Leonor Mendoza
Fotos: Jorge Cera |
Rosario
Clemente Lange
Con el cielo ganado
Más que una entrevista con esta mujer de fe, sentí
al concluirla que encontré un consejo, un ejemplo de vida para recordar
en momentos difíciles. Sus gestos, su risa sin malicias, son un homenaje
a Dios y a la Virgen María, sus protectores, sus guías y su
pasión. Ella reconforta y se crece ante otras presencias signadas
por el egoísmo y la miseria humana
Tiene la energía que la hace diferente de los demás.
Irradia una mirada clara, directa, limpia, que hace confiable a esta mujer
que ha hecho de la oración su compañía más preciada,
lo que le permite comunicarse con Dios y consultarle cada paso que da.
Ha dedicado su vida a cumplir la misión para la
cual, está convencida, fue destinada. Le da gracias a Dios por todo
lo que le ha permitido dar a través de su debilidad humana, y de
colaborar en su plan de salvación y propagación de su reino.
Como un premio a tanta constancia, Monseñor Jorge Urosa Savino acaba
de otorgarle un emotivo reconocimiento por cumplir 31 años al servicio
de la Curia Arzobispal de Valencia.
Rosario Clemente Lange, cuyo nombre coincidencialmente
tiene gran significado religioso, nació hace 82 años (1923),
en La Haya (Holanda), cuando su padre, Jesús María Clemente
Revenga, "de los Revenga valencianos", cumplía funciones
diplomáticas de Venezuela en ese país. Allí nacieron
sus otros cuatro hermanos y pasaron su infancia hasta que se produce el
regreso, cuando ella tenía apenas 13 años de edad.
Es una mujer vital, que a su edad, sin ruidos ni platillos,
ha hecho grandes cosas por Valencia, sobre todo por la juventud católica
y por la Iglesia, a cuyo servicio ha estado en cuerpo y alma desde que cumplió
los 18 años de edad, cuando su padre le dio permiso y la llevó
para que ingresara en la Congregación San José de Tarbes,
donde hizo votos de castidad y entrega a la causa del Señor.
Sin los habitos, pero con dios
Pero en 1975, después de 30 años en la congregación
y a los 52 de edad, decide abandonar los hábitos, por no estar de
acuerdo con algunos cambios de la Iglesia a raíz del Concilio Vaticano
II. Monseñor Luis Eduardo Henríquez, arzobispo de Valencia
para ese entonces, con quien trabajaba como secretaria de la Curia, le da
su aprobación, y ella le dice: "Disponga de mí".
El le responde: "Te quedas aquí".
Así lo hizo, sin dejar de cumplir compromisos como
educadora, en el Colegio "Lourdes", donde ocupó la dirección
y sigue dando clases a los jóvenes para quienes sirve de guía
como mujer de fe, formándolos con disciplina y carácter. Tampoco
dejó a los seminaristas y sigue disfrutando del cariño y admiración
de sus ex alumnos que hoy son sacerdotes. Su labor se remonta con los monseñores
Linares, Adam y Henríquez. Cuando los paúles tenían
la dirección del Seminario Menor ella cuidaba a los seminaristas
que iban a recibir clases al "Lourdes". Al pasar a ser Seminario
Mayor, continuó las cátedras de filosofía, lenguaje
y comunicación, lectura y oratoria. Desde el año 75 está
compartiendo su tiempo entre el Seminario Mayor, el "Lourdes"
y la Curia como secretaria.
Educadora a tiempo completo
Se graduó de normalista en el año 46, pero
antes obtuvo dos títulos de bachiller: egresó en física
y matemática en el Liceo "Pedro Gual", y en filosofía
y letras en el "Lourdes", requisito que debió cumplir para
ingresar en la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad
Católica "Andrés Bello", de donde egresó,
en la primera promoción en el año 59 con especialidad en letras.
Con esta preparación pasó a ser subdirectora, secretaria y
profesora del Colegio "Lourdes". También compartió
su vida religiosa dando clases durante 10 años en el Instituto Universitario
de Nuevas Profesiones y en la Universidad de Carabobo. Hoy sigue entregando
su capacidad de trabajo en la Casa Hogar "Febres Cordero". Ayuda
en las misas de El Viñedo los domingos como ministra extraordinaria
de la distribución de la comunión, designada por Monseñor
Urosa desde el año 95. Como si fuera poco, está al frente
de la Secretaría de la Curia Arzobispal de Valencia y dicta clases
en el Seminario Mayor.
Asegura que Dios es quien nos traza el camino y que tenemos
que seguirlo porque debemos ir hacia Cristo. Ese destino le ha dado las
armas para ayudar a los demás olvidándose de sí misma.
Estamos seguros de que con toda esta ocupación y vitalidad, tiene
infinidad de ángeles que ya le reservaron su puesto en el cielo.

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| Rosario Clemente junto a: Monseñor Jorge Urosa,
seminaristas y familiares. |
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CUERPO SANO
Indudablemente que su don de gentes le
atrae energía positiva que ella, a su vez transmite. Pero su fortaleza
y vitalidad también viene de su pasión por los ejercicios
físicos. De pequeña era una gimnasta consumada, amaba hacer
aros, paralelas, mantener el cuerpo en movimiento. Hoy, sigue su rutina
diaria de 5 minutos antes del baño: Ejercita brazos, cintura, piernas
y hace flexiones. "Para que no se le oxiden las bisagras", además
de protegerse de la artritis y la osteoporosis. Toca el piano cuando puede
y su alma alegre canta todo el tiempo. |
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