Arnaldo Rojas
Fotos: Pedro Saturno |
Ana
Enriqueta Terán
Una vida hecha poesía
Es una de las más altas voces de nuestra poesía.
Protagonista de una de las aventuras creativas más deslumbrantes
de la lengua castellana, a partir de una visión mágica del
universo cotidiano. Premio Nacional de Literatura, con hondas raíces
en Valencia, ciudad que tiene el orgullo de atesorar su presencia
Su vida es una historia hecha poesía. Nacida en
Valera en 1918, en la hacienda Santa Elena, en el seno de una familia de
cañicultores y fundadores de pueblos. Aquel ambiente bucólico
y pleno de nutrientes espirituales alimentó sus primeros años.
De allí que exprese:
-Yo soy lo que era mi casa, soy lo que era mi gente. Gente
hermosa, sana y profunda. En mi casa había una gran biblioteca. Se
leía mucho y en voz alta. Mi madre nos leía El Quijote y mi
padre le decía: "Esos muchachos no entienden!". Pero ella
contestaba: "Les hace el gusto por la buena literatura".
De los Andes a Valencia
Los Terán-Madrid eran firmes antigomecistas, motivo
por el cual las vicisitudes políticas y el hostigamiento de la dictadura
los obligan a abandonar sus tierras para iniciar una etapa de errantes que
los lleva primero a Barquisimeto y luego a Puerto Cabello. Muerto el general
Gómez, en 1936 se trasladan a Caracas. Corre el año 1944 cuando
Ana Enriqueta participa en un homenaje a Alberto Arvelo donde recita sus
"Décimas andinas". Es su primera aparición pública,
aunque ya en 1931, siendo ella adolescente, Andrés Eloy Blanco, quien
se había hecho amigo y compadre de sus padres, un día hojea
los cuadernos escolares de Ana y al encontrarse unos versos borroneados,
exclama: "Tenemos un poeta en la familia!".
De 1946 a 1952 ocupa el cargo diplomático de agregado
cultural en Uruguay y Argentina. Establece amistad con intelectuales y artistas
como Rafael Alberti y Juana de Ibarbourou, quien prologó su libro
Verdor secreto publicado en 1949. Renuncia al servicio diplomático,
y tras una breve estadía en Madrid y París, regresa a Venezuela
en 1952.
Llega a Valencia en 1954, adonde se había trasladado
la familia Terán-Madrid a raíz de la enfermedad del padre.
En nuestra ciudad siembra profundas raíces, como ella misma lo confiesa:
"En Valencia conozco y amo al que habrá de señalar camino
único en lo profundo emocional. En Valencia nace mi hija Rosa Francisca,
criatura de arrobo y poesía. En Valencia he vivido gran parte de
mi vida y tierra de Valencia guarda un primer intento casi logrado de ansiosa
maternidad".
Cuadernos Cabriales, publicación del Ateneo de Valencia,
lanza en 1954 su primer número con el extenso poema "Testimonio",
de Ana Enriqueta Terán. En 1955 contrae matrimonio con el ingeniero
José María Beotegui y vive un tiempo en La Entrada. Fue electa
presidenta del Ateneo de Valencia en 1959.
De vuelta a la ciudad
Su vida sigue transcurriendo como un río impetuoso
de lirismo, y 1989 se convierte en un año pródigo para nuestra
poetisa: recibe el Premio Nacional de Literatura y el Doctorado Honoris
Causa de la Universidad de Carabobo. Los homenajes se extienden: Cuadernos
Cabriales en su No. 50 publicó una antología de sus versos,
y la revista Poesía No. 79 fue dedicada por entero a su obra.
Por un tiempo se ausentó para vivir en Morrocoy
y en el pueblo andino de Jajó, pero ha vuelto a fijar residencia
en Valencia para reencontrarse con los afectos que, desde siempre, atesora
en esta ciudad.
Tejedora de una artesanía suprema, se cuenta entre
las grandes voces de nuestra lírica. Alquimista del lenguaje que
ha logrado elevar los elementos de la vida cotidiana a la categoría
de mitos poéticos. Autora de una extensa y fecunda obra que se inicia
con Al norte de la sangre (1946) y se prolonga en Verdor secreto, Presencia
terrena (1949), Música con pie de salmo (1952-1964), De bosque a
bosque (1970), Sonetos de todos mis tiempos (1970-1989), Libro de los oficios
(1967), Casa de hablas (recopilación de sus obras, 1991) y Albatros,
su más reciente obra publicada.
Como buena oficiante de la palabra, concluye: "Creo
en la sacralización de la poesía y creo que hay una parte
de sagrado en mí. Así lo siento, por eso mantengo un ritual
para escribir: me levanto, me arreglo, me maquillo, me siento frente al
papel, no de cualquier forma, sino con tacones altos. Me quedo un rato pensando,
me persigno y empiezo a escribir, con gran respeto".

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| Con Miguel Angel Asturias y pintada por Gabriel Bracho,
Sangronis y Edvitles, tiempos y recuerdos. |
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INVENTARIO DE LA ETERNIDAD
"Soy una persona abierta a todo lo
que me rodea, pues tengo los sentidos agudos. Con el olfato soy un sabueso
y con el tacto vivo todo el día, a la edad que tengo, acopiando texturas
en mi memoria; son los libros que toco, las telas, los objetos depositarios
de afectos, mi entero alrededor. Todo lo que me rodea lo sigo como si fuera
un niño haciendo un inventario". |
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