Blanca Román
Fotos: Wilmer Escalona |
Marilse
Vargas de Degwitz
"Nunca dejaré de bailar"
"En este arte hay demasiado que enseñar y demasiado
que aprender. Hay que ponerle mucha fuerza y pasión, es decir, hay
que sentirlo para poderlo expresar". Su
mayor sueño es ver a una de sus alumnas convertida en figura internacional.
En eso se esfuerza, cada día, desde la escuela que dirige hace ya
once años en el Country Club de Valencia
El flamenco es una música íntima por antonomasia
y su auge lo empuja a una nueva era, donde esa oleada de bailes modernos
lo han reconvertido y enriquecido. "En este arte hay demasiado que
enseñar y demasiado que aprender. Hay que ponerle mucha fuerza y
pasión, es decir, hay que sentirlo para poderlo expresar".
Marilse Vargas de Degwitz, bailadora profesional de flamenco,
nació en Valencia en 1971, y apenas con 3 años de edad comienza
su preparación artística. En esta primera etapa recibe una
enseñanza integral: danza contemporánea, jazz y flamenco,
siendo este último su verdadera pasión.
Veinte años bailando
A sus 33 años de edad tiene ya una experiencia como
bailadora de 20 años, y como profesora, 14. Así que no extraña
escucharle: "No dejaré de bailar nunca. Si Dios me da todas
las condiciones necesarias, nunca dejaré de bailar; pero en un remoto
caso, me dedicaría a mi familia y al diseño de moda. Y con
respecto a dar clases, hasta que el cuerpo aguante, porque es algo que me
llena muchísimo".
Cuando empezó en el flamenco ya había hecho
danza, ballet, jazz, es decir, ya tenía mucha facilidad en el baile,
todo gracias a su madre, quien le dio una buena base en cuanto a la preparación
artística.
Marilse, la mayor de cuatro hermanos, comenta: "A
mí siempre me había gustado, y mi papá, que le encanta
el flamenco, los domingos nos ponía a bailar a mi hermana menor y
a mí".
Durante un año estuvo fuera del país, y cuando
regresó a Venezuela, la presidenta del Country Club de Valencia para
ese momento le propuso que diera clases de flamenco, y ella aceptó.
"Para mí, más que un trabajo, el flamenco sigue siendo
una pasión".
Fue imposible evitar hablar de Joaquín Cortés,
quien tiene un estilo propio y forma parte de esa oleada moderna que ha
reconvertido esta corriente artística. Marilse es de las que opinan
que el flamenco pudiera agradecerle mucho a esta destacada figura internacional,
que lo ha llevado a todos los rincones del mundo, ya que ha hecho de ésta
una tendencia más que popular y queridísima por mucha gente.
"Yo pienso que todo tiene que evolucionar, y mientras más se
enriquezca cualquier tipo de corriente artística, muchísimo
mejor".
Esta joven valenciana, fundadora de la escuela de flamenco
que lleva su nombre y que funciona en el Country Club de Valencia desde
hace once años, tiene hoy en día unas 350 alumnas, aproximadamente.
Confiesa que su sueño es ver a una de sus niñas convertida
en una importante figura reconocida internacionalmente.
No obstante, Marilse se queda pensativa por unos instantes
y comenta otro de sus deseos, y es que "la escuela de flamenco es una
institución que está consolidada, pero me gustaría
darle más apertura, tener más alumnas, tener otra sede".
Asegura que como docente se siente realizada, y que disfruta más
dando clases que bailando.
"Me encanta el diseño de modas"
En esta oportunidad entrevistamos a una Marilse Vargas
con cinco meses de embarazo, que espera un varón y que tiene una
hija de cinco años de edad. Aún continúa asistiendo
a la escuela de flamenco, pero tan sólo dirigiendo. Además
de bailar, la familia la llena plenamente, pero le encanta el diseño
de modas. De hecho, ya tiene una línea de trajes de baño exclusivos,
llamada "Salmón". También diseña el vestuario
de sus alumnas.

|
| La pequeña bailaora/ Con uno de sus diseños/
En familia/ y junto a Cortés y Canales. |
 |
 |
 |
 |
 |
 |
CON MUCHA SUERTE
De visita en Europa, Marilse ha tenido
la enorme suerte de tropezarse, en plena calle, con dos figuras del flamenco.
El primer incidente le sucedió con
Antonio Canales, a quien conoció en París, mientras recorría
la "ciudad luz".
El segundo acontecimiento tuvo lugar en
España, nada más y nada menos que con Joaquín Cortés.
El encuentro (dividido en parte I y parte II) la tomó tan de sorpresa
en su primera fase, que tuvo que resolver el tradicional autógrafo
del artista con un lápiz de maquillaje que cargaba en el bolso. La
parte II se cristalizó a los días, en un espectáculo.
Allí sí andaba provista de libreta, bolígrafo y hasta
cámara. Qué suerte, madre mía! |
|