Juan Pablo Valero
Fotos: Jorge Cera |
Jutta
de Westphal
Una mujer hecha de sonidos dulces
En la enciclopedia de la música venezolana,
figura su nombre porque es una de las flautistas más importantes
del país. Nacida en Alemania, lleva en Venezuela 53 años,
a lo largo de los cuales ha dejado su marca, llena de sonidos dulces y vivencias
únicas
En medio de libros de René Schckle, Claude Anet
y Pearl S. Buck, escritos en alemán, renace un cuatro muy propio
de nuestro país, como un tributo a la vida de Jutta de Westphal,
quien nació en Alemania el 15 de mayo de 1929 y arribó a puerto
venezolano hace más de 50 años, con una maleta de sueños,
los deseos de aprender español y su eterna acompañante: la
música.
Su infancia en la población de Hamburgo la vivió
rodeada de notas musicales, producidas por la ejecución de su padre
en el piano, que poco a poco se fue arraigando en su ser, hasta convertirse
en su esencia y en el escenario de sus mejores recuerdos.
Alemania tropical
Recuerda que a los 23 años de edad decidió
venir a este país, porque su novio, Friedrich Karl Westphal, tenía
trabajo en una importante empresa. El impedimento eran sus estudios en la
Escuela Superior de Música de Hamburgo, los cuales debía finalizar
antes de embarcarse en una aventura que cambiaría su vida, definiría
la de sus hijos y la de sus futuros alumnos.
Cuando llegó a las costas venezolanas, lo primero
que le sorprendió fue el calor, porque el clima era muy distinto
del de su Alemania natal. También le llamó la atención
ese olor a trópico que aún recuerda perfectamente.
Su matrimonio se escenificó en Naguanagua, en la
prefectura del lugar, y luego de eso se presentaron un destino desconocido
y un viaje hacia el oriente del país, donde vivió unos 6 años,
mientras que su esposo laboraba en las principales industrias tabacaleras
de la zona.
Al crecer sus hijos decidió mudarse junto a su familia
al centro de la nación, para buscar una mejor educación para
los suyos. Se residenciaron en Caracas, ciudad en la cual comenzó
la enseñanza de la música.
En los primeros 10 años de su estadía en
Venezuela, pensaba mucho en su terruño natal, pero a medida que pasaban
los años se dio cuenta de que pertenecía también a
su nueva patria, que desde siempre la recibió con los brazos abiertos.
La pasión y la enseñanza
En la capital de Venezuela se inició como profesora
y empezó a darles clases a los hijos de los alemanes que vivían
en la ciudad, pues aún no dominaba el español y por eso en
su idioma enseñaba las cosas más importantes de la música,
que al fin y al cabo era un lenguaje más poderoso y universal que
todos los que estaban involucrados con su historia.
Posteriormente, se mudó a Valencia y fue en esta
ciudad donde la llamaron para tocar el órgano en la iglesia luterana.
Aquí empieza a construir ese camino que hoy por hoy la coloca como
una referencia obligada a la hora de hablar de la historia de la música
en la capital del Estado Carabobo.
En el año 1972, comienza a tocar violín con
el profesor de su hijo, y éste la invita a formar parte de la Orquesta
Sinfónica de Valencia. Ante esta proposición, respondió
que no se sentía a la altura con el instrumento que ejecutaba y pidió
cambiarlo por el piano o por la flauta dulce, y al ejecutar la última,
se concretó una historia llena de notas y vivencias positivas en
donde la música era la gran protagonista. Luego da clases en varios
institutos de la región, donde sembró en sus alumnos el amor
a la música y la constancia para lograr sus metas.

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| Jutta de niña y adolescente/ Ya en Valencia,
con su familia/ Con sus herederas flautistas. |
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ENTRE MOZART Y BORDADOS
A Jutta de Westphal le encanta bordar manteles
en su tiempo libre. También le fascina todo lo relacionado con ese
genio que es Wolfgang Amadeus Mozart, compositor del cual tiene libros,
discos y hasta vio la película "Amadeus".
Su otra pasión es su familia. Tiene
3 hijos y 4 nietos, quienes tocan la flauta dulce y conforman tres generaciones
de apasionados músicos. |
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