Baile
de La Hamaca:
Etiqueta de los carnavales en Puerto Cabello
Por: Jesús Rafael Argüello
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FECHA:
Cada Martes de Carnaval |
DURACION:
Un día |
LUGAR:
Puerto Cabello |
MUNICIPIO:
Puerto Cabello |
DESCRIPCION:
Cada martes de Carnaval cientos de personas coloridamente ataviadas, danzan
y cantan por las calles de Puerto Cabello formando el cortejo fúnebre
de un negro muerto envuelto en una sábana blanca y floreada que pende
de una vara sostenida por dolientes.
Durante el recorrido, las mujeres lloran al muerto y esto despierta el celo
de los hombres armados con varas más pequeñas con las que
escenifican combates en pleno recorrido al entierro. |
Todos los martes
de Carnaval, en las calles de Puerto Cabello, es tradición centenaria
escuchar miles de gritos al unísono diciendo Ya se murió...
hay que enterrarla!, refiriéndose a la muerte de un negro amortajado
en una hamaca en donde es llevado hasta su última morada al son de
los tambores y en medio del llanto de las mujeres que lamentan su pérdida.
Se trata del velorio, baile y entierro de La Hamaca, una
costumbre muy particular, un legado heredado de generación en generación,
lleno de danzas y mucho colorido que ya tiene 136 años de historia
rebasando, no sólo las fronteras de Puerto Cabello y del estado Carabobo,
sino también las del país.
Germán Villanueva, cultor
más representativo de este ritual en Puerto Cabello, recordó
que el entierro de La Hamaca se remonta a los inicios del siglo XIX en el
que había una inmigración proveniente de Curazao que se radicó
en uno de los barrios más antiguos de Puerto Cabello y dio inicio
a una festividad carnestolenda consistente en el simulacro de un velorio
que se realiza el día lunes de Carnaval por la noche, donde se reza,
se toma café, licor y se echan chistes. Luego, al llegar la medianoche,
empieza la parranda, se tocan los tambores y las mujeres lloran.
CENTENARIA TRADICION PASO A PASO
Este baile tradicional consiste
en la dramatización del arrebato de celos que sufre un negro en un
entierro, cuando descubre la infidelidad de su mujer precisamente con el
muerto. Esta danza se asienta en el barrio San Millán de Puerto Cabello,
específicamente en la casa de Viviano Pitre, descendiente curazoleño
ya fallecido, donde reposa La Hamaca durante todo el año.
El chinchorro consiste en un envoltorio de retazos y monte
silvestre recubierto con una sábana blanca y adornado con muchas
flores naturales que pende de una vara de tres a cuatro metros de largo,
cuyos extremos descansan sobre los espaldares de dos sillas que están
ubicadas en medio de la calle Regeneración de Puerto Cabello.
El velorio termina a las cinco de la mañana y La
Hamaca es guardada en la misma casa. El día martes todos los que
celebran la tradición están concentrados en el sitio del velorio
y, justo antes del mediodía, llega corriendo a la multitud una persona
gritando: Ya se murió! Ya se murió! Entonces la gente toca
sus tambores, soplan sus cachos y gritando todos en coro responden: Hay
que enterrarla! Hay que enterrarla!, y se dirigen hacia la casa donde está
el supuesto muerto. Es allí cuando comienza el "cortejo fúnebre".
Dos personas llevan en hombros La Hamaca, danzando por
todas las calles de la ciudad. Un grupo de hombres va ataviado con camisas
estampadas, turbantes y rostros pintados de negro. Llevan en sus manos una
vara o palo de metro y medio aproximadamente.
En varios lugares determinados del recorrido
uno de ellos golpea La Hamaca gritando: Vita Hombrus! Macho yo!, tirándola
al suelo; enseguida las mujeres, muy bien adornadas con sus vestidos floreados
y algunas con sombreros, se arrodillan encima de La Hamaca llorando.
Esto produce celos entre los hombres y sucede una pelea
a vara o a palo, que luego es interrumpida por el cambio del ritmo del tambor
cuando las mujeres los incitan a bailar. Esta dramatización se repite
una y otra vez durante el paseo por todas las calles de la ciudad. Muchos
de ellos rasgan sus vestimentas y se pintan el cuerpo de colores, en especial
negro, para intimidar a sus contrincantes y para evitar ser reconocidos
antes, durante y después de la batalla.
El recorrido incluye buena parte del casco central como
lo es la calle Juncal para pasar por la Sucre, seguir hasta plaza La Concordia,
tomar la ruta hacia El Malecón, y llegar hasta las adyacencias de
la plaza Bolívar, donde inician el recorrido por la avenida del mismo
nombre hasta llegar a la urbanización Rancho Grande.
Tras recorrer esta última, entran hacia Rancho Chico,
toman la vía hacia la Juan José Flores, pasan por la Alí
Lebrún, regresan por la Bolívar, cruzan por la Cruz Roja,
llegan hasta la primera calle de Segrestáa y de allí vuelven
a su lugar de partida donde se produce el entierro de La Hamaca al ser cubierta
con aserrín, evidenciando así el final de la celebración.
Ese mismo día la devuelven al techo de la casa hasta el año
siguiente.
Mucho se habla de este ritual, hay quienes lo consideran
un acto religioso, así como también hay quienes creen se trata
de un acto pagano, lo cierto es que, visto desde cualquier percepción,
La Hamaca y sus orígenes se pierden en el tiempo ya que comienzan
a proyectarse dentro y fuera del país con celebraciones similares
en Güigüe, Mariara, Bello Monte, Los Teques, Barahona en República
Dominicana y en Santiago de Cuba, gracias a un trabajo de promoción
y divulgación realizado en los 10 últimos años.
"PATRIMONIO DANZARIO" DE CARABOBO
La trayectoria y expansión
de fronteras que, a lo largo de 136 años lleva el Baile de La Hamaca,
fue suficiente para que el año pasado el Gobierno de Carabobo considerara
decretar esta centenaria tradición como "Patrimonio Danzario
del estado", según decreto del actual mandatario regional Luis
Felipe Acosta Carlez.
Este decreto internacionalizó aún más
La Hamaca, ya que para el acto oficial de exaltación llegaron a Puerto
Cabello invitados especiales como lo fueron representantes de la Federación
Internacional de Tradiciones Afroamericanas (Fita) y otros grupos internacionales
provenientes de Bonaire, Curazao, Aruba y Trinidad, mientras que por Venezuela
asistió la agrupación Vasallos del Sol.

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