Eje Central
Valencia, 9 de Agosto de 2000

 

Editorial
Notitarde
C.A.

Historia de electricidad y de muchas naranjas

Memorias de San Diego

Municipio: San Diego
Fundación: Sin precisar (1700)
Altitud: 467 mts/s.n.m
Temperatura promedio: 26 C
Patrono: San Diego de Alcalá

 El suelo de San Diego fue testigo de inolvidables visitantes como el sabio berlinés Alejandro de Humboldt y el Libertador Simón Bolívar y vibra bajo el celeste amparo de la morenita Virgen de la Candelaria  

Las sombras de un lugar dominado por la oscuridad hacían palpitar a quien veía acercar la caída del sol, un presentimiento o quizás un inmenso temor que se apoderaría de todo su ser, exceptuando al hombre fuerte y rígido, conocido por su destacado bigote, que gobernaba para la época: el muy temido Juan Vicente Gómez.

San Diego, como todo pueblo, guarda una historia de leyendas, siendo la más famosa la del "diablo que se mecía en su hamaca". Dicen los seguidores de la versión, que en los tiempos en que no existía la luz eléctrica, los pobladores estaban atemorizados y convencidos que en la cima del antiguo Macomaco, una montaña aledaña a la actual población, vivía un demonio que, al caer el sol, colgaba una gran hamaca desde la punta de San Diego hasta la fila de El Novillo, y se mecía fuertemente en las oscuras noches, encima de la asustada población, dejando tras el balanceo de su diabólica figura, un putrefacto olor a azufre en todo el valle.

Hay quienes creen que el origen de esta leyenda proviene de la cultura arawaca, debido a que fueron ellos los primeros pobladores de lo que hoy se conoce como San Diego.

Desde luego, estas creencias desaparecieron con la llegada de las luces al pueblo, a través de la primera planta hidroeléctrica La Cumaca, que nació por iniciativa de Don Guillermo Degwitz, al contratar con Luis María Cisneros una empresa generadora de energía eléctrica, dedicada a todos los usos, logrando abaratar el costo del alumbrado público de seis a dos bolívares mensuales.

 

UN LUGAR DE DIOS LLAMADO SAN DIEGO DE ALCALA

San Diego es un curioso pueblo inserto en un municipio que es el segundo de menor extensión de las 14 jurisdicciones que conforman a Carabobo. Desde sus antepasados se describe a su gente como sencilla, humilde, seres humanos dispuestos a recibir con los brazos abiertos a aquellos que se interesan por aventurar en su tierra. Por ello, le invitamos a este recorrido periodístico por este colonial pero moderno lugar.

Este valle nunca llegó a ver la huella imponente del conquistador, no se instaló el Cabildo frente a la plaza, no hubo reparto de encomiendas ni solares, en fin, no se siguió la costumbre de plantar el árbol simbólico de la justicia ni la santa cruz como emblema de la redención cristiana. Por ello, tanto el cronista Julio Centeno, hijo como muchos otros historiadores, aseguran que San Diego no fue fundado.

Entre los primeros pobladores de este valle estaba un cacique llamado Don Diego Guarate. Según los cronistas, los españoles intercambiaban como gesto de armonía entre ellos, los nombres en sus descendientes. Así que solamente hubo una transmutación del Don por el San, por tradición religiosa de los primeros españoles con el nombre del cacique amigo; en pocas palabras el nombre del pueblo se dio por amistad.

El imponente altar donde se venera a la Virgen de la Candelaria, se encuentra la iglesia "San Diego de Alcalá".

Era tradición que la vida civil de muchos pueblos se definiese desde el momento en el cual se erigió su iglesia. Pero saber cuándo se construyó es como buscar una aguja en un pajar; sin embargo, algunas estampas de libros señalan que para los años de 1781 ya la iglesia se encontraba en el pueblo. Cuando el Obispo Mariano Martí visitó este lugar, halló un libro de bautismos con la fecha de 1704 y la descripción contenida en la obra coincide con el templo que hoy en día está ubicado al frente de la plaza Bolívar, llamada por sus fieles "San Diego de Alcalá", el lugar elegido por muchos enamorados para unirse en matrimonio por la gracia de Dios.

 

CRECE LO URBANO DESDE LAS MONTAÑAS

Este hermoso valle está ubicado al noreste de la ciudad de Valencia, apreciando en primer lugar sus carreteras y la magia azul del legendario Macomaco, perteneciente a la Cordillera de La Costa, comprendiendo la cadena del litoral que atraviesa el estado Carabobo en sentido de sudoeste a noroeste.

Un dato interesante es que el público puede apreciar el paisaje descrito en estas líneas en las pinturas del artista plástico de San Diego, Don Leonardo Antonio Padrón, quien en su galería expone las peculiaridades del pueblo, o si prefiere descansar en época de festividades, puede hacerlo al son de la música del arpista Juan Bordones.

San Diego es tierra del indio que quizás nunca imaginó que sus primeros pasos en el trabajo de la agricultura servirían para dar lugar a las urbanizaciones cerradas, edificaciones de centros comerciales con estilos arquitectónicos modernos de los cuales brotan las posibilidades de inversión en el sector, plazas y bulevares para la distracción los domingos, y sobre todo, buena gente dispuesta a dar información sobre su pueblo en las paradas turísticas y alcabalas ubicadas en la avenida Julio Centeno.

 

UN RINCON EN DIMINUTIVO...

El parque San Dieguito es un rincón que desde hace dos años recibe en sus instalaciones a los más chicos de la casa, a esos niños que en la edad del preescolar suben ansiosos a columpios, corren por las escaleras de madera, y disfrutan en ocasiones que merecen festejarse, de un grato ambiente con diseño arquitectónico moderno; pero con el toque colonial de la época de las primeras casas de la parroquia.

Otros patrimonios a los que los sandieganos les gusta acudir casi todos los días, son la plaza Bolívar y el cementerio, ambos ubicados en el casco del pueblo, los mismos sitios que en el pasado se les asignó un valor de 2.600 y 2.100 bolívares respectivamente.

Seguimos el camino por la Avenida Principal, la cual fue designada con el nombre "Julio Centeno" hijo ilustre de esa jurisdicción, continuando por el Boulevard de Margarita Ríos de Centeno, al cual concurren enamorados, niños y adultos todas las noches, para dejarse acariciar por la suave brisa que invade la zona.

 

GREY SANDIEGANA POR EL CAMINO DE LA LUZ DIVINA

Febrero es el mes que con mayor festejo espiritual la sociedad de San Diego aprovecha para servirle a Dios y a los santos. La fiesta más importante y original es la del 2 de febrero, día de la Virgen de la Candelaria; todos los creyentes asisten al amanecer a la iglesia, encienden sus velas y comienzan la procesión que finaliza con una misa.

Al salir del templo con la luz del día, la programación es muy variada, comenzando por el lanzamiento del globo inflable cuya autoría le pertenece a Francisco Peña, llamado por todos cariñosamente "Cohetón", quien año tras año fabrica en cuatro días, con papel de seda, un globo multicolor para elevarlo al cielo durante estas fiestas patronales.

El itinerario es muy divertido por sus espectáculos musicales, las coleaderas, los repiques de campanas, y los fieles que, en honor a la reina de los cielos y los hombres, bajo el canto de una serenata, depositan a los pies de la Virgen cantidades de arreglos florales, su infinita bondad y la gracia de los favores recibidos.

 

FERVOR BICENTENARIO Y MILAGROS

Otra festividad que está marcada en el calendario de los sandieganos es el día de su patrono "San Diego de Alcalá", con programación igual a la del la Virgen de la Candelaria, con la diferencia que a él lo veneran desde hace 200 años y a la Virgen no saben desde cuándo exactamente.

La historia de este santo es curiosa: aseguran que fue un fraile franciscano a quien, por llevar un nombre similar al pueblo y una vida inmersa en la pobreza, la muerte le llegó más rápida, siendo su último deseo la concesión del hábito por sus hermanos de la congregación. De allí en adelante se han contado infinidades de milagros.

Uno de estos eventos en particular señala que un niño de 7 años, temiendo el castigo de su madre por una inocente travesura, se ocultó en un horno para pan y se quedó dormido; al momento de preparar el horno su madre, que era panadera, no se percató de que el niño estaba dentro; encendió la leña que al rato despertó al niño y éste, dando fuertes gritos de desesperación, hizo que su madre cayera presa de angustia y se desmayara. Al poco tiempo salió corriendo a la calle en busca de ayuda cuando de repente topó con el fray Diego, quien le dijo "vete a la iglesia mayor, encomiéndate con fe a la Santísima Virgen y ten confianza que tu hijo saldrá libre. Por su parte, el fray se arrodilló junto al horno y dirigió una ferviente oración al cielo y luego gritó: "niño, en nombre de Jesús crucificado, sal del horno, yo te lo mando". Obediente a la voz, el asustado niño salió por encima de las brasas, pasando sano y salvo, sin una quemadura. Tan grande fue el alboroto de este milagro que inmediatamente el fray llevó al niño al lugar donde su madre rezaba, consagrándolo a María.

Al tiempo de la muerte de Fray Diego, un rey gobernante a quien le concedió un milagro solicitó su canonización, quedando inscrito en el catálogo de los santos el 2 de junio de 1588.

 

EL ENCANTADO Y EL HUMO

Con mucha cautela para evitar resbalarse, se puede bajar por las inmensas piedras que abrazan el pozo en el que se hacen giras turísticas, especialmente en temporadas altas como en verano, el pozo El Encantado. Dicen que su nombre se debe a que algunas personas que allí se bañaban hace muchos años, desaparecieron en su fondo y nunca se volvió a saber de ellas. Sin embargo, pese a la leyenda, gran cantidad de visitantes locales, provenientes de otros estados y de distintos países, visitan este mágico lugar.

Pero en cuestión de un abrir y cerrar los ojos, el visitante de estos valles se encuentra repentinamente en otro pozo, fuera de La Cumaca. La leyenda del pozo El Humo refiere que, bien tempranito por las mañanas, se forma una especie de neblina o humo bien espeso dentro de la cueva que con el pasar de los años se convirtió en una piscina, haciéndolo aún más atractivo.

El lugar está en una finca del sector La Cumaca, pero un cartel a la entrada del terreno indica que no se abre al público porque las instalaciones no están adecuadas.

Vale resaltar que el gobierno regional podría destinar del presupuesto que le asigna el Ejecutivo, un monto para establecer programas de adecuación turística que proyecte el lugar, que además encierra las ruinas de la primera planta hidroeléctrica establecida en Venezuela y Latinoamérica.

 

VALLE CON RECUERDO A NARANJA

Las tierras de San Diego fueron tradicionalmente dedicadas exclusivamente al cultivo de cítricos, logrando una producción récord superior a los 30 millones de naranjas para el año 1961 en toda la nación, cantidad que está registrada en un censo de la misma época.

Esa era la principal actividad económica en San Diego, sin embargo, los suelos comenzaron a cansarse, llegó la enfermedad de la tristeza, plaga que atacó a los cítricos y creó un escenario que empujó a los grandes empresarios a involucrarse en obras de desarrollo urbano e industrial, dándole vida a los asentamientos espontáneos de Los Arales, Los Magallanes, Campo Solo, 1 de Mayo, Colinas de San Diego, El Paraíso, y de los complejos habitacionales conocidos como El Morro I y II, La Esmeralda, Montemayor, La Cúpira, Cumbre de San Diego, Monteserino, La Trinidad y otros de reciente construcción.

 

CARNAVALES! PREFIERO LOS DE SAN DIEGO

Si algo caracteriza a este pueblo son sus famosas fiestas carnestolendas. Por ello es común escuchar frases como "los mejores carnavales de Carabobo son los de San Diego", sobre todo desde aquellas celebraciones que se organizaban en la sede del Club Centro de Amigos.

Los Carnavales Turísticos de San Diego son recordados, especialmente, por "los cabezones", disfraces que escenifican a gigantescos personajes con movimientos en la boca y los ojos, que rápidamente comenzaron a tener reconocimiento y admiración por los pobladores.

Hasta nuestros días, se recuerda como los mejores carnavales de esa jurisdicción, aquellos cuando se coronó como primera reina la señorita Isabel Carreño.

 

HIJA ILUSTRE DE SAN DIEGO

Esta mujer es un ejemplo vivo del gentilicio sandiegano. Desde niña desconocía su fecha de nacimiento y sus vínculos familiares habían desaparecido. Su única referencia que tiene es la contemporaneidad con una vecina con quien relacionaba su tiempo de vida, por lo que se presume que tiene 104 años. Pero esa inquietud por conocer el origen de sus días se vio acentuada cuando se enamoró de Natalio Centeno Ibarra, y es así como Margarita escogió como fecha de nacimiento el 10 de junio que por cierto, en el santoral se celebra el Día de Santa Margarita de Escocia.

A los 40 años contrae matrimonio; por razones de salud no tuvo hijos, por lo que se dedicó a atender su negocio "La Alegría". Quedó viuda hace más de 30 años, razón por la cual se fue a vivir con su hermana de crianza, Ana Eugenia Montoya de Brea.

Como testimonio de este inmenso amor que la uniera a su difunto esposo, los 31 de diciembre de cada año en compañía de dos entrañables amigos recibe, en el cementerio, el año nuevo.

Margarita es admirada por llevar su avanzada edad con buen estado de salud, grandes reconocimientos se le han hecho a esta noble mujer, la Cámara Municipal de San Diego la declaró "Hija Ilustre" por sus grandes méritos.

En su honor se construyó un boulevard que lleva su nombre, frente a la avenida intercomunal que comunica a la urbanización de Monteserino con el pueblo de San Diego.

 

PESQUE Y COMA AHI MISMO

Si de algo estoy segura es de no saber pescar, pero si usted se atreve, no dude en ir a la Hacienda la Cumaca, donde le ofrecen varias alternativas, en una extensión de 2 mil hectáreas.

Después de tomar la ruta, entramos al acogedor lugar con un toque campestre, cancelando 500 bolívares; más adelante, observamos un criadero de peces con varios tipos de especies, como talapias, cachamas, sampedros y pabones, que al sentirnos cerca creyeron que les daríamos de comer y formaron una especie de remolino en la orilla, porque así lo hacen cuando se presenta el personal responsable de su alimentación.

En una laguna aparte rodeada de pequeñas chozas, alquilan cañas para practicar la pesca deportiva en compañía de la familia, una vez atrapada la presa, en el mismo restaurant puede cocinársele a su gusto, pagando el servicio de la cocción.

Después de una buena digestión, si desea, puede montar a caballo bien entrenado de paso, por 1.500 bolívares, y recorrer esos grandes campos verdes que hacen de La Cumaca, un sitio inolvidable.

Siguiendo en el mismo sendero a pocos metros de la Hacienda La Cumaca, se encuentra una casa cuyas instalaciones han permanecido intactas por más de 200 años. Actualmente los propietarios ofrecen la posibilidad de realizar fiestas o cualquier evento con montos muy modestos, sobre todo en el patio donde en los viejos tiempos secaban café en el piso para luego ser procesado en la trilladora que aún se encuentra en uno de sus rincones.

 

 

 

 


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