Blancalida Vega
Fotos: Jacinto Oliveros |
Rosa
Navarro de Palacios
Andina con sabor a valenciana
Hace 36 años llegó a la ciudad para apoyar
a su esposo Germán, sentimental y laboralmente. Juntos formaron una
hermosa familia y dieron a conocer y degustar la famosa "empanada operada"
Rosa Navarro de Palacios nació en San Antonio del
Táchira un 16 de junio. Llegó a la ciudad hace treinta y seis
años por cuestiones del azar; aunque definitivamente su destino era
Valencia.
Esta digna geminiana, proveniente de un típico pueblo
de los Andes venezolanos, nunca se imaginó viviendo en otro lugar.
Sin embargo, cuando la familia de su cónyuge, Germán, se vino
a esta ciudad, él también quiso mudarse y, sin dudarlo, ella
lo secundó en la idea y así se instalaron acá, con
su primera hija en brazos.
Siendo la cuarta de quince hermanos, Rosa siempre estuvo
rodeada de atención, cariño y mucho calor humano, características
de su personalidad que transmite apenas uno la conoce. Con las tradicionales
sencillez y amabilidad de su tierra natal, al presentarle a cualquier persona,
lo primero que hace es ofrecer el acostumbrado cafecito venezolano "¿con
o sin azúcar?".
En "La esquina del Sabor "
A Rosa y a su esposo la suerte les sonrió en nuestra
ciudad, pues aquí iniciaron su hermosa familia, aparte de un negocio
que desde hace 25 años ha dado a conocer al mundo uno de los platos
típicos de Venezuela. Se trata de "La Esquina del Sabor",
una vistosa casa amarilla con ventanas azules, ubicada en la avenida Montes
de Oca cruce con Montilla de Truanes, muy cerca de la Iglesia San José,
visitada diariamente por cientos de personas, entre ellas turistas de fama
internacional, quienes aprovechan su estadía en la capital carabobeña
para saborear una deliciosa "empanada operada".
Este dulce personaje confiesa que nunca había trabajado,
pero que no tuvo problema en ayudar a su esposo, primero en una cantina
escolar, y luego en la conocida venta de empanadas, haciendo lo que más
sabía y lo que más le gustaba: cocinar, eso sí, cuidando
con mucho detalle la selección de cada uno de los ingredientes que
ella misma va a comprar en el mercado.
Cuando llegaron a Valencia, establecieron su hogar en Naguanagua,
luego en San Blas, después en La Isabelica, y finalmente en el centro,
donde todavía tiene su residencia, en la que vive junto a sus cuatro
hijos Ricardo, Juan Carlos, Socorro y Aurora, y sus seis nietos. "Me
gusta mucho ir a los Andes de vacaciones, pero definitivamente no me voy
de Valencia por nada del mundo".
La señora Rosa, junto a su fallecido esposo, se
dedicó en primer lugar al cafetín del Colegio Betania; "...
posteriormente -nos dice Rosa- necesitamos un local para hacer empanadas,
arepas y otros tipos de comida, así que compramos un negocio para
ofrecer alimentos un poco más elaborados".
Rosa, 100% Mamá
A pesar de que ella sólo estudió hasta sexto
grado de primaria, diariamente ayudaba a sus hijos en las tareas escolares.
Hoy siente la satisfacción de que todos son bachilleres, e incluso
uno de ellos, Juan Carlos, está en la universidad y pronto obtendrá
el título de contador público.
"Para mí, lo más grande del mundo es
tener un hijo; algo que creció en ti y a lo que tú le diste
vida. De verdad es algo increíble". Sin embargo, dice que el
ser abuela también ha sido muy especial. "Siento que es un amor
distinto, aunque igual de grande, quizá por la edad uno los disfruta
mucho más; aparte, puedo consentirlos libre de la responsabilidad
propia de los padres, si bien estoy muy pendiente".
En su opinión, muchas madres actuales se dedican
demasiado a desarrollarse como profesionales, y a veces se olvidan del cuidado
del hogar. A ellas les recomienda que, de la misma manera, le dediquen tiempo
a la educación de sus hijos, enseñándoles principios
morales a través del ejemplo, porque asegura que las satisfacciones
más grandes en la vida provienen de los éxitos que logran
esas "pequeñas semillas que uno siembra" y con las que
se debe tener mucho cuidado y amor al cultivarlas.

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| El día de su boda/ Junto a su familia / y en lo que
más le gusta: leyendo Notitarde y cocinando. |
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SI LES GUSTO...
CORRAN LA VOZ
"Un buen día, mi esposo abrió
una empanada ya rellena, para que se enfriara y no estuviera tan caliente
al momento de comérsela; luego le puso dentro todo lo que había
sobrado para hacer las arepas. Le gustó mucho el sabor y comenzó
a ofrecerles a los amigos, a quienes también les encantó,
y cada día venían a visitarnos para comerse una. De allí
surgió la idea de comercializarlas con el nombre de 'empanadas operadas',
y así nació 'La Esquina del Sabor', que primero abrió
sus puertas en la avenida Carabobo con Arismendi, para luego mudarse a su
sede actual". |
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