
En el valle donde hoy se asienta Valencia, se fundó
un hato el 2 de enero de 1554 y su principal, Naguanagua, fue el caporal.
Nicolás Federman relata su crueldad con los pueblos de aborígenes
guaiqueríes, habitantes de la laguna, denominada luego Tacarigua
o Valencia.
Alguna información sobre la obra de Nicolás Federman:
El Diario de Nicolás Federman,
1ra Edición alemana: Hagenau (1555), 1ra Edición francesa
trad. por Henri Ternaux, París, Arthus Bertrand (1832); 1ra Edic.
Castellana. Al castellano del francés por Pedro Manuel Arcaya. Litografía
del Comercio, Caracas 1916 (hay varias ediciones más).
La ignorancia historiográfica de la relación del testimonio
judicial y auténtico de la Historia Indiana, de Nicolás Federman,
y la futura ciudad de la Nueva Valencia, se debió a la defectuosa
traducción de Ternaux Compans: tradujo del alemán see, al
francés unívocamente como mar, error seguido por Arcaya. El
vocablo alemán "see" puede significar mar o laguna. Arcaya
siguió a Ternaux, lo que significó en el itinerario elaborado
por Arcaya el retroceso de la expedición alemana hacia Coro, supuso
que Federman había llegado al mar y no a la laguna.
DE ITABANA A TACARIGUA
¿Conoció Arcaya la documentación de Villegas posterior
a 1531; luego del viaje de toma de posesión de la gobernación
realizado por Juan de Villegas hasta Maracapana, recorriendo el territorio
norte hasta una laguna de Tacarigua (de Oriente) lugar considerado desde
Coro el más distante punto del territorio? Es en la documentación
villeguiana cuando comienza a denominarse Tacarigua a la zona circunlacustre
hoy carabobeña.
La traducción de Fride (1972) más correcta puntualiza la
equivalencia del término para nombrar un lago o una laguna, según
el predicado donde se inscriba.
NO ERA TACARIGUA, ERA ITABANA
Nuestro querido amigo don Juan José Arrom, de Yale University,
escribe sobre el topónimo Itabana, empleado por Federman, y en la
correspondencia y en el diario de Felipe de Hutten anota Ythybona (Itabana).
Arrom (1989), en "Mitología y arte prehispánicas de
las Antillas", en el capítulo denominado "La Madre de Dios",
escribe: "Los primeros nombres que aparecen en los mitos (tianos) datan
de los primeros tiempos de la existencia de los arahuacos como tribu independiente,
y no son fácilmente analizables mediante el idioma tal como ahora
se habla. La voz haitiana yocauna en verdad parece ser identificada a la
moderna yauhau. Atabex o attabeira probablemente se deriva de itabo o laguna,
y era agua (esta última sólo en voces compuestas como hurruru
montey -era 'agua', agua del monte- es decir 'manantial' o 'fuente'.
En efecto, itabo es un término que todavía se usa en las
Antillas, con el sentido de charco o depósito de agua dulce y limpia.
Con manantiales. Y también en la etimología propuesta por
Brinton (1871) Pág. 444. Lo importante sería subrayar la presencia
de aguas claras que salen del fondo. Pero la raíz que entra en la
composición de attabeia también pudiera haber sido atté,
attete, registrada en varios vocabularios arahuacos como vocativo de 'madre'.
Según estos vocabularios, es un término que usan los niños
para llamar a su mamá y también los mayores para dirigirse
a una anciana. Atté, equivale a mamá, mamita, y también,
como señal de respeto, a 'madre señora' y esa raíz
modificada por el sufijo ligado que Brinton menciona, vendría a darnos
'Madre de las Aguas, es decir el mismo nombre de la figura mítica
que aparece en otras teogonías amerindias'. Arrom, J. J. (1975) Pág.
32.
NO ERAN TACARIGUAS, ERAN GUAIQUERIES
El licenciado don Alonso Arias de Villasinda, el 24 de diciembre de 1554,
llevó desde Coro a Borburata dos intérpretes caquetías,
que tradujeran las declaraciones en el Juicio de Residencia que adelantaba
a Peralvarez; éstas fueron inútiles por no hablar guaiquerí
de cuya lengua eran los aborígenes de la zona circunlacustre. Juicios
(1980). Pág. 295.
Estos aportes para la historia de la Nueva Valencia podemos resumirlos:
La zona hoy de Valencia se denominaba Itabana, y no Tacarigua, y los aborígenes
eran de filiación guaiquerí. El relato de Federman contenido
en su historia indiana Cap. III se basa en la relación llevada por
el notario público de la expedición "que anotaba lo que
iba sucediendo, pues hay orden y mandato de hacer esto y dar informe fidedigno
a Su Majestad Imperial". Federman, (1988) Pág. 234. Con respecto
a la filiación guaiquerí de los habitantes aborígenes
de la cuenca de la laguna: se confirma en el juicio indubitable de Arias
de Villasinda y el documento de Federman.
ALGUNAS INFORMACIONES SOBRE LOS GUAIQUERIES
Según Acosta Saignes, "los guaiqueríes constituyen
un problema en la etnología antigua de Venezuela (...) pues se encuentran
denominaciones de guaiqueríes en las fuentes históricas para
grupos diversos, habitantes de la isla de Margarita, de la costa central
de Venezuela, en las inmediaciones de los ríos Portuguesa y Cojedes,
del Caño Areo en el Delta del Orinoco, y de algunos sitios cercanos
al Orinoco". Según Kirchoff, el gentilicio guamos fue aplicado
a grupos llamados por otros guaiqueríes. Resulta sinónimo
de guaiqueríes el gentilicio guamontey (...) se usó para designar
conjuntamente a los pueblos habitantes de los llanos y de la orilla septentrional
del Orinoco, por ello las noticias referentes a ellos no siempre se corresponden
a guamos y guaiqueríes ni a grupos específicamente denominados
guamonteyes, aunque en ocasiones pueden referirse a alguno de los tres grupos.
"Guaiqueríes y guamonteyes parecen haber sido gente de aspecto
físico similar pero mientras los guaiqueríes estaban dedicados
preferentemente a la pesca, los guamonteyes eran recolectores y cazadores...
No han quedado vocabularios guaiqueríes, si pueden identificarse
con ellos los guamos vecinos de los otomacos se conocerían por su
lengua las palabras guamas consignadas por Rosemblat en su estudio sobre
la lengua otomaca. Permanecen por consiguiente aislados lingüísticamente,
hasta ahora diversos autores los han calificado como caribes, pero los datos
existentes permiten del mismo modo emparentarlos con los arahuacos u otomacos.
Parece haber poseído un lenguaje distinto de sus vecinos, que tal
vez estarían representados en los vocablos guamos citados. Etnográficamente,
sólo sabemos de los guaiqueríes que pertenecieron al conjunto
de pueblos llaneros, como ya se ha dicho, posiblemente antecesores de los
arahuacos en el territorio venezolano. Lingüísticamente, permanecen
desconocidos (...) Los guaiqueríes son únicamente muestra
de otros enigmas de nuestras antiguas culturas". Acosta Saignes (1961)
p. 187.
PRIMEROS REPARTIMIENTOS DE TACARIGUA
Las primeras encomiendas venezolanas datan de 1547, fueron estimuladas
por las gestiones de Pérez de Tolosa. Arcila, F. (1979) Pág.
129. El gobernador Juan Pérez de Tolosa envió a Villegas a
tomar posesión de la laguna, no a descubrirla, pues se han registrado
varias entradas anteriores de Villegas a la zona donde se había amistado
con los principales Naguanagua, Patanemo y Don Diego -no fue un descubrimiento
el de 1547, como hasta ahora se ha escrito-. El mandato de Tolosa dice:
"que había mandado a Villegas a poblar en la comarca de la laguna,
y que hallando tierra cómoda para ello la pueble por estar la dicha
provincia de Tacarigua en el camino de la dicha gobernación de Venezuela
muchas leguas a sotavento de la dicha Maracapana", Feo Cabrera (1947)
p. 4.
El 27 de diciembre de 1554, Pedro
de Miranda, prominente alcalde de Borburata, ante el reproche por la incompatibilidad
de tener encomiendas y desempeñar cargo edilicio, declara: "muchos
días antes de darme la vara de alcalde me fueron dados los repartimientos
(...) por el gobernador Tolosa, y el teniente Juan de Villegas (J. I fol.
40vto, pregunta III), se corrige, que antes de erigirse el cabildo de Borburata,
se habían repartido los indios de Tacarigua. En 1551, el cabildo
escribe al rey "que todos los indios de esta gobernación están
repartidos". Y en la probanza de Villegas, muchos testigos de -visu-
declaran que: "Esta ciudad (Borburata) y laguna de Tacarigua, después
que el dicho Juan de Villegas la tiene poblada, (los naturales) se han reducido
al servicio y la mayor parte de (los conquistadores) tiene repartimientos
y encomendados" (Doc. 1,B.L.C.F. fol. 43 vto.).
Durante el mando de Bernaldez, llamado "Ojo de plata" (1561-
1562- y 1564 -1566) envió a Gutierre de la Peña Langayo, entrar
al centro del territorio, le ordena: "que todos los indios que pacificare
podrían repartirlos entre los hombres que llevaba, aunque estuvieran
repartidos (...) pues al tiempo que se repartió fue entre pocos vecinos
y sin lo haber pacificado ni trabajado". Al año siguiente, 1565,
cuando encomienda la expedición a Juan de Maldonado le concreta sobre
los mismos términos dándoles poderes: "como yo tengo
de Su Majestad para que pueda repartir y encomendar todos los indios de
las dichas provincias de Caracas hasta la Maracapana aunque hayan sido repartidos
a los vecinos de la Valencia y Borburata, pues por haber cometido los indios
delitos y estar de guerra no se sirven de ellos sus encomenderos" (AGI
Santa Fe, 8 fol. 5). D. Ramos Pérez (1976) Pág. 213.
De los primeros repartos efectuados por Villegas, se puede documentar
uno hasta 1599; trátase de la encomienda, luego hato de ganado del
factor Juan Domínguez Antillano, otorgádole en tiempo de gobernador
Tolosa. En 1599 Juan Rodríguez Espejo (aparecerá luego en
varios documentos), casado con una hija de Vicente Díaz, recibe poder
de Juan Tostado de la Peña para comprarle a María de las Nieves
(su suegra viuda de Vicente Díaz) un asiento de hato que había
pertenecido originalmente al factor Juan Domínguez Antillano. El
instrumento no se firmó, aun así constituye clara línea
de transmisión de una primigenia encomienda neovalentina, cuyos linderos
fueron: "del hato de María Ara al Valle de Patanemo y hato de
Díaz Moreno junto al portachuelo". La pésima conservación
del documento impide tomar mayor información (Registro de instrumentos
públicos 1599, escribano Domingo de Santa María fol. 33r.).
Los encomenderos
Don Juan de Villegas luego de erigir el cabildo de Barquisimeto, comienza
a repartir las encomiendas, se puede seguir el itinerario del conquistador
desde Barquisimeto hasta llegar al valle de Tacarigua, lamentablemente,
al documento le falta la segunda parte, donde colegimos declaró los
repartimientos de Tacarigua, sin embargo, por otras fuentes se tiene conocimiento
de los siguientes encomenderos:
Francisco Sánchez de Santolalla (sic) Diego Ruiz de Vallejo, Francisco
Guerrero, Francisco Domínguez Antillano, Juan Domínguez Antillano,
Vasco Mosquera (Mosqueta), Gonzalo Martel de Ayala, Diego de Leiva, Pedro
de Torquemada, Rodrigo de Pareja, Pascual de Olivares, Pedro de Miranda,
Pedro Alvarez -Perálvarez- y Juan Díaz.
Una encomienda de Tacarigua
En la documentación del juicio de Residencia seguido a Pedro Alvarez
-Peralvarez-, se puede estudiar el proceso de una encomienda de Tacarigua.
A Peralvarez, poblador de Borburata, le fueron repartidos entre otros
indígenas a los principales, Naguanagua y Totumo, señor del
valle de Turmero y sus sujetos (J.II206). La encomienda constaba de cincuenta
hombres más o menos, muchas veces hubieron de repartir los componentes
de varios principales para que la encomienda se constituyera con un número
significativo de hombres. Peralvarez había ido antes de 1553 a comprar
ganado a la isla de Margarita, mantuvo permanente relación con la
gente de la isla; el comercio se le facilitaba, pues los aborígenes
de la laguna de Tacarigua y los de Margarita hablaban el mismo lenguaje:
guaiquerí.
Peralvarez, luego de la población y asentamiento de Borburata,
fue por orden de Villegas hasta el Valle de Cáncer cercano a los
feroces Caracas sin ningún fruto. Desencantado por la infructuosa
búsqueda de minas, con el poco de oro que había obtenido de
los naturales fue a Margarita, a negociar ganado. De conquistador y poblador
minero deviene en ganadero; en las tierras asignadas en la "otra banda"
o sea el valle donde hoy se asienta Valencia, funda un hato; su principal
Naguanagua le sirve de caporal. El 2 de enero de 1554, se hizo inventario
del hato:
"Una docena de cabras mayores con algunas crías y entre éstas
están tres cabras hembras y dos machos de (propiedad de Marianina,
hija adoptiva del encomendero), y le tiene donación de ellas ante
el escribano Francisco de San Juan mucho tiempo ha..." item que tiene
de la otra banda de la sierra (habla desde Borburata) hasta ochenta y cinco
ovejas mayores, sin otras chicas y entre estas están hasta treinta
cabezas chicas y grandes de la dicha Marianina, los cuales tienen por señal
una oreja endida y otra trozada. Mas, tiene cuatro cabezas de vacas de las
cuales entran las dos que Alonzo de Campos tiene declarado. En la Margarita
tiene hasta diez o doce cabezas de vacas las cuales dio a Diego de Leiva
porque le debía ciertos dineros de lo cual hay escritura ante Francisco
de San Juan. En la comarca de esta ciudad (Borburata) tiene tres o cuatro
cabezas de novillos y destas vacas y ovejas tiene vendido cinco cabezas
y treinta ovejas a Alonzo Díaz como parecerá por una escritura
que tienen hecha y los dineros de ellas pagos y enviados a Castilla. Item,
que tiene en su repartimiento de Naguanagua hasta treinta cabezas de puerco.
Borburata dos de enero de 1554.
Negociaciones de ganado y otros bienes con la isla de
Margarita (1554)
Diego Ruiz de Vallejo, encomendero, va al Reino
(Nueva Granada), deja su encomienda en poder de Pedro de Miranda (1554),
para "amparar, defender y tener y poseer todos a cualquier indio que
tenga de repartimiento en Tacarigua encomendados en cualquier manera (JII373).
Pedro de Miranda, el 27 de diciembre de 1554, declara: "que había
enviado a Margarita un muchacho para que le trajera cierto ganado en el
navío de Juan Bautista, para que lo guardase y le trajese de vuelta"
(JII377), casos corrientes entre los vecinos de la "otra banda"
y la isla de Margarita.
Ejemplos que demuestran la cotidianidad de las negociaciones de ganado
y otros bienes con el territorio insular.
Borburata era la ciudad, sus vecinos, en gran número eran encomenderos,
y vivían en la "otra banda" o sea la zona que hoy ocupa
Valencia hasta el Valle de Turmero. Este ir y venir de los indios cargadores
cesa violentamente a la llegada de Arias de Villasinda, prohibidos por la
ley, y en adelante, los encomenderos deberán habitar en el lugar
de su encomienda. Esto fija a los encomenderos al territorio de sus indios.
(resumen del capítulo I, de obra en prensa).
Edición digital de las antiguas actas del cabildo (1636-1946)
La historia del municipio Valencia al alcance de todos
Ezio Serrano Páez
El 17 de agosto de 1789, en su sesión del día, el Cabildo
de Valencia discutió los preparativos para celebrar la proclamación
de Carlos IV como "Rey de España y de sus dominios en ultramar".
En aquella sesión se decidió solicitar el apoyo de los gremios,
se aprobó la organización de corridas de toros, se establecieron
los días de festejo, los cuales incluyeron la presentación
de "comedias de tablas" y noches de "riesgos".
Esta breve información corresponde al resumen contenido en la
ficha digital que recoge los datos de aquella sesión y que se elabora
para cada documento de los existentes en los fondos documentales "Actas
del Ayuntamiento de Valencia". Pero la consulta de los resúmenes
es sólo una de las alternativas, la más simple, de buscar
información en la base de datos que se ha originado en la lectura,
folio a folio, de los referidos documentos. Unos 20 mil folios que, procesados
digitalmente, han producido unas 42 mil imágenes. De ellas se nutren
las "fichas de data" en las que se registran los nombres de los
actores históricos (onomásticos), los lugares mencionados
en los documentos (toponimia), así como los cargos públicos
y las instituciones. De este modo se han elaborado índices que permiten
orientar la búsqueda.
La tecnología utilizada permite que aquellas celebraciones en
homenaje al nuevo rey de España en 1789 sean conocidas hoy con sólo
pulsar una tecla del PC. Pero si alguien alberga dudas respecto a la validez
del dato histórico, el sistema desarrollado le coloca en pantalla
la imagen digital del documento fuente del dato existente en el Archivo
Histórico de la Alcaldía de Valencia.
El interesado también encontrará un listado de materias
que facilitan la búsqueda. Entre éstas podemos mencionar:
1.- Aseo y ornato de calles y solares, plazas públicas, edificios,
etc.
2.- Centralismo-federalismo.
3.- Alumbrado público, combustible, energía.
4.- Hacienda municipal.
5.- Legislación diversa.
6.- Catastro, censo de inmuebles y locales.
7.- Transporte y vías de comunicación.
8.- Médicos y hospitales, entre muchas otras de interés
para la vida política local.
Por añadidura, se trata de un instrumento para la navegación
en la Web, de modo que, una vez aseguradas las condiciones del servidor,
el conocimiento histórico, al menos en lo que a Valencia se refiere,
puede dejar de ser un espacio del dominio exclusivo de los eruditos para
hacerse asequible al pueblo.
Y es que la democratización del acceso a la información
histórica es uno de los propósitos del convenio de automatización
y digitalización documental firmado en febrero de 2002 por la Alcaldía
de Valencia y la Universidad Simón Bolívar para ser ejecutado
por el Instituto de Investigaciones Históricas, Bolivarium, de esa
casa de estudios. La herramienta que se pone a disposición de investigadores,
docentes, estudiantes y público en general abre las puertas a la
imaginación historiográfica, a las reinterpretaciones del
pasado, al rigor científico y a las iniciativas en pro de la verdad
sobre la vida política local.
Pero la base de datos es sólo uno de los resultados obtenidos
por el referido convenio. Puesto que buena parte de los fondos documentales,
vistos como parte del patrimonio histórico de la ciudad, estaban
en peligro de perderse, también se estableció otro propósito,
aunado a la democratización ya indicada: se procedió a digitalizar
cada uno de los 86 tomos que forman las Actas del Ayuntamiento, y fueron
almacenados en discos compactos con programa de autoejecución. Además,
este sistema de almacenamiento posee un dispositivo de búsqueda simple
y muy amigable con un índice automático para facilitar la
búsqueda en cada disco posible de instalar en cualquier PC con requerimientos
mínimos. Con ello, las actas originales quedan a salvo del deterioro
habitual ocasionado por el uso, por las formas inadecuadas de almacenamiento
y por factores ambientales, mientras que las copias digitales pueden ser
puestas a disposición de los interesados.
Lo anterior es el origen de la primera edición digital de las
Actas del Cabildo de Valencia: la forman 18 discos compactos para igual
número de volúmenes. En ellos están los 86 tomos con
documentos que la ciudad ha atesorado por siglos. La etapa colonial, el
proceso independentista y más de cien años de vida republicana
tienen su reflejo en el poder local.
El convenio firmado por la Alcaldía de Valencia y la Universidad
Simón Bolívar, ya ejecutado por el Instituto de Investigaciones
Históricas, Bolivarium, constituyó un reto al tiempo, la materia
constitutiva de la historia. Así como los geólogos y mineros
procuran arrancar a la tierra sus tesoros y secretos afrontando diversas
formas de resistencia, de igual forma los historiadores, en este caso apoyados
por la computación y venciendo numerosos escollos, han procurado
arrebatarle al tiempo los secretos y tesoros que generaciones por venir
sabrán aprovechar para comprenderse y comprendernos: es el propósito
de la historia.
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