario del espíritu
patriótico de su padre: "La fabricación de la pólvora
que hacía personal, y que aficció los pulmones de los cuales
aún sufro y sufriré. Sobre mis servicios para qué hablarle,
mi querido General. Ellos fueron sin límite, y ellos me son sumamente
satisfactorios... Yo puse al sostén de la Federación todos
mis bienes sin excepción, ganado, bestias y dinero: nada he reclamado,
ni reclamaré por que cuando expuse mi vida y desvelos; qué
importan los bienes de fortuna para un patriota decidido" (General
Juan Antonio Michelena al general Mariscal J. C. Saliva. Araure, 1865).
El muralista Pedro Castillo (1790-1858)
En 1824 se reedificó la nueva Casa
Consistorial donde sesionaba el Concejo Municipal de Valencia; las paredes
del piso alto fueron decoradas por Pedro Castillo con las escenas de guerras
del "Combate al pie del cerro Naguanagua", "Asalto y toma
de Puerto Cabello", "Defensa de Valencia contra Boves" y
"Batalla de Carabobo", pero desaparecieron junto con la demolición
de la casa. Por su especialidad como muralista, su afición al teatro
y su afiliación con La Cosiata, le encomiendan cerca de 1829 la decoración
de la nueva casa de José Antonio Páez, hoy conservada en Valencia
como museo. En las escenas de batalla ubicadas en los pasillos interiores
del inmueble, se puede observar el intento de borrar la efigie de Páez,
debido a la irrupción de los lanceros gobernados por José
Tadeo Monagas, quienes tomaron la Casa Páez cuando allí habitaba
el sobrino del Libertador, Fernando Bolívar.
Pedro Castillo también realizó decoraciones murales para
la cúpula de la iglesia matriz de Valencia en 1838, donde además
se encuentran dos pinturas sobre madera, "La Anunciación"
y "La última cena", ejecutadas en 1849, recientemente restauradas
por la Fundación para la Cultura de la Alcaldía de Valencia,
al igual que la pintura de la "Santísima Trinidad" que
reposa en la cúpula de la iglesia de San Francisco.
Pedro Castillo fue muy conocido como retratista, y por su afiliación
con los patriotas, por lo cual causó mucha preocupación que
un oficial del ejército español, con fama de temible y tirano,
le encargara a Castillo en un tiempo de 24 horas la ornamentación
de 30 tambores de guerra. Así lo hizo trabajando sin parar durante
toda la noche. El oficial contento con la entrega le encargó un retrato
a caballo, pero que se vieran las patas ganando terreno. Castillo le respondió
que haría lo posible y agregó que también debería
figurar el tambor decorado. Al parecer este tipo de comentario hizo que
volviera sano y salvo, tal como lo cuenta Juan Antonio Michelena en su biografía:
"Castillo recibió felicitaciones de varios españoles
y de sus amigos por lo bien que había salido con el jefe Dato y regresó
a su casa donde fue recibido en brazos de su querida madre y hermanita,
con lágrimas en sus ojos en virtud de haber estado afligidas y temerosas
de un percance desgraciado".
Un busto de Arturo Michelena y un "Miranda en La
Carraca" para Valencia
Lastenia Tello de Michelena, caraqueña nacida en 1866 y quien
estuvo casada con Arturo Michelena por tan sólo ocho años,
se dedicó después de su muerte a cuidar y engrandecer su legado.
Dentro del Museo Arturo Michelena de Caracas reposan diversas correspondencias
que intercambió con Juan Antonio Michelena a propósito del
homenaje póstumo en su memoria y de la instalación en Valencia
del bronce de su hijo Arturo Michelena para el 28 de octubre de 1912, organizado
por los amigos periodistas de la ciudad.
Juan Antonio nos cuenta: "ya el busto está colocado en su
pedestal convenientemente y en la plazuela del Teatro (Municipal) quedando
en todo el frente de la puerta del centro, contemplado i admirado por todos,
de día i noche... además gozará de la luz de los focos
que alumbran todo el frente del teatro".
En el testamento de Lastenia con fecha 26 de junio de 1953 donde dispone:
"Lego a la ciudad de Valencia, cuna de Arturo Michelena, el cuadro
pintado por éste, que es copia del 'Miranda en La Carraca', cuadro
que será destinado al Salón de Sesiones del Concejo Municipal
del Distrito Valencia del estado Carabobo". Después de haber
peregrinado por varias instituciones de la ciudad, la copia del "Miranda
en La Carraca" realizado en 1898 finalmente está en la actual
sede del Municipio Valencia. La primera versión es de 1896 con motivo
de la exposición conmemorativa de los 80 años de la muerte
de Francisco de Miranda. Según el historiador Roldan Esteva Grillet,
durante el tiempo que duró la muestra esta emblemática obra
cautivó la admiración de miles de espectadores quienes, hasta
en horas nocturnas, gracias a la luz eléctrica, rindieron tributo
al héroe como si se tratara de un cuerpo embalsamado o un cuadro
vivo, tan del gusto teatral de la época.
Inicio |