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Bendición
del Mar en Puerto Cabello:
Momento sublime de la Iglesia Católica
Por: Claudy Morales Dirinot
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FECHA:
Cada Domingo de Resurrección. |
LUGAR:
Malecón de Puerto Cabello |
MUNICIPIO:
Puerto Cabello |
DESCRIPCION:
Cada Domingo de Resurrección, las aguas del mar son bendecidas luego
de una eucaristía con la presencia de más de cincuenta mil
fieles, quienes se trasladan hacia el Malecón de Puerto Cabello con
imágenes, palmas y envases de agua de todos los tamaños, mientras
que otros se lanzan a la playa para recibir la divinidad de Dios. La bendición
es realizada desde una gabarra anclada en el mar, rodeada de lanchas pesqueras
y de las unidades militares, remolcadores, yates, embarcaciones de todo
tipo, para celebrar el toque del Espíritu Santo a las aguas porteñas. |
Sublime, sigiloso
pero ruidoso, definitivamente contradictorio pero divino, así es
el momento que vive el pueblo
de Puerto Cabello cada Domingo de Resurrección, cuando las aguas
de su mar son bendecidas por el obispo de la Diócesis local, monseñor
Ramón Viloria Pinzón. Dicho instante es antecedido por una
serie de actividades, por ejemplo, la pernocta de miles de fieles desde
el Sábado de Gloria, para poder tomar un puesto en el largo Malecón
de la ciudad que es colmado a plenitud, desde las cinco de la madrugada,
para presenciar una de las tradiciones más importantes del litoral
carabobeño: la Bendición del Mar.
Aunque son muy pocos los datos precisos que se tienen de
sus orígenes, se trata de una tradición más que centenaria
iniciada en la época de la colonia española, que sobrevivió
a la Independencia, pero que fue rescatada hace poco más de 14 años
por el gobernador de Carabobo de entonces, Henrique Salas Römer.
Desde esa fecha, el Gobierno Regional, en conjunto con
la Diócesis de Puerto Cabello, es el organizador de este evento religioso
que acapara la atención no sólo de la población del
litoral y de la entidad, sino que llega hasta el ámbito internacional,
pues son muchos los visitantes provenientes de las Antillas Neerlandesas
que se disputan un buen lugar entre los asistentes a la ceremonia.
De las hermosas costumbres que se han mantenido vigentes
durante la época de Semana Santa, se encuentra esta tradición
muy antigua, que desde su nacimiento comenzaba el sábado en la noche
con la reunión de varios peregrinos de diversos sitios del estado
y de pescadores que adornaban sus lanchas y peñeros con flores y
banderas.
Después de la misa de gloria, el sacerdote bendecía
el mar con la hostia consagrada, tal y como sucede en nuestros días,
según narran historiadores de la zona.
PASO A PASO
Aunque los preparativos deben
adelantarse un par de meses, pues debe ser incluida como uno de los eventos
más concurridos para el Operativo de Seguridad Semana Santa, la Bendición
del Mar comienza desde el Sábado de Gloria, cuando con carpas o a
la intemperie, los fieles pasan la noche en las inmediaciones del Malecón
de Puerto Cabello, para poder tomar un puesto seguro entre las gradas que
son colocadas para el uso de los asistentes.
El evento se inicia a las cinco de la madrugada con un
festivo despertar, lleno de sonidos provocados por la explosión de
cohetones y otros fuegos artificiales, que son lanzados desde el Fortín
Solano y desde la Catedral de San José, para anunciar la salida en
lancha a las 5:45 del cortejo que estará integrado por el obispo
de Puerto Cabello y los sacerdotes de las diferentes parroquias.
La bendición es realizada desde una gabarra anclada
en el mar, rodeada de lanchas pesqueras y de las unidades militares, remolcadores,
yates, embarcaciones de todo tipo, para celebrar el toque del Espíritu
Santo a las aguas porteñas.
Al alto prelado de la Iglesia venezolana, hoy en día
monseñor Ramón Viloria Pinzón, le acompañan
autoridades cívicas y militares de la zona, así como los Niños
Cantores del Mar y la Orquesta Sinfónica Juvenil.
Cerca de las 6 de la mañana, comienza la santa misa.
Tras culminar la homilía, se procede a cumplir con el resto del protocolo
litúrgico, para así cerrar la ceremonia con la Bendición
del Mar, tradición en la cual los cristianos ponen en las manos de
Dios y de la Virgen del Valle a todos los habitantes de las costas de Carabobo
y de Venezuela, a los pescadores y a todos los hombres del mar y a los militares
navales.
INSTANTE SUBLIME
Luego llega el instante más sublime, pues la gran
cantidad de personas (alrededor de cincuenta mil feligreses cada año)
demuestra su devoción elevando con sus dos manos los objetos que
quieren bendecir.
Muchos cierran los ojos, otros oran en voz baja, mientras
que las lanchas y naves suenan sus cornetas tan alto como para llegar al
cielo, acompañados del retumbe de los fuegos artificiales, que anuncian
a la ciudad que llegó el momento más extraordinario de la
jornada de Pascua de los católicos porteños.
Pero no sólo la playa es bendecida, pues imágenes,
rosarios, vasos de agua, palmas, flores, y hasta el agua de hidratación
que los cuerpos de seguridad reparten, son levantados en alabanza a Dios.
Otros al mismo tiempo se lanzan a nadar y a tomar del agua
salada, acompañados de buzos del componente naval de la Fuerza Armada
Nacional.
Además, la tripulación de los remolcadores,
en gratitud a ese gesto del Padre Celestial, hace funcionar sus mangueras
y comienza a bañar las embarcaciones adyacentes con el agua bendita
de mar que es succionada por estos equipos, mientras que las canciones interpretadas
por los Niños Cantores del Mar y de la Orquesta Sinfónica
de Puerto Cabello envuelven el ambiente en un clima sacro.
Son muchos las anécdotas,
los detalles y las actividades que rodean la Bendición del Mar. Por
ejemplo, no faltan grandes cantidades de globos tricolores que son soltados
al cielo desde las gradas del Malecón, así como el sobrevuelo
de helicópteros de la Armada que lanzan flores al agua.
Hace unos tres años, con el nuevo Gobierno Regional,
se ordenó que se llamara Misa de Resurrección en el Mar o
Misa Pascual en el Mar, pero la gente no se acostumbró y la sigue
llamando Bendición del Mar, como siempre.
Las creencias dicen que desde que se inicia la ceremonia,
el mar se aplaca y se queda completamente tranquilo, por lo que justifica
el nombre de Puerto Cabello, que conforme a la tradición le fue dado
porque la tranquilidad de sus aguas permitía amarrar un barco con
la hebra de un cabello.
Posterior al acto religioso, la representación de
la Iglesia y las autoridades civiles y militares se reúnen en tierra
firme para disfrutar de un desayuno especial, con la participación
de grupos folklóricos.

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