Editorial Notitarde
C.A



Valencia, 9 de Agosto de 2005

 

 

Abraham Martínez
Fotos: Jairo Altuve

Flor María García

Luchadora por convicción

Es una de las nuevas caras del denominado "proceso" que lidera el actual Presidente de la República y se cuenta entre los líderes con formación en la denominada izquierda venezolana que buscaban un cambio radical desde los años 70. Afirma que sigue creyendo en sus convicciones por encima del poder

El actual escenario político venezolano ha sido propicio para el nacimiento de nuevos líderes populares en cada uno de los rincones del país. En Carabobo, uno de los personajes más emblemáticos de esta quinta república revolucionaria ha sido -quizá para sorpresa de muchos- una aguerrida mujer llamada Flor María García.

Nacida en un pueblo de pescadores en el estado Sucre, llamado Marimitar, el 8 de diciembre de 1957, Flor ha enfrentado desde muy pequeña desafíos y circunstancias muy fuertes. Una de ellas fue el no disfrutar a su madre, quien murió cuando la trajo mundo.

Es así como pasa al cuidado de quien ama como su madre, una tía paterna, que era soltera en aquella época, cuando vivía, junto a su hermano, del trabajo de la pesca.

Aunque vivió hasta los 13 años en las cercanías del mar, Flor se confiesa recelosa de este ambiente, tal vez porque recuerda con dolor todo lo que debía luchar su padre para poder vender el fruto de su pesca. Allí empezó a crecer en ella un sentido de lucha contra la injusticia.

Recién cumplidos los trece años llega al municipio Bejuma del Estado Carabobo y al año siguiente se muda a la urbanización La Isabelica, en Valencia, para comenzar sus estudios de secundaria. Posteriormente ingresa a la Escuela Técnica Industrial en donde alcanza el mérito de ser la única mujer que logró graduarse en el área de Electricidad en esa promoción.

De izquierda por formación

Ya en la secundaria empezó a tener inquietudes políticas, lo que la llevó a vincularse con el movimiento estudiantil. Se vuelve militante de dos grupos, uno que se manejaba un poco en la clandestinidad, el Partido de la Revolución de Venezuela (PRV); y otro con acción más a la luz pública, llamado "Ruptura".

No obstante, alude mucho a las circunstancias que ha tenido que enfrentar en la vida, como las razones por las cuales se ha formado un carácter radical, más que la lucha política que desarrolló en esa época de estudiante y que sigue librando hoy día junto al proceso que adelante el Presidente de la República, Hugo Chávez Frías.

Como ejemplo, citó todos los escollos que tuvo que sortear cuando realizó sus pasantías técnicas como la única mujer dentro de su área, una empresa ensambladora de vehículos, acá en Valencia.

La tolerancia... Su mayor aprendizaje

Al poco tiempo de iniciar sus estudios en la Facultad de Ingeniería conoce a quien es su esposo, el diputado del Movimiento Quinta República en el Consejo Legislativo del estado Carabobo, Juan Hernández, también militante del PRV y con el que se inicia en la idea de una constituyente para el país, mucho antes de la aparición en la palestra de quien hoy gobierna a Venezuela.

Inclusive, asegura que para el momento que conoció a Chávez no estaba convencida del apoyo de los militares en un movimiento como este, por considerar que eran parte de una elite con privilegios que venían gobernando el país. No obstante, luego del alzamiento militar, cambió su desconfianza hacia los uniformados.

Hoy día, después de haber participado de cerca en la formación del partido Movimiento Quinta República, de haber sido diputada al Consejo Legislativo y ostentar actualmente el cargo de secretaria de Estado del Gobierno de Carabobo, Flor asegura que sigue siendo radical en su pensamiento. Mas sin embargo está aprendiendo algo importante en la vida: a tolerar a quienes no están de acuerdo con sus convicciones ni comparten su criterio, como por ejemplo, uno de sus tres hijos, quien es su más acérrimo crítico.

 

 Desde su época de estudiante, Flor García se perfilaba como una aguerrida líder de izquierda.
 
 
 
 
 

 EN "LA MUÑEQUERA"

A pesar de ser una mujer de lucha y muy fuerte de carácter, Flor se inclina por las manualidades y las artes autóctonas, es por ello que antes de dedicarse de lleno a la política, fundó junto con una amiga el grupo "La Muñequera o la Dulce Dulcinea", en los barrios del sur de Valencia.

Fue precisamente fomentando la cultura donde conoció a uno de los integrantes de una banda de menores dedicados al robo, llamada "Los Pitufos". Luego de ser una verdadera amenaza, este joven se convirtió en el mejor de sus estudiantes y otro excelente estímulo para luchar por las causas perdidas.


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