Editorial Notitarde
C.A



Valencia, 9 de Agosto de 2005

 

 

Leonor Mendoza
Fotos: Jorge Cera

Nina Nikanórova

El ángel que vino del frío

Ya no usa zapatillas, mallas ni tutú, pero sigue dominando el pas de deux y enseñando. Sigue reconociendo cuando unas piernas largas y ágiles pueden ser soporte de la danza para dar renombre internacional a nuestro país

En el interior de su alma, en sus gestos y en lo intenso de su mirada, nadie duda que, a pesar de su hablar en un castellanizado ruso, es más criolla que la arepa y tan valenciana como el Cabriales.

Si alguien revisa la historia del ballet clásico en la región desde 1948, verá que ella se ha ganado, a fuerza de lucha y entrega, el título de "hija de Valencia", y "patrimonio cultural de Carabobo", como la calificó en 2001 el entonces secretario de Educación del estado, Simón García, cuando pasó a jubilación, quedando como maestra ad honórem de la escuela que lleva su nombre y que fundó con muchos sacrificios hace 57 años.

"En un lugar de la lejana Rusia, donde las aguas del Volga se mezclan con las del Tvertsa, entre Moscú y San Petersburgo, se encuentra la comunidad de Tver, a veces llamada Kalinin. Allí nació en el invierno del 18 de diciembre de 1923, más precisamente en Stepanovo, una niña que, nacida allí, por obra y gracia de la danza, estaría destinada a ser valenciana por amor y corazón. La niña era Nina Nikanórova. Sus padres: Trafim Nikanorov y Elizabeta Gorbunova".

Así la presenta el Dr. Guillermo Mujica Sevilla, cronista de la ciudad de Valencia, en el libro que se está escribiendo sobre la Escuela de Ballet "Nina Nikanórova", entre cuyos autores está Helena Sokolova, su hija médico y bailarina, su inseparable compañera.

La vida de Nina se divide en dos etapas intensas y bajo un mismo signo: el arte de la danza. La primera se desarrolla en su natal Tver, donde a los 15 años ya viaja por Rusia con la compañía de Bebutov Arbenin. En 1941, designada profesora de ballet en la Academia de Bellas Artes de Brest-Litovsk, impulsa su carrera como bailarina principal. Pero esta talentosa mujer estaba predestinada a enseñar su arte en otras tierras, donde es lanzada al ser superviviente del primer estallido de la II Guerra Mundial, cuando una bomba destruyó el teatro donde se presentaba con su compañía en la frontera de su país con Polonia. La guerra le impidió regresar a casa y volver a ver a sus padres.

Un pais llamado Venezuela

Apátrida, refugiada y buena lectora, llegó a sus manos un diccionario en el cual encontró un mapa de Sudamérica y la historia de un libertador de naciones llamado Simón Bolívar, natural de un país llamado Venezuela. Lo que leyó la hizo decidir a dónde ir junto a su esposo, su hija Helena y sus suegros, con una maleta en la que sólo cabían los sueños y algunas prendas personales.

Tenía 24 años de edad cuando llegó en barco a Puerto Cabello y de allí a El Trompillo. Pisó tierra venezolana el 1 de octubre de 1947. Comienza la definitiva etapa de la vida de esta mujer que vino a buscar la libertad, trayendo en el latir de su sangre y el palpitar de su corazón el arte puro del ballet para diseminarlo en hijos de esta ciudad que le dio cobijo.

 

El ángel de la danza

De ello hace 57 años. Su historia comenzó al día siguiente de su llegada, el 2 de octubre, en el Teatro Municipal de Valencia, donde impactó a una sociedad ávida de cultura. No ha dejado de bailar. Aunque guardó zapatillas, mallas y tutú, sigue poniéndose de puntillas, con su paso corto y acompasado, asesorando e imponiendo su reconocida y temida disciplina a los nuevos aspirantes.

Valencia hoy puede decir que entre los regalos recibidos está Nina, el ángel de la danza que llegó del frío para quedarse y diseminar su arte sobre otros seres que ha convertido en bailarines de alto nivel académico, quienes han llevado el tricolor de Venezuela a escenarios internacionales. La lista es larga: Alfredo Pietri, Carlos Nieves, Austra Janifis, Glenda Lucena, Francis Sequera, Liliana Pannebianco, David Noguera; Helena Sokolova, su hija; su nieta Elizabeth Núñez, Duneska Méndez.

Nina Nikanórova es la historia del ballet en Valencia. A fuerza de lucha, con su carácter y disciplina, con poco reconocimiento económico y al vaivén de los gobiernos de turno, no desmayó ni cerró las puertas de lo que hoy es la Escuela de Ballet "Nina Nikanórova". Sus ojos se entristecen porque no ha logrado la sede, a pesar de que el alcalde de Naguanagua, Julio Castillo, le cedió el terreno.

 

Nina se ve reflejada en su bisnieta, Daniela Valentina. 
 
 
 
 
 

 SU TESORO MAS PRECIADO

Para su hija Helena, Nina es un ser excepcional, por su entrega al ballet, por el valor que tiene la familia, para ella, que perdió a sus padres y hermanos en la guerra. La presencia de sus seres queridos es vital. Su gran amor es su bisnieta Daniela Valentina, su "mascota".

La pequeña Daniela heredó de la bisabuela el gusto por la música, la danza; en la pícara niña, la maestra Nina se ve reflejada, en esa especial combinación de lo clásico y lo criollo, que promete un extraordinario resultado de la fusión de la sangre de dos mundos.


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