Edición 31 Aniversario
9 de agosto de 2007

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Baile de La Hamaca:

Etiqueta de los carnavales en Puerto Cabello

Por: Jesús Rafael Argüello

  FECHA:
Cada Martes de Carnaval
DURACION:
Un día
LUGAR:
Puerto Cabello
MUNICIPIO:
Puerto Cabello
DESCRIPCION:
Cada martes de Carnaval cientos de personas coloridamente ataviadas, danzan y cantan por las calles de Puerto Cabello formando el cortejo fúnebre de un negro muerto envuelto en una sábana blanca y floreada que pende de una vara sostenida por dolientes.
Durante el recorrido, las mujeres lloran al muerto y esto despierta el celo de los hombres armados con varas más pequeñas con las que escenifican combates en pleno recorrido al entierro.

Todos los martes de Carnaval, en las calles de Puerto Cabello, es tradición centenaria escuchar miles de gritos al unísono diciendo Ya se murió... hay que enterrarla!, refiriéndose a la muerte de un negro amortajado en una hamaca en donde es llevado hasta su última morada al son de los tambores y en medio del llanto de las mujeres que lamentan su pérdida.

Se trata del velorio, baile y entierro de La Hamaca, una costumbre muy particular, un legado heredado de generación en generación, lleno de danzas y mucho colorido que ya tiene 136 años de historia rebasando, no sólo las fronteras de Puerto Cabello y del estado Carabobo, sino también las del país.

Germán Villanueva, cultor más representativo de este ritual en Puerto Cabello, recordó que el entierro de La Hamaca se remonta a los inicios del siglo XIX en el que había una inmigración proveniente de Curazao que se radicó en uno de los barrios más antiguos de Puerto Cabello y dio inicio a una festividad carnestolenda consistente en el simulacro de un velorio que se realiza el día lunes de Carnaval por la noche, donde se reza, se toma café, licor y se echan chistes. Luego, al llegar la medianoche, empieza la parranda, se tocan los tambores y las mujeres lloran.

 

CENTENARIA TRADICION PASO A PASO

Este baile tradicional consiste en la dramatización del arrebato de celos que sufre un negro en un entierro, cuando descubre la infidelidad de su mujer precisamente con el muerto. Esta danza se asienta en el barrio San Millán de Puerto Cabello, específicamente en la casa de Viviano Pitre, descendiente curazoleño ya fallecido, donde reposa La Hamaca durante todo el año.

El chinchorro consiste en un envoltorio de retazos y monte silvestre recubierto con una sábana blanca y adornado con muchas flores naturales que pende de una vara de tres a cuatro metros de largo, cuyos extremos descansan sobre los espaldares de dos sillas que están ubicadas en medio de la calle Regeneración de Puerto Cabello.

El velorio termina a las cinco de la mañana y La Hamaca es guardada en la misma casa. El día martes todos los que celebran la tradición están concentrados en el sitio del velorio y, justo antes del mediodía, llega corriendo a la multitud una persona gritando: Ya se murió! Ya se murió! Entonces la gente toca sus tambores, soplan sus cachos y gritando todos en coro responden: Hay que enterrarla! Hay que enterrarla!, y se dirigen hacia la casa donde está el supuesto muerto. Es allí cuando comienza el "cortejo fúnebre".

Dos personas llevan en hombros La Hamaca, danzando por todas las calles de la ciudad. Un grupo de hombres va ataviado con camisas estampadas, turbantes y rostros pintados de negro. Llevan en sus manos una vara o palo de metro y medio aproximadamente.

En varios lugares determinados del recorrido uno de ellos golpea La Hamaca gritando: Vita Hombrus! Macho yo!, tirándola al suelo; enseguida las mujeres, muy bien adornadas con sus vestidos floreados y algunas con sombreros, se arrodillan encima de La Hamaca llorando.

Esto produce celos entre los hombres y sucede una pelea a vara o a palo, que luego es interrumpida por el cambio del ritmo del tambor cuando las mujeres los incitan a bailar. Esta dramatización se repite una y otra vez durante el paseo por todas las calles de la ciudad. Muchos de ellos rasgan sus vestimentas y se pintan el cuerpo de colores, en especial negro, para intimidar a sus contrincantes y para evitar ser reconocidos antes, durante y después de la batalla.

El recorrido incluye buena parte del casco central como lo es la calle Juncal para pasar por la Sucre, seguir hasta plaza La Concordia, tomar la ruta hacia El Malecón, y llegar hasta las adyacencias de la plaza Bolívar, donde inician el recorrido por la avenida del mismo nombre hasta llegar a la urbanización Rancho Grande.

Tras recorrer esta última, entran hacia Rancho Chico, toman la vía hacia la Juan José Flores, pasan por la Alí Lebrún, regresan por la Bolívar, cruzan por la Cruz Roja, llegan hasta la primera calle de Segrestáa y de allí vuelven a su lugar de partida donde se produce el entierro de La Hamaca al ser cubierta con aserrín, evidenciando así el final de la celebración. Ese mismo día la devuelven al techo de la casa hasta el año siguiente.

Mucho se habla de este ritual, hay quienes lo consideran un acto religioso, así como también hay quienes creen se trata de un acto pagano, lo cierto es que, visto desde cualquier percepción, La Hamaca y sus orígenes se pierden en el tiempo ya que comienzan a proyectarse dentro y fuera del país con celebraciones similares en Güigüe, Mariara, Bello Monte, Los Teques, Barahona en República Dominicana y en Santiago de Cuba, gracias a un trabajo de promoción y divulgación realizado en los 10 últimos años.

 

"PATRIMONIO DANZARIO" DE CARABOBO

La trayectoria y expansión de fronteras que, a lo largo de 136 años lleva el Baile de La Hamaca, fue suficiente para que el año pasado el Gobierno de Carabobo considerara decretar esta centenaria tradición como "Patrimonio Danzario del estado", según decreto del actual mandatario regional Luis Felipe Acosta Carlez.

Este decreto internacionalizó aún más La Hamaca, ya que para el acto oficial de exaltación llegaron a Puerto Cabello invitados especiales como lo fueron representantes de la Federación Internacional de Tradiciones Afroamericanas (Fita) y otros grupos internacionales provenientes de Bonaire, Curazao, Aruba y Trinidad, mientras que por Venezuela asistió la agrupación Vasallos del Sol.

 

 



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