Silmari Rivas Rubin
Fotos: Wilmer Escalona |
"Quechu"
Jesús Navarro de Marcano
La cocina es mi oficina
Era apenas una niña cuando llegó hace 63
años del País Vasco, con sus padres y hermanos, mientras por
allá seguían padeciéndose los estragos que había
dejado la Guerra Civil. Su estadía en Venezuela, y específicamente
en Valencia, le enseñó a amar y a defender esta tierra y a
su gente, al punto que no piensa regresar a su país natal. Prefiere
sus comidas, al igual que le gustan los platos venezolanos. Por ello los
prepara para darlos a saborear a quienes tienen la dicha de conocerla
Por su verdadero nombre casi nadie la conoce, porque desde
que apenas era una niña la llamaban cariñosamente "Quechu",
que es el diminuto vascuence de María Jesús. Aunque principalmente
es identificada por los exquisitos platos que prepara, porque si algo es
cierto, es que en la cocina ella es la mejor.
En esa parte de la casa es donde más a gusto se
siente; allí no sólo cocina, sino que además lee, habla
por teléfono y atiende la visita de sus amigos. De hecho, cuando
nos recibió -con el carisma que la caracteriza- en un primer encuentro
nos abrió sus brazos, invitó a pasar hasta allá y nos
dijo: "Bienvenidos a mi oficina".
Empezó entonces una divertida tarde, ya que otra
característica de esta mujer es su marcado y agradable sentido del
humor. Llegó al país cuando apenas tenía dos añitos
y vivió por mucho tiempo en una urbanización ubicada en Morón,
detrás de Venepal, empresa en la que, ya de grande, se desempeñó
como secretaria bilingüe, tras estudiar inglés en Jamaica.
30 años en Valencia
Pero antes pasó muchos años en Caracas y
posteriormente llegó con su familia a Valencia, donde desde hace
más de tres décadas tiene fijada su residencia, la cual comparte
con su esposo, Julio Marcano, y sus hijos Ricardo, Rodolfo y Raúl.
"El mayor es médico cirujano y los menores son técnicos
de aire acondicionado".
Empezó a dedicarse a la cocina para agradar a sus
allegados hace más de 30 años, pero el oficio le apasionó:
"Y conseguí hacer buenas cosas, como los platos venezolanos,
franceses y vascos". Aunque se puede decir que sus aptitudes para este
oficio las lleva en la sangre "porque, para remate, vengo de una familia
que cocinaba muy bien, como mi madre; ella era vasca".
De su progenitora también aprendió a hacer
-como dice el refrán- de tripas corazón, "pues ella cocinaba
sabroso y sin grandes pretensiones, porque venía de la guerra (...)
entonces de cualquier cosa sacaba platos maravillosos".
Y en lo que más se destaca Quechu es en la elaboración
de hayacas y paellas; "ya no sólo las hago para la familia,
sino que incluso me las encargan desde Caracas y mucha gente las lleva para
España, Estados Unidos, Alemania e islas cercanas".
En la temporada pasada alcanzó a hacer más
de 2 mil, solamente con la ayuda de Mireya, quien la acompaña hace
más de 25 años, desde que elabora platos para la venta. "Es
mi mano derecha, es parte de mí; sin ella, yo no podría (...)".
Siente que no rinde com antes
Con cierta nostalgia Quechu, a sus 64 años de edad,
reconoce que no está tan ágil y no rinde tanto como antes:
"Es por eso que, pese a que trato de complacer a todos mis clientes,
no acepto pedidos de más, para no quedar mal, pues".
Lo recaudado por sus ventas le permite colaborar con su
esposo y sus hijos para mantener la bella casa donde viven, que está
rodeada de vegetación. Es espaciosa, fresca y tranquila, y en la
sala principal se encuentra un retrato de María Jesús cuando
tenía aproximadamente 30 años.
Quechu se mantiene ocupada todo el año, ya que también
prepara bufés para bautizos y primeras comuniones; y hasta hace poco
mantuvo un restaurante pequeño en su casa, en el que ofrecía
comida sana del día; pero no le funcionó, aunque ése
era uno de sus sueños.
Gracias a Dios este fracaso no provocó que ella
desmayara en su oficio. Por el contrario, hoy por hoy cocina con mayor entusiasmo
y en cada plato entrega su corazón, se mantiene feliz al agradar
a sus seres queridos, ir al mercado a comprar los ingredientes más
frescos y atender su hogar.

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| Retrato de "Quechu"/En la cocina-oficina/ acompañada
de su esposo e hijos. |
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ME FALTO DECIRTE QUE ADORO LAS PLANTAS
Apasionadamente Quechu también se
entrega al cuidado del hogar, en especial al de sus plantas. Es por ello
que recibe cada día en el jardín de su casa, donde tiene unas
matas de orquídeas, otras plantas con similar belleza y un inmenso
árbol de mango. "Las riego, hablo con ellas y hasta las regaño;
al mismo tiempo respiro el fresco aire de la mañana, para luego preparar
el desayuno, y después de que me desocupo, empiezo a leer aquí
mismo, en mi cocina". |
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