María Inés Ferrero
Fotos: Wilmer Escalona |
Cristina
Sosa de Roversi
"Soy muy apasionada con lo que hago"
De andar elegante y distinguido, esta dama comparte sus
días en múltiples facetas que la convierten en el vivo ejemplo
de la mujer contemporánea, esa que dedica tiempo valioso a su familia,
que ejerce a cabalidad su rol empresarial, sin dejar de lado el interés
por las causas más nobles
Valenciana de nacimiento y corazón, Cristina Sosa
de Roversi es la mayor de cuatro hermanos, nacida un cuatro de septiembre,
de manos de Lorenzo Araujo Ecarri, uno de los grandes médicos de
esta ciudad.
Hija de un militar caraqueño actualmente retirado,
y de madre oriunda de Valencia, pasó su infancia y adolescencia recorriendo
el país y viviendo, también, en Washington y Madrid, debido
al trabajo de su padre.
"Estudié en muchísimos colegios porque
siendo hija de militar debí peregrinar entre muchos lugares, pero
siento que el Colegio 'Santa Cruz' fue siempre el paño de lágrimas
de mi mamá, pues cada vez que a mi papá lo cambiaban y tenía
que regresar, allí tenía mi cupo asegurado", recuerda
con nostalgia.
Al graduarse de bachiller se fue a España. Ingresó
en la Universidad Complutense de Madrid, donde estudió arquitectura
por dos años, pero para ese entonces ya tenía amores con Freddy
Roversi, su esposo hoy día. Cuenta que comenzaron su historia de
amor cuando ella tenía 16 años y a los 19 se casaron.
Feliz y sin pretensiones
"La mayoría de mis vacaciones fueron en Chichiriviche
en casa de mi abuelo (...) mi niñez fue siempre con esa sencillez
que para entonces reinaba, uno ni sabía qué hacían
los papás de sus amigos, qué carro tenían o si el apellido
era importante o no".
Esposa, madre y profesional
Su visión fue siempre formar una familia; sin embargo,
a través del tiempo se le impusieron otras necesidades. "La
vida ha cambiado tanto para la mujer... antes una buscaba casarse y tener
su familia. Hoy en día eso no es viable, definitivamente vivimos
en un mundo de competitividad, donde hay que ampliar los conocimientos,
y yo lo veo por mis tres hijas, todas profesionales; la menor está
por cumplir 25 años y ninguna se ha casado".
Cristina dice con orgullo haber sido una de esas mamás
superentregadas, poseedora de una familia muy unida: Isabela es arquitecto;
Cristina, educadora; y Alessandra, periodista.
Evolución profesional
Aunque parezca mentira, el inicio de su faceta como profesional
tuvo lugar en el Club de Jardinería de Carabobo. Allí aprendió
a gerenciar y a trabajar por un propósito común.
Poco después, se involucra de lleno con la Fundación
de Ayuda al Niño con Cáncer, Fundanica, donde ha contribuido
a que esta organización trascienda cada vez más. Destaca que
bregar por los demás la hace crecer como ser humano. Tiempo más
tarde, surge la oportunidad de trabajar en Venamcham, "algo que jamás
en mi vida soñé. Nelly Guinand de Galavís, mi amiga
de años, le propuso en primer lugar a Freddy que yo trabajara dirigiendo
la región central, y parece mentira, pero sin tener mucho conocimiento
de lo que significaba representar una cámara como ésta en
la región, lo logré".
Cada vez que se presenta la oportunidad, le agradece el
apoyo incondicional a su esposo Freddy, compañero durante treinta
años de vida; y reitera que representar una cámara como Venamcham
en la región era más de lo que podía imaginar. Por
eso concluye diciendo que el interés que uno tenga por hacer algo
en la vida es la clave, y así lo ha demostrado.

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| De vacaciones en Chichiriviche/ En el Colegio Santa Cruz/
Con Freddy, su esposo/ y éste en compañía de sus tres
hijas. |
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ENTRE TACONES Y FLORES
Su gusto por la jardinería no es
secreto. Asegura que esta actividad le brinda mucha paz y no en vano se
considera amante de las plantas.
Pero más allá de esa faceta,
tiene otra pasión: los zapatos. Y es que para ella, comprarlos es
una debilidad. Tanto, que siente el mismo gusto en un vivero que en una
zapatería. |
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