Editorial Notitarde
C.A



Valencia, 9 de Agosto de 2005

 

 

Alejandrina Uribe-Betancourt
Fotos: Wilmer Escalona

Teresa Elvira Vanegas Espinoza

Defensora de la vida

Gracias a ella el Hospital Universitario Dr. Angel Larralde tiene la única Unidad de Hematooncología Pediátrica del centro del país. Ha tratado a más de 600 niños con cáncer, y cuando la ciencia se rinde, ha visto los milagros de la mano poderosa de Dios

Le encantan las películas históricas y de suspenso, pero son las infantiles las que más disfruta con sus hijos Gret Vanessa, Carlos Eduardo y Luis Alejandro. Con una sonrisa, que le ilumina el rostro, dice: "Siempre las vemos desde que eran niños, es algo que disfrutamos mucho, incluso hoy que están grandes". Al escucharla hablar de su pasión cinematográfica, descubro una afición que no hubiese imaginado en una oncólogo, así como rasgos de su identidad: una investigadora, sensible y generosa, poseedora de un espíritu tanto o más heroico que el de los gladiadores del séptimo arte, pues es una guerrera contemporánea que enfundada en su armadura blanca lucha diariamente contra la muerte, "la cual tengo cada día a mi lado y siento que tengo que arrebatarle al niño que nos quiere quitar. Todavía lloro cuando se me muere un paciente y me alegro al ver uno sano; el día en que pierda esa sensibilidad no serviré como médico".

Teresa Elvira Vanegas Espinoza, maracucha de nacimiento con padre ecuatoriano y madre colombiana, dice entre risas que con su linaje "es la perfecta bolivariana". Su primer nombre viene del griego y significa: cazadora, vigilante o cuidadora; características presentes en ella, quien en sus viajes por el mundo anda "a la caza" de los últimos avances científicos, para traerlos al terruño valenciano, que ha hecho suyo desde hace más de doce años, donde nacieron sus hijos varones y al que le agradece su crecimiento profesional y personal. "El valenciano al principio te ve así como receloso, pero cuando te quiere es de verdad y te respeta". Hace diez años, y dado el alto costo de los tratamientos, con un grupo de damas voluntarias creó Fundanica (Fundación para los Niños con Cáncer del Estado Carabobo), y está muy agradecida por el apoyo recibido para la fundación, donde requieren un albergue para hospedar a los niños que llegan desde muy lejos y que por su delicado estado de salud no pueden regresar de inmediato a sus hogares, pues en el hospital sólo cuentan con ocho camas. "Fundanica es el trabajo conjunto donde las madres de los niños han jugado papel fundamental".

Entre la ciencia y los milagros de Dios

Divorciada y egresada de la Universidad del Zulia, hizo su postgrado en Pediatría en la Universidad de Carabobo. En Maracaibo se especializó en oncología pediátrica. Regresó y creó la Unidad de Hematooncología Pediátrica, donde atienden a niños de Carabobo, de estados vecinos y de ciudades tan distantes como San Cristóbal. Al principio pocos creían en el proyecto, mas su mayor reto fue consigo misma cuando al ver a tantos pequeños enfermos empezó a cuestionarse su fe en Dios y por qué hay estas enfermedades en niños. "El Dr. Isidro Benavides con su palabra y ciencia me ayudó mucho, poco a poco restablecí mi fe plenamente, porque un individuo sin fe no puede ejercer ninguna profesión. Dios es para mí la bondad extrema y un apoyo incondicional. El saber que un niño está con Dios me hace sentir mejor, el cielo es de ellos. Creo en los milagros y recuerdo el caso de Luis Escobar, un pequeño muy grave con tumor cerebral, y al frente de él estaba una niña con tumor abdominal. êl es muy devoto de la Rosa Mística, y una mañana le dijo a su mamá: 'No te preocupes, hablé con la Virgencita y me dijo que estoy curado', y estaba lleno de escarcha. Al día siguiente la niñita se quejaba y no lo dejaba dormir, y él le dijo: 'Mira, Katiusca, cállate, que hablé con Papá Dios y tú también te vas a curar'. Ambos pese a su gravedad y nuestras limitaciones milagrosamente se sanaron". Casos como éste ratifican su fe en Dios y la hacen desistir de la mal llamada "muerte por piedad". "¿Quién soy yo para decidir si un niño va a vivir o no? Sólo Dios puede hacerlo".


Con sus hijos Gret Vanessa, Carlos Eduardo y Luis Alejandro. 
 
 
 
 
 

 AMANTE DE LA COCINA, COLECCIONISTA DE PIEDRAS Y PIRAMIDES

Es una apasionada de la cocina, donde desborda su creatividad, y en su hogar está su colección de piedras (adora desde los cuarzos hasta las de río), las pirámides que trajo de Egipto y diversas vírgenes que con otros detalles religiosos son parte de los obsequios que ha recibido de sus pacientes en agradecimiento a su labor y calidad humana. Cada regalo encierra la historia de un niño con una sonrisa de vida, que la estimula para amar su profesión que considera la hace mejor persona, así como para jugar feliz con su perrita Mandy, la gran consentida de la casa.


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