Editorial Notitarde
C.A



Valencia, 9 de Agosto de 2005

 

 

Blancalida Vega
Fotos: Jacinto Oliveros

Aura Marina Ríos Vielma

Una clásica amante del rock

A muy corta edad tuvo la fortuna de descubrir su vocación: la música. A partir de ese momento ha desarrollado una carrera increíble como pianista, directora, y hasta gerente de centros culturales. Una trayectoria que nada ni nadie ha logrado detener y que ha llevado el nombre de Carabobo muy en alto, dentro y fuera del país

Jovialidad, optimismo, simpatía, humildad, disciplina, constancia, y la extraña combinación del rock con la música clásica, son sólo algunas de las palabras que podrían definir a una mujer que, como buena acuariana, disfruta lo que hace y sueña con hacer de este planeta un lugar más encantador.

De allí la pasión que siente Aura Marina Ríos Vielma bien sea al tocar el piano o al dirigir un orfeón. "Este es uno de los pocos trabajos que te emocionan tanto, que a veces te hace llorar; y lo más increíble es que te permite transmitir ese sentimiento al público, permitiéndole, aunque sea por un momento, olvidar sus problemas y recordarle lo bello que es vivir".

Esta fanática de agrupaciones como Pink Floyd, Led Zeppelin, Génesis, Yes y Scorpion también gerenció el Teatro "Alfredo Celis Pérez", oportunidad que aprovechó para hacer realidad uno de sus más preciados sueños: organizar un concierto en el que Ion Anderson y David Palmer, integrantes de la banda inglesa "Jethro Tull", interpretaran sus más sonados éxitos junto a la Orquesta Sinfónica de Carabobo.

La hija de Reyes Ramón Ríos Rodríguez y Aura Margarita Vielma de Ríos nació en La Candelaria, en un hogar sencillamente maravilloso, donde vivió una infancia feliz junto a sus cinco hermanas y en el que su papá se convirtió en su mejor apoyo. Tanto, que pensó ser ingeniero civil, simplemente porque él era maestro de obras.

Dice que una de las cosas más importantes que aprendió durante su niñez fue la humildad. De hecho, no tiene fotografías de sus presentaciones, ni recortes de prensa; lo único que conserva es un álbum armado por su padre, que descubrieron en un archivo personal, el cual incluía un autógrafo que ella le obsequió a su "fan número 1".

Una carrera que no para nada ni nadie

Cuenta que su ingreso al mundo de la música fue un poco "accidental". Pues todo comenzó por acompañar a su hermana que recibía clases de solfeo y así inició una carrera que "no la detiene nada ni nadie". Luego ingresó en la Escuela de Música "Sebastián Echeverría Lozano". Recuerda que adoraba tanto ir a clases que hasta se ponía brava cuando daban vacaciones.

Después se mudó a Maracay para continuar su preparación musical, y mientras estudiaba bachillerato en el Liceo "Martín J. Sanabria", cantó en la coral del instituto y formó parte de un quinteto de jóvenes estudiantes organizado por el profesor Federico Núñez Corona.

A partir de ese momento, comenzó a viajar por todo el país, y posteriormente ingresó como cantante en la Orquesta Filarmónica de Carabobo: "Allí me dio el gusanillo de la dirección coral". Simultáneamente, continuó sus estudios de piano, hasta egresar del Conservatorio de Música del Estado Aragua.

Entre otras cosas, fue directora del Coro del Teatro Municipal de Valencia, y actualmente lleva la batuta del Orfeón Universitario de la U.C., aparte de encabezar desde el año 2001 la Escuela de Música "Sebastián Echeverría Lozano".

Mas allá de la música

En sus ratos libres le encanta jugar con la computadora en su casa; y los fines de semana se relaja, junto a su actual esposo, Alvaro Herrera, en un terreno que tiene en Trincheras.

Esta mujer de 48 años de edad -los cuales no aparenta- sabe bailar (algo no muy común entre los músicos), es amante de la carne y fanática del color verde; además, está clara en que sus estudiantes la consideran "una hippy moderna".

 

 No importa dónde se encuentra, Aura Marina siempre disfruta lo que hace y esa energía positiva la irradia a todos.
 
 
 
 
 

 MI PRIMERA DIRECCION

"Federico Núñez Corona, director de la Coral Filarmónica de Carabobo donde yo cantaba, percibió en mí ciertas condiciones para dirigir, pero me daba algo de temor. Un día, en 1976, teníamos una presentación en El Cambur, y cuando íbamos en el camino inventó que se había enfermado y me pidió que llevara la batuta. Como él sufría del corazón, lo hice; ésa fue mi primera vez. Al final, por supuesto, resultó ser mentira".


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