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Los valencioides prehispánicos en el archipiélago de Los Roques

  Andrzej Antczak y Ma. Magdalena Mackowiak de Antczak

Las investigaciones arqueológicas enmarcadas dentro del proyecto de Arqueología de las Islas de Venezuela, creado y dirigido por los autores, comenzaron en 1982. Hasta el presente las excavaciones realizadas en 86 islas han arrojado sorprendentes evidencias de un pasado prehispánico vibrante. El mayor volumen de datos y artefactos recuperados proviene del archipiélago de Los Roques, un complejo de arrecifes localizado a unos 135 km. al norte del litoral central. Los asentamientos permanentes de los visitantes prehispánicos de Los Roques estaban localizados en la costa central y, con mayor probabilidad, en la cuenca del lago de Valencia.

 

Las investigaciones indican que al comienzo del segundo milenio de nuestra era arribaron a Los Roques las canoas de los portadores de la cerámica ocumaroide. Los ocumaroides eran agro-alfareros y pescadores de las bahías de la costa central de Venezuela. Al llegar a Los Roques los ocumaroides escogieron para su asentamiento la pequeña isla Domusky Norte. Alrededor del año 1300 d.C. el campamento ocumaroide fue abandonado y al mismo tiempo, en la vecina isla Dos Mosquises, instalaron su campamento los portadores de la cultura valencioide relacionados directamente con las poblaciones de la cuenca del lago de Valencia. Los datos arqueológicos sugieren que los valencioides fueron "introducidos" a Los Roques por los ocumaroides; sin embargo, alrededor del año 1300 d.C. los valencioides tomaron el liderazgo de la empresa insular y comenzaron la exploración sistemática del archipiélago.

 

La cuna de la cultura valencioide era la cuenca del lago de Valencia. Allí, alrededor del año 800 d.C. se dieron los procesos de fisión de las poblaciones locales con los agro-alfareros provenientes desde el área de Orinoco, dando así el origen a la cultura valencioide. Los valencioides erigían sus viviendas sobre los montículos artificiales de tierra localizados en los fértiles valles anegadizos al este y al oeste del lago. El "emblema" de su producción alfarera son las figurinas humanas cerámicas y grandes urnas funerarias.

Unos 400 años después de llegar a la región los valencioides habían logrado un control de diversas zonas macro-ecológicas de la cuenca de Valencia y sus recursos naturales, incluyendo la Cordillera de la Costa, la mayor parte de la costa central y las distantes islas oceánicas. Los valencioides convirtieron las islas oceánicas en zonas económicas de extracción y procesamiento de recursos marinos muy escasos en la costa continental, principalmente el gran gasterópodo marino llamado botuto (Strombus gigas), la sal, las tortugas y los peces de arrecife. Dichos recursos fueron exportados desde las islas hacia la cuenca del lago de Valencia por medio de los intermediarios establecidos en los pueblos costeros.

 

Entre los yacimientos arqueológicos del archipiélago de Los Roques destaca el de la isla Dos Mosquises. En esta isla baja y arenosa que mide apenas unos 400 x 500 m se han recuperado grandes acumulaciones de objetos de valor excepcional para los amerindios. En estos contextos rituales o ceremoniales fueron aglomeradas vasijas antropo y zoomorfas, incensarios, flautas de hueso, silbatos de concha, pipas de cerámica, micro hachas líticas, colgantes de conchas terrestres, mineral de ocre, trozos de oleorresinas, puntas de proyectil de hueso y pendientes de piedra. De estos depósitos proviene también más de 300 figurinas humanas cerámicas.

 

Es un hecho sorprendente que 20% de todas las figurinas valencioides conocidas hacia el presente fueron depositadas por los amerindios en la diminuta isla de Dos Mosquises. La presencia de un numero tan grande de figurinas en un campamento temporal de una pequeña isla coralina es un fenómeno sin igual en la arqueología del Caribe. La asociación deposicional de las figurinas con los objetos de valor y su posición dentro de los micro-contextos sugieren que las mismas pudieron haber sido utilizadas como ofrendas votivas y/o como accesorios en las actividades rituales.

 

Las figurinas femeninas en Dos Mosquises asumían metafóricamente el papel social de las mujeres que estaban ausentes en la isla. Su presencia era esencial para sustentar la vida diaria del campamento, suprimiendo las amenazadoras fuerzas sobrenaturales vinculadas al ambiente marino y sus criaturas, especialmente el botuto (strombus gigas).

 

¿Por qué esta isla diminuta, separada de la costa continental por 135 km. del mar abierto, mereció tanta atención por parte de la gente que vivía en la lejana cuenca del lago de Valencia?

La isla Dos Mosquises está situada en el centro de la "entrada" y "salida" natural, más amplia y segura para el navegante que visita el archipiélago. La localización de esta isla en la puerta de Los Roques pudo haber facilitado la centralización de las actividades socioeconómicas y ceremoniales. Los ritos que se llevaban a cabo aquí fomentaban la unión espiritual de los individuos que operaban lejos de su tierra ancestral. Después de terminar felizmente la travesía aquí se realizaban los ritos de agradecimiento, así como también ritos petitorios relacionados con la buenaventura en el viaje de regreso. De esta manera la isla Dos Mosquises evolucionó como un lugar de encuentro, un centro logístico, y como el destino de los "peregrinos" prehispánicos. Podemos afirmar que su riqueza arqueológica tan grande, diversa y compleja, la sitúa entre las islas más "sagradas" del Caribe y de la América prehispánica en general.

 

 

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