Editorial Notitarde
C.A



Valencia, 9 de Agosto de 2005

 

 

Abraham Martínez
Fotos: Jorge Cera

Gabriela Cristina Leonardi de Carrillo

Una vencedora ante la adversidad

Enfrentar momentos difíciles en la vida y salir triunfante representa la premisa con la cual ha definido el camino recorrido en esta existencia, y que la ha llevado a ser una de las precursoras del desarrollo de la cultura en la entidad carabobeña, así como un ejemplo para su familia y sus amigos

"La Carrillo, como la llaman sus amigos, es una silente investigadora, tiene una flexibilidad firme, una hermosa entereza, es la sencillez cruda de la piedra, el alma triste de los ensueños, es dulzura de amor". Con estas palabras definió Eloy Rutmann, decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Carabobo en el año 1992, a Gabriela Cristina Leonardi de Carrillo, mujer de temple que tuvo la responsabilidad de dirigir, hasta el año pasado, la Secretaría de Cultura del Gobierno de Carabobo.

Esta amante de la lectura nació el 5 de junio de 1947 en Boconó, estado Trujillo. Es miembro de la casta de Homero Leonardi, poeta, músico y trabajador de la tierra, cuyo amor por la vida dejó bien impreso en la memoria de todos sus coterráneos andinos.

A muy temprana edad viaja a la ciudad de Caracas, con el propósito de iniciar sus estudios de básica y bachillerato en el Colegio "Santa Rosa de Lima", quedando al poco tiempo interna, en vista de la decisión de sus padres de regresar a su tierra natal.

A los 17 años de edad se une en matrimonio con su alma gemela, Rolando Carrillo, un ilustre valenciano, pionero del progreso industrial carabobeño, con quien comienza una vida de entrega, dedicación y suprema felicidad, bendecida con la llegada de cuatro hijos. En el año de 1978, a pesar de la negativa de su esposo, ingresa a la honorable Universidad de Carabobo, específicamente a la Facultad de Derecho, y luego de cinco años de intenso esfuerzo egresa como summa cum laude de esta casa de estudios.

Un giro del destino...

En 1984, con 37 años de edad, la vida se encargó de poner a prueba a esta valiente mujer, al fallecer su amado esposo de manera repentina y verse entonces con la responsabilidad de terminar de criar a sus hijos. Es allí cuando esa fuerza interior que la caracteriza se pone de manifiesto al asumir con gallardía el manejo del negocio familiar, así como el destino de sus hijos y el suyo propio.

La ayuda de sus amigos, el tesoro mejor acumulado en su vida, según palabras de Carrillo, jugó un papel importante en esta tempestad que llegó a destruir su mundo perfecto.

Uno de ellos, Henrique Salas Römer, electo como gobernador de Carabobo en 1989, la invita por tres meses a trabajar como su secretaria privada, mientras terminaba de armar el equipo de gobierno. Sin embargo, luego de pasar casi un año en este cargo, pasa a la Secretaría de Educación y finalmente a la Secretaría de Cultura, donde continúa por dos períodos más, bajo el mandato de Henrique Fernando Salas, quien resulta electo en 1995 como primer mandatario regional.

Un legado para Valencia

El fortalecimiento de la red de los museos en la región carabobeña, la recuperación del patrimonio histórico de la ciudad de Valencia, la difusión de la música clásica a todos los niveles sociales, así como el rescate de la cultura artesanal, danza y plástica a través de festivales, son algunos de los grandes logros en los cuales "la Carrillo" ha sido pieza fundamental en los últimos años.

No obstante, y pese a las satisfacciones del triunfo en el plano profesional, esta dama encuentra aun más gratificante para su espíritu haber consolidado una familia unida con valores y principios. Tener a su alrededor a sus amados nietos y, sobre todo, el recuerdo presente de su esposo y la mayor de sus hijas, María Gabriela, quien hace diez años abandonó este mundo.

Gabriela, o "Baba" como le dicen sus nietos, no se detiene. Su mirada está puesta actualmente en la enseñanza, específicamente hacia las aulas de la U.C., mundo al cual retorna con más fuerza, bastante clara en que aún le queda mucho camino por recorrer y recordando que "ante las adversidades uno forzosamente tiene que crecer, y tiene que dar una respuesta, sobre todo cuando la vida misma te coloca en una disyuntiva".

 

 

 En compañía de sus hijas y nietos.
 
 
 
 
 

 LA CHICA DEL VASO DE LECHE

Cuenta Gabriela de Carrillo que además de su excelente desempeño en el ámbito académico, dejó una huella imborrable en la memoria de sus compañeras de estudios en el "Santa Rosa de Lima" en Caracas, al convertirse en la chica del vaso de leche...

Y es que todos los días a las 10 de la mañana, el chofer de la familia, el "querido Luis", llegaba al colegio con el vaso de leche en la mano, para el deguste, no muy placentero por cierto, de la niña proveniente de los Andes venezolanos.


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