Eje Central
Valencia, 9 de Agosto de 2000

 

Editorial
Notitarde
C.A.

El alma máter emergió en la antigua hacienda

Las tierras de doña Bárbola

Municipio: Naguanagua
Fundación: A partir de 1595
Altitud: 505,5 mts./s.n.m
Temperatura media: 25 C
Patrono: Nuestra Señora de Begoña

 Un vasto terreno fértil en el que las naranjas, las lechozas y guayabos estaban a la orden del día, ocupaba hace siglos atrás a la hacienda de doña Bárbola. Nuevos dueños y visiones de futuro la convirtieron en campo ideal para la educación universitaria del pueblo carabobeño  

Un importante establecimiento agropecuario, con tierras fértiles, helechos, naranjales, hortensias y hasta matas de guayabo, era para 1595 la hacienda "Bárbula", ubicada hoy día en el municipio Naguanagua e identificada ante la población carabobeña como el espacio donde los estudiantes mandan. Los orígenes de la hacienda se remontan a las primeras encomiendas otorgadas en la región por don Juan de Villegas quien favoreció con estas tierras a su sobrina, doña Bárbola de Villegas, nombre que al pasar los años derivaría en Bárbula.

Cuenta la historia, documentada por el cronista Armando Alcántara Borges, que el 20 de mayo de 1596 el gobernador Don Diego Osorio Villegas otorgó el asentamiento Bárbula a Don Antonio de Aular, quien 9 años más tarde la vendió al Capitán Tomás de Matute. Era entonces una hacienda muy próspera, en la que se cultivaba café, caña dulce, tenía trapiches, ganado, papa, yuca, entre otros.

A principios del siglo XIX, la hacienda pertenecía a Don Miguel Angel Arambarri, y en la misma se cultivaba más que todo algodón y cacao; cien años después, "Bárbula" pasó a manos del señor Isidoro Espinoza, que por la cantidad de 100 mil bolívares se la vendió a Don Leopoldo Batista, quien se dedicó a hacer crecer las producciones de maíz, girasol, café, caña de azúcar, papelón, aguacates, tomate y leche; por si fuera poco, instaló una planta hidráulica, con la cual suministró energía eléctrica a la población.

Todos estos años de trabajo de campo, orientados hacia la producción y al desarrollo agrícola y pecuario cambiaron su ritmo acostumbrado cuando en 1946 los sucesores de Batista vendieron la propiedad al Instituto Agrario Nacional, dando lugar a la Colonia Agrícola de Bárbula. Dos años más tarde, el Instituto Técnico de Inmigración y Colonización ubicó en estas tierras a colonos españoles y canarios; ellos junto a agricultores criollos impulsaron considerablemente la producción de cítricos, especialmente naranjas.

Ya en el siglo XXI, Bárbula se encuentra dividida en muchos barrios, algunas urbanizaciones, vivienda rural e instituciones públicas, sobresaliendo el vasto terreno ocupado por la Universidad de Carabobo.

 

DESDE EL PUENTE HASTA LAS LAMPARAS

La expansión de Bárbula se realizó de forma sectorial, es decir, sin constituirse como pueblo sino como "zonas cercanas entre sí" que fueron acaparando todos los terrenos, hasta ocupar toda la extensión. Quizá ésta sea una de las razones por las que Bárbula carece de plaza Bolívar.

Sus límites se ubican desde el "puente de Bárbula", en una franja ancha que cubre todo ese valle, hasta La Entrada, donde actualmente se encuentra Lámparas Pecoraro.

Una de las primeras construcciones grandes de la zona fue la Colonia Psiquiátrica, de cuyo terreno fueron extraídos restos indígenas conservados en antiquísimos cofres funerarios, en lo que se presume era antes un cementerio. En torno a esta edificación -de la que hoy sólo quedan casas vacías y en ruinas- se construyó la iglesia de Nuestra Señora de la Luz, así como el Teatro y las áreas agrícolas para los enfermos.

Antiguamente, la entrada hacia la Colonia Psiquiátrica se reconocía por un gran arco; hoy día dicha estructura curva representa la entrada a la Universidad de Carabobo.

 

TERRENO ACADEMICO

La Universidad de Carabobo tiene su sede central en los terrenos que pertenecían a la Hacienda Bárbula. Con un universo estudiantil que circunda las 50 mil personas, la UC mantiene en funcionamiento diversas facultades de estudio, así como institutos de investigación y extensión, donde se forma el grueso de profesionales que residen en la entidad y en las poblaciones vecinas.

Dentro de este campo universitario se encuentra además la sede de la Escuela de Enfermería, del Hospital Oncológico, el Hospital Carabobo y el Hospital Psiquiátrico Dr. José Ortega Durán.

 

BATALLA DE BARBULA

En la cima de un cerro, del lado izquierdo en la carretera que conduce a Bárbula, se distingue un monumento construido en memoria del Coronel Atanasio Girardot, quien muriera al ser alcanzado por una bala de fusil, cuando trataba de fijar la bandera nacional en la altura conquistada, durante la Batalla de Bárbula, en 1813.

La historia documentada reseña que el 26 de agosto de 1813, el Libertador Simón Bolívar, se encargó personalmente del asedio contra la plaza de Puerto Cabello. El 16 de septiembre arribaron refuerzos enemigos, por lo que Bolívar decidió emprender la retirada hacia el pueblo de Naguanagua. Ante la retirada patriota, Monteverde movilizó sus tropas hasta situarse en Las Trincheras, enviando una columna de hombres a tomar posición en las alturas de Bárbula. El Libertador decide enviar el 30 de septiembre las tropas de Girardot, Urdaneta y D'Eluyar, quienes pese a conseguir el desalojo, debieron sobreponerse a la muerte del primero.

Los despojos mortales del héroe de Bárbula están sepultados en la Iglesia Matriz de Valencia, mientras que su corazón fue llevado hasta la Catedral de Caracas.

 

HOGAR PARA LA TERCERA EDAD

Desde hace 50 años funciona dentro de Bárbula el Asilo "San Martín de Porras", allí 72 ancianos -en su mayoría sin familia- conviven entre permanentes atenciones médicas y el cariño dispensado de todos los que trabajan en su bienestar. Al principio, el asilo era conocido como "Casa de Beneficencia del Estado", pero con la autonomía de Naguanagua como Municipio -en 1994- pasó a ser dependencia de la alcaldía.

Además del alimento diario y un lugar digno donde dormir, los ancianos reciben asistencia odontológica en conjunto con la Universidad de Carabobo y la Escuela de Odontología, a la vez que el personal médico y las enfermeras que permanentemente se hallan en el lugar están en capacidad de darles terapias y todas las atenciones médicas requeridas y, lo mejor de todo, personalizadas. 42 personas entre médicos, directiva, enfermeras, camareras y cocineros conforman este importante equipo.

Para ingresar al asilo hay dos formas: a aquellos ancianos que tienen familia se les practica un estudio social y una evaluación médica. La edad del "viejito" debe superar los 70 años y sus familiares deben comprometerse a cancelar una modesta cuota mensual, así como asumir los gastos medicinales.

La segunda opción, que reúne aproximadamente al 90% de la población del asilo, se refiere a los ancianos pobres que son recogidos de las calles de la ciudad, quienes -obviamente- no cancelan ni un bolívar por su permanencia en la institución.

 

LA COCADITA DE HERNAN

Para Hernán Alvarez, el que lo entrevisten los medios de comunicación es cosa -ya- de rutina. Su fama bien ganada que lo ha llevado a la televisión nacional y regional se la debe a sus populares cocadas, que desde hace 9 años elabora de sol a sol, sin que los fines de semana o los días feriados lo intimiden. Valentina Quintero, y su archi conocida "Bitácora" lo ha retratado en más de una ocasión.

El negocio "La Cocadita" lo estableció en su casa y está ubicado diagonal al monumento a Girardot, saliendo ya de Bárbula y a pocos metros de La Entrada; por esta razón muchas personas creen que el local está en este pueblo, ignorando que aún está dentro del perímetro de Bárbula. Su espesa bebida se basa en una perfecta combinación de cocos frescos, traídos especialmente de Boca de Aroa, estado Falcón, que combina con leche, leche condensada y canela. Para los que quieren un poco más, siempre está listo el chorrito de ron.

Sus cocadas son "especiales para gente especial", y como el mismo dice: "mi lema es que no importa que yo quede bravo, mientras el cliente se vaya contento".

Recuerda entre sus clientes al Embajador de Colombia, el Cónsul de ese país, políticos, médicos del Hospital Carabobo y vecinos de Valencia y Naguanagua, que desde que abrió se han mantenido como consecuentes consumidores.

Este amable caballero considera que la zona donde vive es un "pedacito de Mérida en Carabobo", y le causa mucha gracia cuando le dicen que tiene un parecido a Hugo Chávez Frías, que viéndolo bien, sí lo tiene.

 

 

 


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