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Impresos carabobeños

Periódicos y periodistas

  Luis Cisneros Cróquer

Los grandes periódicos carabobeños han sido: La Voz Pública, aparecida el 1ro de enero de 1875 bajo la dirección de Francisco González Guiñan; Don Timoteo, fundado en 1895 por Pedro Medina Ruiz; El Cronista, que duró 49 años, nació en 1898 y feneció en 1946; El Globo, nacido en el año 1924, fundado y dirigido por el Br. Rafael Saturno Guerra, quien luego sería el primer cronista de la ciudad de Valencia; El Carabobeño, diario de formato standard fundado por Eladio Alemán Sucre en 1933; El Regional, ganador del Premio Nacional de Periodismo, y Noti tarde, de reciente fundación, también Premio Nacional de Periodismo. También circularon, en la ciudad de Valencia, El Día (1946), El Monolito (1957-1960), el Diario de Valencia (1955), que nació para luchar por la reapertura de la Universidad de Carabobo, bajo la conducción del Dr. Alfredo Celis Pérez; este apasionado defensor de la universidad fundó y dirigió también, con el mismo propósito, el semanario Crónica Universitaria; el diario Hoy, impreso en huecograbado, que era la tecnología de punta en la década de los sesenta; con una marcada influencia del partido Acción Democrática, el diario Hoy se editaba bajo la dirección de Alí Caccavale y la presidencia empresarial de Luis Rivero Salas. También es preciso reseñar en esta rápida visión los diarios Hora Cero y La Calle, en formato tabloide, este último de circulación nacional.

 

Un recuento cronológico ubica el primer periódico publicado en Valencia en mayo de 1812, cuando aparece El Cangrejo. Inmediatamente -y es el primer órgano oficial- en junio del mismo año, por órdenes del capitán general español Domingo Monteverde, se edita La Gazeta de Valencia.

En 1831 se registra Cabriales, antes de que ese nombre se le pusiera al río que cruza la ciudad capital. En 1842 aparece El Siglo, dirigido por Manuel Ancízar. La Gaceta de Carabobo aparece en 1843. La Centella, en 1845, así como El Centinela, para defender ambos la candidatura presidencial del general Bartolomé Salom. La Bala Roja apoyaba la candidatura del padre José Luis Blanco y La Voz del Pueblo respaldaba a la Sociedad Guzmancista de Antonio Leocadio Guzmán.

 

En 1854 aparecen La Unión, El Republicano y La Democracia; la Opinión, en 1864. En el año 1882 circuló El Carabobeño (señalaba ser "una segunda etapa", lo cual significa que ya antes había circulado; y tenía, naturalmente, carácter eleccionario). El 11 de abril de 1886 nace el primer periódico verdaderamente popular: El Diario, de José Ramón Betancourt, uno de los grandes periodistas de la época. Con carácter eleccionario, nacen en 1889 los diarios El Faro y 5 de Julio. En 1892 nace El Nacional del doctor Francisco Castillo; y en 1894 surgen El Mortero y Paz y Labor.

En el año 1899, los brotes periodísticos se incrementan con la aparición de El Amarillo, El Tribuno, La Voz del Pueblo, El Propagandista, La Mañana, El Federal, Glorias de Carabobo, Tarazón (éste, de Pedro Lizardo, padre del poeta Pedro Francisco Lizardo). En 1901 aparece El Universitario, órgano de la Universidad de Valencia. También aparecen: La Epoca, de Joaquín Reverón; El Discípulo, de Julio Castro; El Gran Boletín, El Motín, El Artesano, El Mensajero, La Noticia para asuntos personales y Eco Restaurador.

En 1905 surgen: El Regional, El Imparcial, El Arcabuz, El Mortero, Los 3 Mosqueteros, El Doble Mundo. En 1906, con existencia efímera como casi siempre sucede, encontramos El Gran Boletín, El Poder Civil, El Reformador, La Lucha y La Epoca. Y en 1908: El Zapador, del doctor Carlos Sardi; y Ecos de la Juventud.

 

En el año 1910 aparecen varios periódicos deportivos: Venezuela Sport, El Látigo, El Músculo, Eco de la Juiventud y El Nacionalista. En 1915: La Propaganda y La Parroquia. En 1924: El Globo. El Diario, La Lucha, Adelante y El Gato Líder, en 1929; ese mismo año Luis Augusto Núñez edita su periódico Libertad y Daniel Labarca su Avanzada. Después, en 1933, nos llega El Carabobeño, editado por don Eladio Alemán Sucre. Y, a la muerte de Gómez, El Pueblo Encadenado, de Julio Grooscors.

 

En el año de 1940, con duración efímera, aparecen: Frente, Marcha, Orientación, Renovación, La Verdad, Carabobo, Primicia, La Chispa, Flecha, Claridad, Orbe, Alto al Fuego. Ya para ese entonces los aires republicanos refrescan con su olor democrático. En el año 1942 nace la Asociación Venezolana de Periodistas, Seccional Carabobo, bajo la presidencia de Rafael Saturno Guerra y como vicepresidente Eladio Alemán Sucre. Poco después aparecen el diario vespertino Aborigen, fundado y dirigido por Rafael Ramón Aguiar, y el diario El Día, periódico del partido Acción Democrática, bajo la dirección de José Bernardo Granadillo.

En 1946, cuando concluyó su existencia El Cronista, se habían registrado, entre unos y otros, por lo menos unos 150 periódicos en la historia regional.

 

 

Don Timoteo

José Joaquín Burgos

Un chirelito, podría decirse, para definir a Don Timoteo, diario de formato pequeño -digamos un 16 recortado- que salió a la luz pública en Valencia, el 2 de noviembre (Día de Difuntos) de 1895. Debajo del cabezal, un curioso lema: EN DE CON SIN SOBRE PARA TODO. Juego de preposiciones que alude, sin duda, a las intenciones, materia y objetivos de los editores. Y luego, en negritas, una declaración de principios que Don Timoteo sostendrá a lo largo de toda su existencia: Este periódico circula todos los días de labor y se vende a chiva el ejemplar. La Redacción responde por sus escritos en cualquier terreno. Oficina: Calle del Prado, entre Los Andes y la refinería.

Un chirelito, sin duda. Chiquito pero completo. Peso mosca. Y una asombrosa capacidad de finteo. Un fósforo prendido. Un alfiler al rojo vivo. Un pródigo reparto de informaciones y denuncias. Una guerra avisada e implacable contra el entonces presidente del estado Carabobo, que lo era el general José Félix Mora, aquel moreno oscuro que fue blanco de tantas burlas y cuestionamientos por la sociedad valenciana.

Aquel Día de Difuntos, Don Timoteo llegó para pelear -ipse dixit- contra las injusticias, los males y contra todo abuso (la lista es mayor). Y, ya instalado en el ágora valenciana, cierra su primera edición airosamente:

...y quitándose el sombrero

con apostura marcial,

saluda Don Timoteo

a la prensa en general.

 

Poco tiempo después, Don Timoteo crece. No solamente en belicosidad y experiencia, sino en formato y en publicidad. Pasa a ser un tamaño intermedio entre standard y formato, posible según la prensa que se usara y el plegado de entonces. Las páginas siguen siendo cuatro; la lectura menos íntima, pero más cómoda. Y, asombrosamente, un extenso mercado publicitario, sobre todo en materia médica (farmacias, medicinas, tratamientos especiales: Fruta Julién, Jarabe Fenicado de Vial, Kananga del Japón, Emulsión de Scott, Píldoras del Dr. Hamilton, Catarrozono, Farmacia Miranda... y F. Gornés Calafat, Joyería y Relojería Suiza... y Jabón Las Llaves.

La diagramación, pese a la precariedad de recursos técnicos como los de ahora, es limpia y muy bien equilibrada. La redacción es simple, directa, breve, aunque no desprovista de críticas, alusiones y hasta de florilegios para generar una lectura crítica. Es, en pocas palabras, un periodismo de altura, con mucho respeto al lector; un modelo que merece ser estudiado por los nuevos comunicadores sociales.

Don Timoteo vivió durante... años. Ya bien entrado el siglo XX, dio paso a nuevos órganos periodísticos. Con el tiempo, es una referencia esencial de aquellos tiempos. Palpar, leer, "manosear" hoy uno de aquellos ejemplares, es oler, sentir, saborear un pedazo de la historia del periodismo venezolano.

 

 

 

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