Edición 31 Aniversario
9 de agosto de 2007

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bendición del Mar en Puerto Cabello:

Momento sublime de la Iglesia Católica

Por: Claudy Morales Dirinot

  FECHA:
Cada Domingo de Resurrección.
LUGAR:
Malecón de Puerto Cabello
MUNICIPIO:
Puerto Cabello
DESCRIPCION:
Cada Domingo de Resurrección, las aguas del mar son bendecidas luego de una eucaristía con la presencia de más de cincuenta mil fieles, quienes se trasladan hacia el Malecón de Puerto Cabello con imágenes, palmas y envases de agua de todos los tamaños, mientras que otros se lanzan a la playa para recibir la divinidad de Dios. La bendición es realizada desde una gabarra anclada en el mar, rodeada de lanchas pesqueras y de las unidades militares, remolcadores, yates, embarcaciones de todo tipo, para celebrar el toque del Espíritu Santo a las aguas porteñas.

Sublime, sigiloso pero ruidoso, definitivamente contradictorio pero divino, así es el momento que vive el pueblo de Puerto Cabello cada Domingo de Resurrección, cuando las aguas de su mar son bendecidas por el obispo de la Diócesis local, monseñor Ramón Viloria Pinzón. Dicho instante es antecedido por una serie de actividades, por ejemplo, la pernocta de miles de fieles desde el Sábado de Gloria, para poder tomar un puesto en el largo Malecón de la ciudad que es colmado a plenitud, desde las cinco de la madrugada, para presenciar una de las tradiciones más importantes del litoral carabobeño: la Bendición del Mar.

Aunque son muy pocos los datos precisos que se tienen de sus orígenes, se trata de una tradición más que centenaria iniciada en la época de la colonia española, que sobrevivió a la Independencia, pero que fue rescatada hace poco más de 14 años por el gobernador de Carabobo de entonces, Henrique Salas Römer.

Desde esa fecha, el Gobierno Regional, en conjunto con la Diócesis de Puerto Cabello, es el organizador de este evento religioso que acapara la atención no sólo de la población del litoral y de la entidad, sino que llega hasta el ámbito internacional, pues son muchos los visitantes provenientes de las Antillas Neerlandesas que se disputan un buen lugar entre los asistentes a la ceremonia.

De las hermosas costumbres que se han mantenido vigentes durante la época de Semana Santa, se encuentra esta tradición muy antigua, que desde su nacimiento comenzaba el sábado en la noche con la reunión de varios peregrinos de diversos sitios del estado y de pescadores que adornaban sus lanchas y peñeros con flores y banderas.

Después de la misa de gloria, el sacerdote bendecía el mar con la hostia consagrada, tal y como sucede en nuestros días, según narran historiadores de la zona.

 

PASO A PASO

Aunque los preparativos deben adelantarse un par de meses, pues debe ser incluida como uno de los eventos más concurridos para el Operativo de Seguridad Semana Santa, la Bendición del Mar comienza desde el Sábado de Gloria, cuando con carpas o a la intemperie, los fieles pasan la noche en las inmediaciones del Malecón de Puerto Cabello, para poder tomar un puesto seguro entre las gradas que son colocadas para el uso de los asistentes.

El evento se inicia a las cinco de la madrugada con un festivo despertar, lleno de sonidos provocados por la explosión de cohetones y otros fuegos artificiales, que son lanzados desde el Fortín Solano y desde la Catedral de San José, para anunciar la salida en lancha a las 5:45 del cortejo que estará integrado por el obispo de Puerto Cabello y los sacerdotes de las diferentes parroquias.

La bendición es realizada desde una gabarra anclada en el mar, rodeada de lanchas pesqueras y de las unidades militares, remolcadores, yates, embarcaciones de todo tipo, para celebrar el toque del Espíritu Santo a las aguas porteñas.

Al alto prelado de la Iglesia venezolana, hoy en día monseñor Ramón Viloria Pinzón, le acompañan autoridades cívicas y militares de la zona, así como los Niños Cantores del Mar y la Orquesta Sinfónica Juvenil.

Cerca de las 6 de la mañana, comienza la santa misa. Tras culminar la homilía, se procede a cumplir con el resto del protocolo litúrgico, para así cerrar la ceremonia con la Bendición del Mar, tradición en la cual los cristianos ponen en las manos de Dios y de la Virgen del Valle a todos los habitantes de las costas de Carabobo y de Venezuela, a los pescadores y a todos los hombres del mar y a los militares navales.

 

INSTANTE SUBLIME

Luego llega el instante más sublime, pues la gran cantidad de personas (alrededor de cincuenta mil feligreses cada año) demuestra su devoción elevando con sus dos manos los objetos que quieren bendecir.

Muchos cierran los ojos, otros oran en voz baja, mientras que las lanchas y naves suenan sus cornetas tan alto como para llegar al cielo, acompañados del retumbe de los fuegos artificiales, que anuncian a la ciudad que llegó el momento más extraordinario de la jornada de Pascua de los católicos porteños.

Pero no sólo la playa es bendecida, pues imágenes, rosarios, vasos de agua, palmas, flores, y hasta el agua de hidratación que los cuerpos de seguridad reparten, son levantados en alabanza a Dios.

Otros al mismo tiempo se lanzan a nadar y a tomar del agua salada, acompañados de buzos del componente naval de la Fuerza Armada Nacional.

Además, la tripulación de los remolcadores, en gratitud a ese gesto del Padre Celestial, hace funcionar sus mangueras y comienza a bañar las embarcaciones adyacentes con el agua bendita de mar que es succionada por estos equipos, mientras que las canciones interpretadas por los Niños Cantores del Mar y de la Orquesta Sinfónica de Puerto Cabello envuelven el ambiente en un clima sacro.

Son muchos las anécdotas, los detalles y las actividades que rodean la Bendición del Mar. Por ejemplo, no faltan grandes cantidades de globos tricolores que son soltados al cielo desde las gradas del Malecón, así como el sobrevuelo de helicópteros de la Armada que lanzan flores al agua.

Hace unos tres años, con el nuevo Gobierno Regional, se ordenó que se llamara Misa de Resurrección en el Mar o Misa Pascual en el Mar, pero la gente no se acostumbró y la sigue llamando Bendición del Mar, como siempre.

Las creencias dicen que desde que se inicia la ceremonia, el mar se aplaca y se queda completamente tranquilo, por lo que justifica el nombre de Puerto Cabello, que conforme a la tradición le fue dado porque la tranquilidad de sus aguas permitía amarrar un barco con la hebra de un cabello.

Posterior al acto religioso, la representación de la Iglesia y las autoridades civiles y militares se reúnen en tierra firme para disfrutar de un desayuno especial, con la participación de grupos folklóricos.

 



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