Las
investigaciones arqueológicas enmarcadas dentro del proyecto de Arqueología
de las Islas de Venezuela, creado y dirigido por los autores, comenzaron
en 1982. Hasta el presente las excavaciones realizadas en 86 islas han arrojado
sorprendentes evidencias de un pasado prehispánico vibrante. El mayor
volumen de datos y artefactos recuperados proviene del archipiélago
de Los Roques, un complejo de arrecifes localizado a unos 135 km. al norte
del litoral central. Los asentamientos permanentes de los visitantes prehispánicos
de Los Roques estaban localizados en la costa central y, con mayor probabilidad,
en la cuenca del lago de Valencia.
Las investigaciones indican que al comienzo del segundo milenio de nuestra
era arribaron a Los Roques las canoas de los portadores de la cerámica
ocumaroide. Los ocumaroides eran agro-alfareros y pescadores de las bahías
de la costa central de Venezuela. Al llegar a Los Roques los ocumaroides
escogieron para su asentamiento la pequeña isla Domusky Norte. Alrededor
del año 1300 d.C. el campamento ocumaroide fue abandonado y al mismo
tiempo, en la vecina isla Dos Mosquises, instalaron su campamento los portadores
de la cultura valencioide relacionados directamente con las poblaciones
de la cuenca del lago de Valencia. Los datos arqueológicos sugieren
que los valencioides fueron "introducidos" a Los Roques por los
ocumaroides; sin embargo, alrededor del año 1300 d.C. los valencioides
tomaron el liderazgo de la empresa insular y comenzaron la exploración
sistemática del archipiélago.
La cuna de la cultura valencioide
era la cuenca del lago de Valencia. Allí, alrededor del año
800 d.C. se dieron los procesos de fisión de las poblaciones locales
con los agro-alfareros provenientes desde el área de Orinoco, dando
así el origen a la cultura valencioide. Los valencioides erigían
sus viviendas sobre los montículos artificiales de tierra localizados
en los fértiles valles anegadizos al este y al oeste del lago. El
"emblema" de su producción alfarera son las figurinas humanas
cerámicas y grandes urnas funerarias.
Unos 400 años después de llegar a la región los
valencioides habían logrado un control de diversas zonas macro-ecológicas
de la cuenca de Valencia y sus recursos naturales, incluyendo la Cordillera
de la Costa, la mayor parte de la costa central y las distantes islas oceánicas.
Los valencioides convirtieron las islas oceánicas en zonas económicas
de extracción y procesamiento de recursos marinos muy escasos en
la costa continental, principalmente el gran gasterópodo marino llamado
botuto (Strombus gigas), la sal, las tortugas y los peces de arrecife. Dichos
recursos fueron exportados desde las islas hacia la cuenca del lago de Valencia
por medio de los intermediarios establecidos en los pueblos costeros.
Entre los yacimientos arqueológicos del archipiélago de
Los Roques destaca el de la isla Dos Mosquises. En esta isla baja y arenosa
que mide apenas unos 400 x 500 m se han recuperado grandes acumulaciones
de objetos de valor excepcional para los amerindios. En estos contextos
rituales o ceremoniales fueron aglomeradas vasijas antropo y zoomorfas,
incensarios, flautas de hueso, silbatos de concha, pipas de cerámica,
micro hachas líticas, colgantes de conchas terrestres, mineral de
ocre, trozos de oleorresinas, puntas de proyectil de hueso y pendientes
de piedra. De estos depósitos proviene también más
de 300 figurinas humanas cerámicas.
Es un hecho sorprendente que 20% de todas las figurinas valencioides
conocidas hacia el presente fueron depositadas por los amerindios en la
diminuta isla de Dos Mosquises. La presencia de un numero tan grande de
figurinas en un campamento temporal de una pequeña isla coralina
es un fenómeno sin igual en la arqueología del Caribe. La
asociación deposicional de las figurinas con los objetos de valor
y su posición dentro de los micro-contextos sugieren que las mismas
pudieron haber sido utilizadas como ofrendas votivas y/o como accesorios
en las actividades rituales.
Las figurinas femeninas en Dos Mosquises asumían metafóricamente
el papel social de las mujeres que estaban ausentes en la isla. Su presencia
era esencial para sustentar la vida diaria del campamento, suprimiendo las
amenazadoras fuerzas sobrenaturales vinculadas al ambiente marino y sus
criaturas, especialmente el botuto (strombus gigas).
¿Por qué esta isla diminuta, separada de la costa continental
por 135 km. del mar abierto, mereció tanta atención por parte
de la gente que vivía en la lejana cuenca del lago de Valencia?
La isla Dos Mosquises está situada en el centro de la "entrada"
y "salida" natural, más amplia y segura para el navegante
que visita el archipiélago. La localización de esta isla en
la puerta de Los Roques pudo haber facilitado la centralización de
las actividades socioeconómicas y ceremoniales. Los ritos que se
llevaban a cabo aquí fomentaban la unión espiritual de los
individuos que operaban lejos de su tierra ancestral. Después de
terminar felizmente la travesía aquí se realizaban los ritos
de agradecimiento, así como también ritos petitorios relacionados
con la buenaventura en el viaje de regreso. De esta manera la isla Dos Mosquises
evolucionó como un lugar de encuentro, un centro logístico,
y como el destino de los "peregrinos" prehispánicos. Podemos
afirmar que su riqueza arqueológica tan grande, diversa y compleja,
la sitúa entre las islas más "sagradas" del Caribe
y de la América prehispánica en general.
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