A
la memoria de Froilán Prieto, obrero muy digno quien, durante veinte
años fue guardián y ángel custodio del Ateneo de Valencia
Desde el año de su creación en 1943, el Salón Arturo
Michelena, fundado por el Ateneo de Valencia, con el auspicio del entonces
presidente del estado Carabobo, Tomás Pacanins, quien, por decreto,
acordó conmemorar los cuarenta años del fallecimiento del
ilustre artista valenciano, se constituyó en la confrontación
anual de los artistas venezolanos contemporáneos. No solamente porque,
desde el momento mismo de su primera convocatoria, la confrontación
se abriría a las mentalidades creadoras más jóvenes
de nuestro país, sino también por la naturaleza abierta de
sus bases: nacía la puerta batiente que anunciaba el umbral para
nuevos derroteros y encuentros del arte venezolano del siglo XX.
Se han escrito numerosos ensayos y artículos de prensa que analizan
los aportes del Salón Arturo Michelena, como espacio de confrontación,
encuentros y desencuentros para el arte venezolano durante sesenta y dos
ediciones consecutivas, desde el año de su creación hasta
2004. Todos parecieran coincidir en señalar que, dada la naturaleza
abierta de su convocatoria, no solamente constituyó, al nacer, una
alternativa de confrontación para los artistas que no eran invitados
a participar en el Salón Oficial, sino que se erigió, desde
siempre, como el espacio para la presencia de las vanguardias.
En el Salón Michelena se han admitido los nuevos lenguajes, dentro
de la exhibición de cada año, mucho antes de que estuviesen
presentes en otras confrontaciones similares que surgieron después:
el dibujo, la fotografía, los performances, los ensamblajes, las
instalaciones y, ahora, desde el salón número 62, en 2004,
el arte digital. Todo ello ha sido posible por el carácter abierto
de la confrontación, aun cuando en diversas ediciones se haya invitado
a algunos artistas a participar, sin que sus obras sean examinadas por el
Jurado de Admisión.
Las diversas Juntas Directivas del Ateneo de Valencia, a
lo largo de toda su historia, se han preocupado por sopesar, tras cada nueva
convocatoria, las sugerencias y críticas recibidas de parte de los
artistas y de los estudiosos e investigadores del arte venezolano. Ello
ha garantizado la renovación constante de sus bases y la presencia
de las vanguardias en la confrontación. Quien estuviera interesado
en comprobar que esta aseveración resulta ser tan cierta como la
existencia milagrosa de esta gran confrontación del arte venezolano,
en un país como el nuestro, tan dado a la desmemoria, al desolvido,
a la destrucción, pudiera consultar el texto "Crónicas
y hechos de crónicas en el Salón Michelena", que recoge,
gracias a la compilación realizada por Willy Aranguren, editada por
el Gobierno de Carabobo y la Fundación Neumann, buena parte de los
ensayos, documentos y artículos de prensa escritos y publicados por
diferentes cronistas y críticos.
Cuando se efectuó la convocatoria para la edición 62,en
mayo de 2004, y se anunció, de manera formal, que la Junta Directiva
del Ateneo de Valencia había aprobado, finalmente, la sugerencia
realizada por el Comité Permanente para el Salón Michelena,
en el sentido de transformar la confrontación en Bienal, a partir
de la convocatoria a la edición 63, que se celebrará en el
año 2006, subrayamos, en nuestra condición de organizadores
del evento, que el Ateneo, una vez más, había escuchado y
sopesado las sugerencias y críticas en el momento de tomar esta trascendental
decisión que, estamos seguros de ello, será acogida muy favorablemente
por los artistas, verdaderos protagonistas de esta confrontación.
No podía ser de otra manera: el Ateneo ha oído, una vez más,
las sugerencias y críticas recibidas de parte de los protagonistas
y estudiosos del evento, como en su tiempo lo hizo con las observaciones
y sugerencias recibidas de parte del poeta Julio Morales Lara, quien en
el año 1943 constituyó, junto al pintor y docente Antonio
Edmundo Monsanto, el dúo de animadores iniciales que tuvo el Salón
Michelena. A ellos se debe, en parte, el éxito de las primeras convocatorias.
Luego, tras las primeras cinco ediciones del Salón, se incorporarían,
con verdadero entusiasmo, a la tarea de animar el envío, Luis Eduardo
Chávez, Braulio Salazar, el poeta Arturo Machado Fernández,
el doctor Jorge Lizarraga. En los años sesenta Julio Ferrer Gudiño,
crítico de arte y secretario ejecutivo del Ateneo durante dos décadas:
no solamente se encargaba, con verdadera pasión, de motivar a decenas
de artistas a participar en el Salón, sino que también transportaba
las obras desde Caracas y otras ciudades del país hasta la sede del
Ateneo así como montaba la muestra junto con el pintor Marcos Castillo
y los también artistas Manuel Pérez, Zerep y Suardo Castillo.
A ellos se uniría, más tarde, el empleado Francisco Correa.
Desde el comienzo de los años setenta hasta la actualidad, se ha
ocupado con verdadera pasión en la labor de promoción de este
milagroso Salón el periodista Alfredo Fermín, quien ha sido
reconocido por la Junta Directiva del Ateneo como cronista del Salón
Michelena y a quien Valencia y todo el país le agradecen su desvelo,
su amor y su preocupación por la vigencia y permanencia del Salón
Arturo Michelena. Todos ellos, en cierta manera, sobre todo Julio Ferrer
Gudiño y Alfredo Fermín, continuarían la labor de animación
del evento: animaban a los artistas a participar y asesoraban a las distintas
Juntas Directivas del Ateneo en lo que a revisión de las bases y
adecuación de las estructuras del Salón necesitaba cada convocatoria.
Proseguía así la tarea que, voluntariamente, asumieron, en
su tiempo, el pintor y memorable docente de las artes plásticas Antonio
Edmundo Monsanto , el pintor valenciano Luis Eduardo Chávez, gran
mecenas de nuestro Ateneo, y José María Boetegui, hombre de
extraordinaria sensibilidad, a quien debemos buena parte del perfil que
fue tomando la colección de arte del Ateneo de Valencia: con el entusiasmo
que lo caracteriza, participaba en labores de jurado e iba, de esa manera,
contribuyendo a definir las líneas maestras de un futuro museo en
el Ateneo de Valencia.
LOS CAMINOS BIFURCADOS Y EL ESPEJO
Aun cuando en las primeras décadas
de existencia, el Ateneo de Valencia sólo disponía en el primer
edificio que se inauguró como sede en el año 1953 de una sola
sala de exposiciones, la voluntad de animar y estimular esta confrontación
que supuso, casi desde sus inicios, la aceptación del Salón
Michelena como la alternativa para la libre confrontación de las
artes venezolanas, los miembros de las diversas Juntas Directivas de la
institución aglutinaban en su seno, entonces, como señalábamos
antes, diversas voluntades que aceptaban el reto de transformar todo el
espacio disponible en escenario para la gran confrontación de las
artes venezolanas: unas personas se ocupaban de motivar el envío
y otras de dar forma expositiva a la confrontación. Tal conjunción
de voluntades más que un ejército de hombres y mujeres voluntarias,
guiados e iluminados por un amor hacia el Salón y el Ateneo, ha garantizado
la super vivencia del evento contra todos los pronósticos de cada
año: mientras otros salones desaparecían, el Salón
Michelena resurgía, con nuevos bríos cada año. Así,
desde el Ateneo de Valencia, el país disfrutó no solamente
del Salón Michelena cada año, sino también de grandes
exposiciones como la memorable Exposición Internacional, organizada
en el año l955, con motivo de la celebración de los cuatrocientos
años de fundación de la ciudad de Valencia, y numerosas exposiciones
individuales que fueron afianzando, desde la década de los años
cincuenta, a nuestra institución como un ente impulsador de las artes
plásticas fundamentales en la cultura venezolana de mediados del
siglo pasado.
A medida que el Salón Michelena se fue consolidando, junto a otras
confrontaciones nacionales como el Salón Aragua, que ha mantenido
su convocatoria cada año durante treinta años, se afianzaba
en el seno del Ateneo de Valencia la necesidad de configurar un museo, a
partir de la valiosa colección de arte de la institución,
producto no solamente de la premiación de cada año, sino también
del logro de obras adquiridas mediante compra, donación o comodato.
A nuestro arribo a la Presidencia del Ateneo, le trazamos, como tarea
prioritaria, el establecimiento de una estructura de museo a toda una serie
de actividades realizadas en materia de promoción de las artes visuales
y la ampliación de la sede. En esta tarea, resultó, milagrosa
y brillante, la labor cumplida por Nadia Colasante Materán en el
establecimiento de las líneas museológicas y de investigación
que adelantaríamos desde el Ateneo de Valencia, bajo la indiscutible
y valiosísima actuación de Nadia. Todavía viven en
mí las horas de hermoso desvelo, de discusión de planes y
programas sentados ambos, frente a frente, como quien estuviese librando
una partida de ajedrez que nunca terminase, revolviendo papeles y revisando
cartas y esquemas, sobre las tablas que ella desplegaba desde el escritorio
que, alguna vez, perteneció a José Rafael Pocaterra, ahora
en custodia en el Ateneo. Nadie, después de Nadia, ha osado desplegar
aquellas tablas: nosotros, en cambio, hemos tratado, luego de su partida
del Ateneo, de reinventar todo aquello que nos enseñó aquella
talentosa y brillante mujer.
Logramos adquirir una sede para los talleres y, gracias al concurso y
apoyo del Gobierno de Carabobo, construimos un edificio para las actividades
de promoción de las artes visuales, para la exhibición de
nuestra colección de obras de arte, la investigación y la
docencia: en los próximos meses, una comisión designada por
la Junta Directiva actual presentará el proyecto del nuevo diseño
curricular para el Centro Piloto de Capacitación en Artes "Luis
Eduardo Chávez". Todo ello había arrancado, con verdadero
ímpetu, con briosa voluntad de trabajo y de sueño, cuando
asumimos la Presidencia del Ateneo y entendimos que para llevar a feliz
término lo que nos trazamos, con desvelo, debíamos, junto
a la concepción de los programas, recuperar y aumentar los espacios
físicos del Ateneo. En dicha faena, en los primeros años de
labor, fue insustituible, muy importante la incorporación del arquitecto
Franz Rízquez, primero en calidad de asesor y luego como miembro
de la Junta Directiva del Ateneo y, posteriormente, como presidente de la
Fundación Arturo Michelena.
EL SALON MICHELENA, UNA BIENAL DE LAS ARTES
Todos estos logros se han fundamentado, siempre, en la labor de un equipo
de voluntades: esa conjunción de corazones y de manos ha trazado,
de manera paulatina, pero firme, un derrotero para que el Ateneo se transformara,
día a día, desde el primer día de su fundación
el 25 de febrero de 1936, en un auténtico complejo cultural para
la promoción y difusión de las artes.
Nosotros recogimos ese legado y tratamos de incorporar otros elementos:
la investigación en artes visuales y en literatura y la docencia
en artes. Pero siempre hemos tenido muy presente una virtud muy marcada
en todas las Juntas Directivas precedentes: la capacidad para el diálogo
y la integración de equipos de voluntarios. Ello se ha traducido
en un crecimiento, solidez y actualización de los programas permanentes
de la institución. Entre ellos, en primer lugar, el Salón
Arturo Michelena y la Bienal de Literatura José Rafael Pocaterra,
que, conjuntamente con la Bienal de Ensayo Enrique Bernardo Núñez
y la Bienal de Literatura para niños Canta Pirulero, fueron transformadas
en bienales de convocatoria internacional.
Desde hace cerca de diez años habíamos estado sopesando
la conveniencia de transformar el Salón Michelena en una confrontación
que se realizara no anualmente, sino cada dos años. Escuchamos propuestas
de los propios artistas y discutimos un proyecto, en ese sentido, con artistas,
críticos e investigadores en varias oportunidades, de manera privada
y en forma pública en foros y simposios nacionales y latinoamericanos,
dentro y fuera de la sede del Ateneo de Valencia, hasta que decidimos, acogiendo
favorablemente, la proposición de artistas y de los miembros del
Comité Permanente para el Salón Michelena, del cronista del
Ateneo y del Salón Michelena, Alfredo Fermín, que, a partir
de la edición 63, que se celebrará el año 2006, el
Salón pase a ser Bienal de las Artes Arturo Michelena: de esta manera
los artistas tendrán un año para preparar sus obras y el Ateneo
de Valencia mostrará diversas exposiciones temáticas de su
colección, dentro y fuera de su sede, en el año en que no
se celebre la confrontación. Los patrocinantes y auspiciantes del
Salón se han mostrado entusiasmados con la estructura propuesta y
contestes de apoyar la meta de la investigación de nuestra colección
y la futura proyección del evento hacia el Caribe y América
Latina. Como los ríos que van a dar a la mar, la tierra y el Sol
y el cielo de Carabobo unen horizontes que creíamos lejanos. El año
próximo, cuando estemos celebrando los 450 años de la fundación
de Valencia, el Salón Michelena abrirá, gracias de nuevo a
la conjunción de corazones y de manos, un nuevo cauce en el arte
venezolano del presente siglo. Albor del nuevo milenio en las artes venezolanas,
gracias a la férrea voluntad de coser en nuestros corazones los más
grandes sueños. No de otra manera crecen los ríos de América.
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