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La valencianidad: el signo histórico de la ciudad

  Armando L. Martínez

LA VALENCIANIDAD HISTORICA

Se corresponde con los grupos de origen hispano que a lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII llegaron a controlar la estructura de poder regional. Propietarios de haciendas y hatos llegaron a constituir la clase dominante local. En las ciudades hispanoamericanas se constituyeron estos grupos de carácter oligárquico, cerrado, que controlaron privilegios hasta fines del período colonial. Luego de la Independencia, Valencia se aleja relativamente de las posiciones conservadoras, para entrar en la lucha por la capitalidad bajo la guía de Miguel Peña, furibundo independentista. Caracas desplazó a Valencia en 1830 como capital del territorio. Pero esto no significa que se produjeron cambios en la estructura social. Hacia el período 1856-1860 la mayoría de grandes propietarios en la región valenciana pertenecían a los grupos dominantes: Azcónegui, Malpica, Paz, Rodríguez del Toro y otros. Sólo se produjeron cambios al entrar el siglo XX. La llegada de extranjeros que se incorporaron a las actividades económicas determinó una nueva situación. La valencianidad amplió su poder económico a través de una figura que los antropólogos llaman matrimonio preferencial, y a partir de esta situación ocurrieron uniones familiares que expresaban este cambio. El Camoruco de 1930 expresaba el reacomodo social que había ocurrido al ampliarse la cobertura social del grupo dominante. Valencia se adelantó en este aspecto a otras ciudades latinoamericanas que asumieron estos cambios con motivo de la crisis capitalista de 1929. El tercer momento que vive la valencianidad y que la obliga, relativamente hablando, a aceptar ciertos cambios es el comienzo de la industrialización sustitutiva a partir de 1959. La presencia de los sectores multinacionales resulta decisiva desde entonces, los sectores capitalistas que habían logrado una acumulación de capital importante se vinculan al capital multinacional, generando la segunda ampliación de la valencianidad histórica en el siglo XX. Resultando obvio que esto incluye a los sectores capitalistas y no a las familias de la valencianidad que optaron por el ejercicio de las profesiones liberales y el sacerdocio. A fines del siglo XX, se incorporaron nuevos sectores económicos y profesionales a distintas actividades en la región, cuyo destino está sobredeterminado por los sectores multinacionales.

En los actuales momentos, lo que se ha denominado valencianidad histórica ha sufrido algunos cambios importantes; incluso se puede hablar de una división en este grupo. Por un lado, quedaron los sectores que apelan al criterio de linaje (la periodista Alecia Franco de Ortega considera necesaria la limpieza de sangre, que era un estereotipo usado en la época colonial); mientras que, por otro lado, queda el sector vinculado a la política regional y nacional, el cual utiliza el criterio de funcionalidad que quiere decir que las personas ingresan a la estructura de poder según su calificación personal. Sus referencias ideológicas están ubicadas fuera del país, mostrando preferencia hacia el estilo norteamericano de hacer política, situación que está vinculada a la influencia de la educación norteamericana en algunos de sus miembros.

 

FRONTERAS DE CASTAS

A estas alturas resulta conveniente una definición precisa de la valencianidad histórica, por la sencilla razón de los cambios que ocurrieron en la ciudad industrial entre los años 1950 y 2000. La valencianidad histórica es un grupo social en el sentido siguiente: ciertos elementos políticos, sociales e ideológicos la mantienen unificada en torno a sus intereses como grupo social. Por una parte, mantiene fronteras de castas respecto a los grupos sociales restantes de la ciudad, porque a ella sólo se puede ingresar a través del matrimonio preferencial. La señora Carmen Teresa Figueredo de Araujo en una oportunidad me hizo la siguiente acotación: "Creo que es en los colegios y en las universidades donde se produce cierta integración, porque allí se conocen y hacen amistad los jóvenes y esto se puede influir en el futuro".

 

LA VALENCIANIDAD POPULAR

El gentilicio es el término con el cual se identifica a los nativos de una localidad o país determinados. Si la valencianidad es el sentimiento de pertenencia a la ciudad, he llegado a la conclusión de que la valencianidad es un sentimiento que pertenece a toda la población. En otras palabras, para ser valencianista necesariamente no hay que pertenecer a la valencianidad histórica, porque la identificación con la matria es una vocación en tal caso universal. En una conversación que sostuve con el Sr. Felipe Quintero, habitante de San Blas, pude comprender que hay una valencianidad oculta de la que no hablan los cronistas o aficionados a la historia, y es la que está presente en las actitudes de los habitantes de las parroquias históricas. Son seres que defienden a la ciudad, son seres que se expresan bien de la matria o lugar donde se ha nacido. Y, finalmente, son vidas de hombres y mujeres que se perderán en el anonimato, es cierto, pero que sienten un especial apego hacia la parroquia y la ciudad. Esta es una forma válida de expresar a la valencianidad como valor del gentilicio regional.

Las parroquias históricas de Valencia (La Candelaria, La Pastora, San José) constituyen el refugio de esta expresión de la valencianidad. Allí no sólo hay identificación con la matria, es decir la patria chica, a la cual el valenciano defiende con fe y entusiasmo, sino además un fuerte apego a lo local. Existe una enorme religiosidad en estos sectores que, en cierto modo, también reflejan a la vieja ciudad, sobre todo por su especial relación con el clero valenciano. Existe un recuerdo permanente en estos hogares de la figura de monseñor Gregorio Adam. Y a pesar de la modestia de las casas donde habitan, las prefieren a construcciones más recientes. En estas parroquias históricas la valencianidad puede disminuir su presencia, debido al abandono de las casas, la ausencia de los mayores y la comercialización galopante que se observa en ellas.

 

LA VALENCIANIDAD DE LA CLASE MEDIA

Las urbanizaciones valencianas fueron una consecuencia de la expansión de la ciudad hacia el norte y otras zonas cercanas. La construcción de la urbanización Las Acacias fue estimulada por la política de créditos del sector oficial y muchos valencianos aprovecharon la ocasión para construir la casa de sus sueños. La mayoría de los habitantes de estas urbanizaciones mantienen una identificación constante con la ciudad y el aporte que han dado al crecimiento de la ciudad también es importante; las actitudes, usos y costumbres varían de un grupo social a otro.

La valencianidad es una elaboración ideológica que apela a lo afectivo, es decir, apela al sentimiento de pertenencia que el ser humano elabora respecto a la matria o al sitio donde se desenvuelve cotidianamente. La urbanización Michelena, fundada en 1947, expresa con detalles la asimilación del concepto de lo valenciano por parte de los sectores medios. Se trataba de personas o grupos familiares que habían vivido en el centro histórico de Valencia, de tal manera que la identificación con la historia regional no la llegaron a perder en ningún momento. Como ha explicado el sociólogo norteamericano Wright Mills, el surgimiento de las clases medias es un producto de la profesionalización, de la ampliación de la educación hacia otros sectores sociales que no eran elitescos. El habitante de las urbanizaciones valencianas ha vivido esta profesionalización que comenzó a manifestarse en Valencia a partir de 1958. êsta es la razón por la cual los iconos del imaginario de la clase media valenciana son en orden sucesivo: la Escuela Fernando Peñalver, el Liceo Pedro Gual y la Universidad de Carabobo.

 

LA VALENCIANIDAD DE LAS MIGRACIONES INTERNAS

A partir de los años 60, Valencia conoció un proceso aluvional por el cual los pobladores de otras entidades ocuparon el espacio físico de la ciudad. A partir de entonces, ocurrió una migración procedente de la periferia que contribuyó a la expansión demográfica que se ha observado en los últimos años. Son los venezolanos que lentamente se fueron incorporando al proceso de sustitución de importaciones en la condición de obreros de las empresas multinacionales. Les ha correspondido el papel más pesado en la transformación que ha sufrido la ciudad, pasando de una economía semi-pastoril a una economía industrial. El habitante de los sectores populares defiende a Valencia por tres razones fundamentales: primero, porque en ella ha logrado echar raíces formando a sus grupos familiares; segundo, porque en esta ciudad sus hijos han podido realizar la aspiración de convertirse en profesionales universitarios; y tercero, porque el mapa familiar ha mejorado abiertamente en muchos casos.

 

LA VALENCIANIDAD DEL NEOVENEZOLANO

Los neovenezolanos son los hijos de inmigrantes que se han radicado en Venezuela a partir de la década de los años 50. Alejándose de una situación negativa generada por la Segunda Guerra Mundial, llegaron a nuestras costas en busca de la tierra prometida. Debido a factores geohistóricos, la región valenciana siempre fue atractiva para los extranjeros. La política de puertas abiertas del gobierno de Marcos Pérez Jiménez les permitió encontrar el lugar adecuado que buscaban. El neovenezolano que vive en Valencia quiere a la ciudad, pero la quiere en mejor situación. No hay interés por los pobres, por eso la ciudad está así descuidada, con mala vialidad. Se sabe que añoran el gobierno dictatorial y sueltan la frase: "Es que había respeto". Se trata de nuevos valencianos que han realizado con éxito sus mapas personales en la ciudad, y es por esto que se han arraigado definitivamente en ella, forman parte de su dinámica y hacen una labor decisivamente importante a favor de la ciudad.

Los neovenezolanos han logrado adaptarse a Valencia, sobre todo los que han tenido éxito en el mundo de los negocios. Forman parte de la Cámara de Industriales y la Cámara de Comercio, llegando a regir sus destinos en los últimos años. El neovenezolano puede ser de origen portugués, italiano, español, árabe, norteamericano y de otras nacionalidades. Le reprocha al venezolano su falta de interés en el trabajo, pero paradójicamente es uno de los sectores que da más empleo a la población local, especialmente en el sector de la construcción. Los cambios ocurridos en los últimos años en la ciudad son el producto de la iniciativa de los hijos de inmigrantes llegados a Venezuela en los años 50. Y en este sentido sería bueno destacar que, debido a esto, el sector educativo es la zona donde la valencianidad histórica ha perdido el dominio que ejerció durante varias décadas.


El último refugio de la valencianidad

El Club Centro de Amigos


El Club Centro de Amigos se instaló en Valencia en el año 1879, de acuerdo al típico modelo que copiamos del club Inglés. Era un sitio para ver y dejarse ver lejos del ajetreo de las fábricas, empresas y bufetes. La primera Junta Directiva estuvo presidida por el señor Teodoro Gosewich, destacado comerciante de la época, nombramiento que se correspondía con el predominio de los comerciantes-financistas en la estructura del poder regional.

 

LA TRADICION DEL INMUEBLE

En 1923 María Tarbes de Tarbes, madre de Augusta María Tarbes, vende este inmueble al Club Centro de Amigos, representado en ese momento por su presidente Carlos Petersen, Ricardo Henrique Blanch Guruceaga, Francisco Alvarado Escorihuela, Luis Betancourt Seidel y Arturo Hurtado Castillo. De acuerdo al Libro de Actas del Club, en la sesión de fecha 20 de febrero de 1923 se daba cuenta del recibo de una carta de la Sra. María Tarbes confirmando la oferta de venta de la casa, comprometiéndose el club a la compra del inmueble. El 31 de marzo del mismo año se hace constar que la Junta Directiva recibió las llaves de la casa que adquirió y que el club ya se había mudado a este inmueble.

 

MODIFICACIONES REALIZADAS PARA ESTABLECER EL CLUB "CENTRO DE AMIGOS"

En 1926 se le hace una costosa reparación, para transformarla en una "elegante sede"; para ello contribuyeron los socios y miembros del club, entre los cuales cabe mencionar a Francisco Alvarado Escorihuela, Juan T. Branger, Francisco Rodríguez Naranjo, Francisco de Sales Branger, Ernesto L. Branger (h), Luis Daniel Berrizbeitia, Francisco Camarán (de Nirgua) y otros.

 

UNA RECUPERACION DEFECTUOSA

Para la recuperación que se lleva a cabo en los actuales momentos del inmueble, las consultas no llegaron a realizarse de una manera amplia y permanente, lo cual ha conducido a una recuperación sesgada, ideada a priori por la arquitecto que dirige la recuperación. La arquitecto encargada de la obra ignoró las recomendaciones del estudio histórico realizado por la Universidad de Carabobo, cayendo de esta manera en una posición esteticista que no se apega a la verdad histórica.

Las modificaciones realizadas en la estructura portante (techos y columnas) del inmueble son arbitrarias, porque el desplazamiento de los techos originales supone la realización de un falso histórico que no responde a la tradición histórica del inmueble. Al borrar los arabescos que se encontraban en la parte inferior de los artesonados del patio principal, la decoración original también desapareció arbitrariamente.

 

UN CRASO ERROR EN ESTA RECUPERACION: IGNORADA LA VALENCIANIDAD

El Club "Centro de Amigos" fue uno de los grandes aciertos de la valencianidad en su acción histórica como clase dirigente regional. Al realizarse una recuperación que dejó a un lado la historia del inmueble, una parte de ella quedará borrada bajo el peso de materiales modernos, que la harán enmudecer ineluctablemente para siempre.

 

 

 

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