Editorial Notitarde
C.A



Valencia, 9 de Agosto de 2005

 

 

Mariana Bencomo
de Peña
Fotos: Jairo Altuve

Josefina Penzini de Giménez

Lazos de familia

Esposa, mamá, abuela, bisabuela: la mujer que ha dedicado su vida a la edificación de una familia, exaltando la cotidianidad, conservando tradiciones y siendo feliz de una manera modesta y sencilla de vivir

Cuando un escribidor imagina un personaje, siempre lo construye con sus aspectos excepcionales, esas cosas poco comunes que escandalizan positiva o negativamente: una vida extravagante, un minuto de fama que lo lanzó al estrellato o, simplemente, ese don mediático de impactar mayorías que lo transforma en un héroe de alguna historia.

Cuando Notitarde plantea la idea de entrevistar a Josefina Penzini de Giménez -mi abuela- sentí como una especie de confusión, no solamente por lo inmodesta que puedo parecer, sino porque descubrí muchas razones, no sé si periodísticas, que convertían a esta persona en personaje y que, por haber crecido con ellas -las razones-, no las había visto. Esta vez, no es la mujer profesional, ni la modelo, ni la cantante, ni la miss y, mucho menos, la intelectual o la científica que logra esa cosa palpable y concreta en actuaciones, libros o algún descubrimiento. Se trata de una mujer esposa, mamá, abuela, bisabuela... ese personaje que ha dedicado su vida a construir una familia, y se ha realizado a través de ella; la que ha exaltado la cotidianidad y ha sido feliz en esa manera modesta y sencilla de vivir; la que lucha por conservar tradiciones y se niega a perder esa herencia moral que transmite a su descendencia.

Del amor y las naranjas

Nacida en Los Teques hacia el año 1924, como la segunda hija del matrimonio de Juan Serafín Penzini Hernández y Anita Felice Decanio, vivió su infancia y adolescencia en El Paraíso en la ciudad de Caracas, donde su padre se desempeñaba como ministro de Interiores del gobierno de Isaías Medina Angarita. A los 18 años conoce, en San Fernando de Apure, a Domingo Felipe Giménez Torres, un agricultor y ganadero radicado en Valencia que estaba de paseo con su familia en el llano. "Fue amor a primera vista, le pidió mi dirección a un primo mío y, luego de ese encuentro, me visitó en Caracas hasta que nos hicimos novios".

Pasados dos años de amores, se casaron el 30 de septiembre de 1944 y se radicaron en una casita ubicada en la plaza de San Diego. "Luego vivimos en La Pastora y finalmente en La Caracara, donde compartimos 44 años de vida, hasta su muerte en diciembre de 2003. Allí, en la hacienda, Domingo logra la mutación que da origen a la naranja roja o sanguínea caracara, un acontecimiento importante en la agricultura mundial y por el que nosotros -la familia- nos sentimos muy orgullosos".

Familia que perdura en el tiempo

Ocho hijos -entre ellos Domingo José, el mayor, quien falleció cuando era niño y como homenaje póstumo la familia fundó una escuelita en la hacienda para dar clases a los hijos de los trabajadores-, veinticuatro nietos y diez bisnietos conforman, hasta ahora, su descendencia. "Dedicamos toda nuestra energía a construir una familia sólida porque para nosotros lo más importante es que permanezca unida. Nuestros días han transcurrido compartiendo las cosas sencillas de la vida que son meras manifestaciones de amor: cumpleaños, bodas, vacaciones en Chichiriviche; así como las tristezas naturales y cotidianas que forman parte de esa evolución constante y, a veces, la razón fundamental para que la familia perdure en el tiempo".

 

El día de su casamiento / y al lado de sus hijos e hijas. 
 
 
 
 
 

 VERSOS HEREDADOS

La poesía y el acto de recitar son herencias que los Penzini han cultivado de generación en generación. Juan Penzini escribía, Josefina declamaba, hijas y nietas todavía se paran en algún sarao para desear "Un buena ventura" o sentenciar "La tragedia del río". He aquí un extracto del poema que Angélica Penzini de Barbarito escribiera a su hermana Josefina, en Santa Luisa (Apure) en el año 46:

Frágil

... Tu alma asemeja una blanca azucena, tiene la fragancia del jazmín en flor.

Es frágil, muy frágil, dulce, dulce, buena, bondadosa, tierna... ella es todo amor.


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