Valencia, 9 de Agosto de 2005

Editorial
Notitarde
C.A

 

 

Mariana
Bencomo
de Peña
Fotos: Jacinto Oliveros

Antonieta Ferrara

"Soy una niña rosada"

Generadora de espacios, momentos y días felices, a través de la decoración heredada y remozada de puro amor

El tiempo muchas veces transcurre en la espera de ese momento extraordinario, del logro inédito, del amor eterno, de la muy estudiada estabilidad emocional y el muy ponderado antiestrés, de esa felicidad que imaginamos perenne cuando encandilan los flashes de la plenitud. Es así como la canción de Yordano: "... algo bueno tiene que pasar...". Antonieta Ferrara ha echado por tierra, en su vida cotidiana, esa especie de teoría que adoptamos contrariados por lo absurdo que significa: la búsqueda permanente de una felicidad absoluta, dichosa para los desconocidos que han logrado alcanzarla y angustiosa para los que siguen pegados en la idea. Ella, la que decora esta entrevista con varias frases que siguen, ha dejado de buscar por los rincones; ella misma se ha convertido en generadora de espacios, momentos y días felices.

Diseño de vida

Antonieta es hija de José y Carmen Ferrara, una respetada y reconocida pareja, él comerciante exitoso llegado de Italia; ella, una de las primeras bioanalistas que conoció Valencia. Desde hace 44 años mantienen en la avenida Montes de Oca "Decoraciones Ferrara", negocio pionero en la venta de telas para tapicería. Allí nació Antonieta, se preparó profesionalmente en Italia como diseñadora de interiores y tiene 24 años al frente de la tienda. "No me hubiera gustado nacer en otro sitio, aunque considero que mi vida no es la de una valenciana estándar porque el ser hija de inmigrantes y el haber estudiado fuera de Venezuela me han dado la oportunidad de desarrollar un estilo muy particular que se manifiesta en la estética de mi casa y en esa manera a veces demasiado espontánea de relacionarme. Creo que Valencia es la ciudad perfecta para vivir porque te da tiempo de establecer una conexión cercana entre las actividades laborales, las propias de la mujer y la de tus hijos". María Elizabeth y María Fedora, dos mujeres amamantadas de puro amor, son sus dos hijas; la mayor sigue el rumbo heredado de la decoración; la menor ya es una comunicadora social.

 

Corazón desbordado

Esta conversación transcurre también hablando de puro amor porque ése es el tema de la vida de Antonieta: decorar espacios, cambiar vidas, para despertar los sentidos a través del olor de las velas, del color de la tela, de la textura del cojín o del sabor del vino. Se trata de generar instantes felices todos los días de la vida. "Soy una niña rosada, mi película preferida es 'Notting Hill'. Mi cuarto es rosado y está lleno de corazones, siempre ando con una flor en mi cuerpo, con un perfume, con un libro que hable de amor y con un amor que pudiera ser eterno".

Ese corazón desbordado, absolutamente femenino, que no conoce de practicidad ni de esas formas artificiales que encubren sentimientos, es el origen de su libertad. "Lo que hace a una mujer libre es reconocer las cosas que te hacen feliz. Mimarse es lo único que te permite ser dueño de ti y por eso admiro a todas las mujeres que se dan un 'break' para consentirse, mientras le echan pichón a la vida, transformándola en una fiesta que hay que celebrar todos los días".

 

 

 

 

 

 



 

 

 

 Antonieta en tres facetas distintas / con sus hijas María Fedora y María Elizabeth
 
 
 
 
 

 "GUIA PARA REMENDAR UN CORAZON ROTO"

Antonieta lee cuanto best-seller del corazón aparece en el Top Ten. Desde Laura Esquivel hasta Angeles Mastretta. Apilados cual ladrillos terminan la escultura de papel que se erige al pie de su cama. Me recomienda la dedicatoria de un libro llamado "Guía para un corazón roto", que, según ella, define su vida: "A él, que rompió mi corazón. A mi mamá, que me lo advirtió. A todas mis amigas que me acompañaron en la ruta de este mapa y estuvieron en todas mis locuras".


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