Editorial Notitarde
C.A



Valencia, 9 de Agosto de 2005

 

 

María Inés
Ferrero V.
Fotos: Jairo Altuve

Jacqueline Aguilera

"La cruda realidad me hizo crecer"

Numerosas reinas de belleza han confirmado la fama que hace referencia a los encantos de las mujeres de esta tierra. Una de ellas es Miss Mundo 1995, quien hoy continúa inmersa en las lides de la moda, compartiendo su pasión por el modelaje junto a su pequeña hija Alba Elena

A los catorce años, esta valenciana ya tenía muy claro su norte cuando le comentó a su mamá que estaba interesada en involucrarse en el mundo del modelaje.

Afortunadamente, su familia la apoyó en su decisión, y a partir de ese momento comenzó una exitosa peregrinación entre castings y desfiles.

Su infancia y su adolescencia las considera épocas muy felices, con momentos inolvidables en las aulas del Colegio "Juan XXIII".

En 1993 participó en el recordado concurso regional Chica 2001 y, posteriormente, logró la corona en el certamen nacional, representando a Carabobo. Esto le dejó en claro una meta mucho más ambiciosa: participar en el Miss Venezuela.

Cuando perdiendo se gana

Con el ímpetu y la seguridad que la caracterizan, apenas cumplió los 18 años se inscribió en el máximo certamen de la belleza en nuestro país, portando la banda de Miss Carabobo. Pero por una de esas jugadas del destino, la retiraron del concurso para colocar en su lugar a otra chica.

Sin embargo, Jacqueline no decayó. Por el contrario, fue una de las modelos pioneras en trabajar en el extranjero. Recuerda que estaba en Alemania y, a sólo un mes para el certamen, Osmel Sousa la llamó.

Con su maleta llena de sueños, retornó al país. Se le abrió la posibilidad de representar a Nueva Esparta y buscó la manera de lograrlo, pues siempre se ha considerado mitad margariteña, ya que sus padres son oriundos de ese Estado. Lo demás -dice- es historia.

Se convirtió en Miss Mundo rodeada de una participación llena de controversias, por haber concursado en el Miss Model of The World. Pero a pesar de la polémica, recuerda que desde que llegó a Sudáfrica, donde se realizó el certamen, fue la gran favorita para ganar.

Lecciones de vida

Lo cierto es que cuando logró la corona, su vida adquirió un matiz distinto por las exigencias del cetro. "Nunca conté cuántas ciudades o países visité alrededor del mundo. Tanto, que se me acabaron dos pasaportes en un año".

Recuerda el eslogan de Miss Mundo: "Belleza con un propósito", así que, a lo largo de los 12 meses, se le impuso una agenda de viajes asociada a obras benéficas. "Me impacté mucho cuando llegamos a Colombia para participar en la campaña 'Devuélvele la sonrisa a un niño', viendo a niños desde recién nacidos con labio leporino. Ver la cruda realidad del mundo me hizo crecer, madurar; eso es una parte que la gente no se imagina, ven a la reina de belleza en un clima de mucho glamour y no se trata sólo de eso".

Rememora, como la experiencia más dramática, su visita a Bosnia, donde acababa de finalizar el encuentro bélico. Vivió cuatro días en un campamento militar, lo cual fue muy impresionante: "Tener la vida de un soldado desde que amanece hasta el final del día, vislumbrar zonas donde aún no se podía caminar". En ese lugar, su misión fue crear un orfanato para los niños víctimas de la guerra.

Pero como bien afirma esta valenciana, no todas las personas tienen esa oportunidad. De hecho, este año van a ser 55 mujeres las que han tenido la posibilidad de ser Miss Mundo, y aunque reconoce que a sus 19 años no estaba totalmente preparada para lo que se enfrentaba, asegura que ver la realidad de la vida la hizo madurar y que se sintió plena.

Entre las muchas enseñanzas que recibió está ese despertar de su lado humanitario. Desde hace tres años forma parte de la Asociación de Mujeres Activas, A.M.A., la cual contribuye con los más desposeídos.

Hoy, se siente afortunada por haber tenido en la vida cosas de las que otros han carecido y confiesa que aunque aún tiene ofertas para trabajar fuera, sólo puede hacerlo de manera temporal, pues su ciudad tiene algo que ella define como mágico y que siempre la hace regresar.

Jacqueline, de niña, en carnaval/ Al lado de sus padres/ y triunfadora del Miss Mundo 1995. 
 
 
 
 
 

 CONFIANDO EN LA SUERTE

Esta esbelta mujer, de tez tan blanca como la porcelana, colecciona elefantes de distintos materiales y tamaños.

Todo empezó en Sudáfrica, mientras buscaba un souvenir. Una persona se le acercó y le dijo que los elefantes con la trompa levantada eran de buena suerte. De inmediato adquirió uno, y quién sabe si tuvo algo que ver, pero días más tarde ganó el Miss Mundo. Desde entonces, estos imponentes animales se convirtieron en algo simbólico para ella.


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