Valencia, 9 de Agosto de 2005

Editorial
Notitarde
C.A

 

 

Alexander Mendoza
Fotos: Wilmer Escalona

María Mercedes Rodríguez de Castillo

Enamorada de la docencia

Tras 24 años como profesora, sigue sintiendo la emoción del primer día dirigiendo un salón de clases. "Una de las cosas que más placer me da es pararme al frente de un auditorio y verlo lleno de estudiantes"

María Mercedes Rodríguez de Castillo encontró su verdadera vocación cuando aún era una bisoña estudiante en la Escuela de Bioanálisis de la Universidad de Carabobo. No se imaginaba encerrada entre las paredes de un laboratorio, midiendo y analizando resultados. La experiencia laboral en su campo era importante, de eso no había duda, pero luego de ejercer su profesión durante tres años tuvo la oportunidad de concursar para un cargo docente en el Departamento de Bioquímica de la Escuela de Medicina. Han pasado 24 años desde entonces y hoy día es una docente de gran reputación en la U.C., como profesora titular de dedicación exclusiva.

Fascinación por la docencia

"Es mi oficio y me llena muchísimo", asegura con una sonrisa sincera. "Una de las cosas que más placer me da es pararme al frente de un auditorio y verlo lleno de estudiantes. Es fascinante. Desde que estudiaba siempre quise hacerlo. Todo este tiempo ha pasado demasiado rápido, porque disfruto mucho no sólo mi actividad docente, sino también el área de la investigación y extensión".

La bioquímica es la piedra angular en los pensa de medicina y bioanálisis. Una materia que desde siempre ha sido el dolor de cabeza de los estudiantes. "Es muy compleja. Muchas veces árida. Por eso intento 'darle la vuelta' para enamorar a los estudiantes. Es un conocimiento que no es fácil de impartir. Estudio y estudio y siento que realmente nunca es suficiente, al momento de preparar una clase".

Es un reto diario, pero María Mercedes nunca lo ha eludido. Desde su primera clase, el ritual se repite y un día jamás es igual a otro. Aunque las condiciones de lo que podría llamarse su "debut" han variado sustancialmente. "Cuando por primera vez estuve al frente de una clase, corrían los tiempos de la masificación estudiantil (tempranos '80). Hasta ese momento el régimen de admisión reducía a unos 100 alumnos el primer año de medicina. Pero en esa época no teníamos esa condición y la cifra subió a 2.000. Era un ciclo básico para escuelas de ciencias de la salud, en nuestro caso cuatro escuelas. No tenía experiencia docente, acababa de concursar y aún era muy joven. Me tocó dar clases en el anfiteatro de Bárbula, pero no en este hermoso anfiteatro que ahora disfrutamos tanto. Aquello era un horror de sillas metálicas, todo derruido, donde los pacientes psiquiátricos deambulaban e interrumpían la clase a cada momento. Estaba parada al frente de 300 estudiantes. Fue duro, pero la experiencia muy valiosa y me ayudaría en el futuro a manejar cualquier situación".

Disciplina y valores

Nos ofrece una reconfortante taza de café al final de la tarde y advierte que no se siente muy cómoda con las entrevistas. Pero el tiempo transcurre sin que lo notemos, y entendemos por qué se roba la atención de sus pupilos. Provoca escuchar lo que tiene que decir.

"Disciplina, valores, buen comportamiento. Esa es mi imagen en el salón de clases y bajo esos valores imparto los conocimientos. Agradezco mucho a mis profesores, todos fueron muy estrictos y exigentes".

Su gran amor por la docencia nunca ha dejado en un segundo plano a su familia; de hecho, declinó varios cargos administrativos de importancia en la U.C., para no restar tiempo a su intimidad. "He tratado de que ambos roles sean parejos, pero siempre mamá y esposa llevan la delantera".

Nada fácil de lograr, tomando en cuenta su responsabilidad al lado de su esposo Julio Castillo, alcalde reelecto del municipio Naguanagua. "He podido involucrar mi trabajo con las comunidades, esas obligaciones en la alcaldía con el trabajo de extensión que exigen en la universidad. Hasta ahora los resultados han sido excelentes, pese a que a veces deseo tener una varita mágica para resolver tantas necesidades". Su trabajo incluye atender la Fundación Crecer Naguanagua y seguir como una de las principales promotoras de la Fundación Amigos del Niño con Cáncer, actividad a la que ha estado ligada por una década.

 

 Dando clases/De viaje con su esposo/y junto a éste y sus hijas.
 
 
 
 
 

 LA PAREJA DEL AÑO

María Mercedes asegura que ha sido muy afortunada de haberse unido en matrimonio con Julio. "Me he casado con un hombre que ha sido tan buen esposo, tan buen padre, tan familiar y que le ha dado tanto valor a nuestra intimidad como pareja, que no puedo decir que haya sacrificado nada por su carrera como político". Ambos disfrutan al máximo estar juntos. "Lo pasamos bien en París o en Chichiriviche", asegura.

Si se les observa, dan esa impresión. Siempre juntos. "Julio es muy romántico y yo soy una mujer pragmática, objetiva, terrenal. Allí está el complemento", dice. "También soy afortunada de tener tres hermosas hijas: Laura Helena, Anabela y Eugenia".


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