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Un pueblo que quiere ser diferente La Entrada, turismo en gestación Municipio: Naguanagua
La Entrada surgió por necesidad. Nació por esa inquietud de convertir un paisaje boscoso y con un clima único que abrazaba todos los días del año al frío, en un lugar de descanso y veraneo para propios y extraños de Carabobo. Los responsables no son otros sino esos personajes adinerados, traídos -y atraídos- por el ferrocarril a la estación recién levantada en la zona, por allá en 1888, que requirieron de viviendas acorde con su estatus social. Para complacerse, edificaron grandes caserones que aún sobreviven en ciertos rincones. Hoy día alrededor de 2 mil personas habitan en La Entrada, muy cerca de Naguanagua, como quien va para Trincheras por la carretera vieja a Puerto Cabello. Como lo reafirmara el cronista Armando Alcántara Borges, el surgimiento de la población se dio a raíz del establecimiento del ferrocarril Puerto Cabello - Valencia. Allí se montó la estación y las casas de vacación para la alta gerencia de la empresa inglesa encargada de manejar el tren. Poco a poco comenzó a hacerse famoso el lugar por los llamados "Chorros de la Entrada", que todavía existen, así como por el envidiable clima, que para ese entonces era tan frío como emulaba a los pueblos andinos. Lamentablemente, el urbanismo, la deforestación y los deseos de llevar a La Entrada hacia el futuro, que ya es presente, generaron que ese clima variara y se tornara caliente. Es entonces desde finales de 1800 cuando un grupo de personas con capacidad económica comienza a comprar parcelas que antes pertenecían a la Hacienda Bárbula, para construir sus casas de reposo, usando un tipo de arquitectura distinta, que lo convirtió en un caserío muy moderno para la época. El nombre del pueblo se lo dio el punto mismo, ya que representa la entrada hacia Valencia cuando se viene de Puerto Cabello, por la antigua carretera, la cual desemboca en este pequeño valle.
SIN PLAZA, PERO CON MUCHA CULTURA POPULAR Más de un siglo después, La Entrada se ha transformado en un lugar ideal para visitar los fines de semana, ya sea para comprar o simplemente apreciar la artesanía que se ha hecho popular, o para degustar platos caseros igualmente famosos, como las empanadas o pasteles. Funciona en la zona la Asociación de Artesanos, que mes a mes se encarga de montar la conocida "Feria de la Entrada", en la cual se exponen los trabajos de los artesanos que allí residen, ubicándose en el callejón aledaño a la posada Mi Refugio. Estos minuciosos trabajadores moldean sabiamente el barro, tallan la piedra y la madera, con el afán de construir y representar imágenes y lograr a su vez objetos útiles para el ciudadano común. Es tarea de muchos en la zona la elaboración de piezas de cerámica, pinturas sobre tela o sobre botellas, así como la preparación de dulces criollos con recetas de las abuelas. Aquí tampoco hay plaza, pero sí los pobladores cuentan con su iglesia "Corazón de Jesús", inaugurada en diciembre de 1929. Dicen los lugareños que es primordial para el pueblo contar con su "placita", a la cual poder recurrir luego de ir a la iglesia, o simplemente para alejar a los jóvenes de distracciones negativas, como los remates de caballos que por el sector abundan. Ansían además la consolidación de La Entrada como pueblo turístico, para lo que sería fundamental mejorar algunos detalles, como la creación de aceras, el suministro constante de agua y luz, así como mayor promoción que invite a forasteros a visitar el lugar.
AHI VIENE EL TREN...
En 1950 la casa fue adquirida por una familia, la cual ya en su tercera generación la han transformado en un restaurante de día y discoteca de noche. Luis Campos, hijo de la señora Lea Rodríguez, dueña del local "La Antigua estación" y la discoteca "La Estación Disco Dance", contó que hace como 5 años decidieron convertirla en restaurante pequeño, en el que ofrecen comida criolla, hervidos, parrilla, chicharrón de pollo. El servicio está abierto entre semana y fines de semana, desde el mediodía hasta la noche. La discoteca comenzó hace poco más de un mes, y representa la primera y única de La Entrada. Algunos rasgos de la estructura de lo que fue la casa de la estación, así como el techo, aún se conservan intactos, salvo leves modificaciones. No hay rieles por ninguna parte, ya que fueron sacados por el gobierno cuando se construyó la autopista. Lo que sí guardan los nuevos dueños son algunos pedazos de vigas del ferrocarril, llaves y otros objetos que han desenterrado, así como fotos antiguas que le dan a la decoración un aire de antaño.
RIO BUENO, TALLER Y ESCUELA Una casa grande, rodeada de abundante vegetación, con árboles de mango, muchos pajaritos y sobrado aire puro, es desde hace 8 años la sede del taller escuela Río Bueno. Ubicada al lado derecho de la carretera que conforma La Entrada, este sitio de encuentro de maestros y aprendices encierra en su interior muestra de la voluntad y el trabajo constante de los artesanos que viven en la zona. Ana Teresa Iskiel, es la directora del taller, y junto a Pilar Frasnedo y Gustavo Herrera, se dedica a elaborar principalmente piezas de cerámica en gres, siendo su especialización básica las vajillas, cerámicas utilitarias y esculturas moldeadas a mano, con texturas inspiradas en la naturaleza. El objetivo principal de esta escuela es transmitir los aprendizajes a todo el que lo desee, para que así se mantenga la cadena de ceramista. Para ello imparten cursos de modelado básico, torneta, torno, tecnología de la cerámica, y otras técnicas, que mantienen a los alumnos ocupados durante todo el año. Ana tiene 18 años trabajando con cerámica, es nativa del estado Aragua, pero con 22 años en Valencia. Es licenciada en educación mención Lengua y Literatura, graduada en la Universidad de Carabobo, y cuando llegó a La Entrada era la única que vendía artesanía. Gustavo empezó en el 90, y su experiencia en la industria de porcelana le sirvió para desarrollar esculturas singulares, que evocan motivos naturales; mientras que Pilar es una de esas alumnas que por su destacada labor pasó a engrosar las filas de los profesores. Río Bueno tiene exposición y venta permanente, y todos los diciembre hace una exposición a manera de bazar, en el que participan artesanos invitados de la zona, así como artistas plásticos y demás escultores. Cualquier hora es buena para apreciar, y comprar...
LAS EMPANADAS DE BELEN 36 años tiene la señora Belén Parra haciendo sus empanadas, que la han convertido en una de las mujeres más famosas y "buscadas" de La Entrada. Cuando tenía 25 años su tía, Gregoria de Alvarado, le enseñó cómo hacer las empanadas. El secreto: echarle papelón derretido a la masa, además de rellenarlas con un guiso muy similar al que llevan las populares hayacas decembrinas. La diferencia: que van sofritas y no llevan ni la grasa del cochino ni el cebollín. Con Belén trabajan su hija Janeth y su hermana Coromoto. Ellas hacen además de las empanadas de guiso -que son las favoritas de todos- las de caraota y queso. Su trabajo lo inició hace 36 años en La Entrada, luego se mudó por un tiempo a la Avenida Universidad, y debido a una enfermedad volvió al pueblo y posteriormente reabrió las puertas del negocio hace como 7 años, en la vía principal, a mano izquierda, si transita en el sentido Valencia - Puerto Cabello. Dice Belén que el ser "famosa" en la zona se lo debe a la constancia de su trabajo, que le ha permitido levantar con buen pie a seis hijos, entre ellos una periodista, y por supuesto, la invariabilidad de la receta. Recuerda que cuando empezó, cada empanada costaba un real; hoy día el precio está en 350 bolívares. Cuando el día está flojo, vende entre 13 y 15, pero un día "bueno", puede preparar hasta 80. Todo aquel que desee ver cómo hacen la empanada que se va a comer, puede hacerlo, pues tanto Belén como sus ayudantes cocinan frente a sus clientes, para que no queden dudas en al aire... Eso sí, no vaya en la mañana porque el negocio abre únicamente a partir de las 4 de la tarde.
SI DE REFUGIARSE Y COMER SE TRATA Si bien es cierto que el desarrollo de La Entrada como potencial turístico se encuentra en etapa de crecimiento, hay que reconocer que para la fecha ya existen algunos lugares especialmente acondicionados para que el visitante lo sienta como tal. Uno de esos espacios es la posada restaurante "Mi Refugio", construida hace 4 años con el fin de ofrecerle al turista un rinconcito especial, que lo aparte del bullicio de la ciudad y que lo transporte mentalmente hacia geografías andinas. La dueña de la posada es la señora Reina Zavala. Ella decidió darle a las tres cabañas con que cuenta "Mi Refugio" el nombre de sus hijas "Mary, Vero y Tiby". Adicionalmente hay cinco apartamentos, un poco más grandes para aquellos que quieren un poco más. El desayuno y el entorno campestre van por cuenta de la casa. Entre los planes futuros está construir una churuata, la cual se integrará al ambiente del restaurante, que atiende a sus clientes de martes a domingo desde el mediodía hasta las 9 ó 10 de la noche. Es un lugar muy acogedor, vale la pena conocerlo.
UN BOCADO ENCANTADO Entre esos lugares diseñados para que, además de comerse un rico pastel, el visitante disfrute de un ambiente muy familiar, está "La Casita del Encanto". Inaugurada hace dos años, esta pequeña casa guarda en su interior la decoración propia de una cabaña de montaña, en la que los turistas pueden dejar sus impresiones plasmadas en las altas paredes, sin reproches y sin malas caras del patrón. Si le provoca un pastel de pollo, carne, vegetales, queso, desayunos criollos, hervidos, mondongo, dulces caseros, chicha andina, tizana, jugos naturales, papelón con limón y hasta hallaquitas con chicharrón, vaya y pregunte por Margarita Perdomo, quien de miércoles a domingo desde primeras horas de la mañana, durante todo el día y hasta las 7 p.m. estará encantada de servirle.
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