Eje Oriental
Valencia, 9 de Agosto de 2000

Editorial
Notitarde
C.A.

En el Valle de los Tacarigua

Vigirima, tierra de misterios

 

Municipio: Guacara
Fundación: 20 de febrero de 1694
Altitud: 490 mts/s.n.m
Temperatura promedio: 28 C
Patrono: Sagrado Corazón de Jesús

 Sudor y sufrimiento de negros en los cafetales, enigmas y leyendas indígenas en las montañas, sangre valiente de héroes en sus laderas, se confunden en el rumor cadencioso del río Vigirima

 

En Vigirima, todos conocen la leyenda de la "Dama de la Corona del Rey" contada una y mil veces por Vicente Díaz un eterno enamorado de ese valle de dioses y fantasía. Se encuentra que en plena montaña vivían Ramona y Pedro; ellos construyeron un rancho mucho antes de la cumbre, por un camino empedrado y soleado y allí sembraron aguacate y cacao. Desde entonces se dedicaron a brindar café y agua a todo el que subía en busca de aventuras o de las piedras talladas con figuras, rostros de animales, guerreros y estrellas.

A Ramona la visitaba mucha gente y ella enseñaba el misterio de los dioses, hablaba del duende de la montaña, de las "piedras pintadas" y de los indios.

Se cuenta que una tarde de mayo, Ramona se encontraba sola "y vino a buscarla el duende de la montaña para ir a recorrer el bosque". Desde entonces, se le conoció como la "Dama de la Corona del Rey", lugar donde parecen tocarse el cielo y la naturaleza y se dice que Dios encontró su refugio perfecto.

 

Y es que Vigirima es eso, encanto y poesía, además del valle de la Diosa de la Lluvia, el petroglifo más impresionante de los Tacarigua, es también tierra de poetas como Vicente Díaz que se ha pasado la vida entregándole versos, convencido de que en Vigirima "las aves le cantan al astro rey, la neblina asciende y el aire puro y fresco desciende de las montañas del parque nacional San Esteban, para fortalecer los pulmones de la pujante ciudad de Guacara..."

Allí huele a café porque no en balde las mejores plantaciones las cosechó Antonio Pimentel, famoso latifundista que pareciera tener presencia en la emblemática Quinta de Vigirima que aún se levanta, altiva casi en pleno corazón de la montaña.

Pero es también tierra de misterio, de próceres y de combates independentistas que enaltecieron más el nombre Bolívar.

El pueblo de Vigirima, está ubicado al norte del municipio Guacara. Fue la antigua hacienda de don Vicente Ibarra, padre del General Diego Ibarra, prócer de la Independencia y primer edecán del Libertador, Simón Bolívar. También es suelo natal de Monseñor Francisco Ibarra, primer arzobispo de Venezuela.

Y si de herencia aborigen se trata, en esta tierra de gracia existen los más ricos yacimientos arqueológicos como son los enigmáticos petroglifos, misterioso lenguaje de nuestros antepasados con más de siete mil años de antigüedad.

 

MUSEO AL AIRE LIBRE...

Esta vasta zona forma parte del municipio Guacara y por tal se tiene como fecha fundacional el 20 de febrero de1694, es decir finales del siglo XVII. Pero la aldea de Guacara y sus entornos existen desde tiempos muy remotos siendo poblados por la tribu Tacarigua para quienes "Vigirima" era "lugar de muchas hachas". El Diccionario Toponímico de Carabobo define a Vigirima como centro poblado situado en la parroquia Guacara.

Vigirima es, sobre todo, zona montañosa de gran belleza que encierra, como dijimos el misterio de los "petroglifos" que se ubican en lo que se conoce como "Piedras Pintadas". La abundancia de estos yacimientos pictográficos hace de la zona norte de Guacara lugar privilegiado por lo que el gobierno de Carabobo construyó e inauguró, en 1994 el Museo de los Petroglifos que forma parte del circuito museístico de la región. Avisos y vallas, al entrar en la apacible y angosta carretera de "El Corozo", única arteria vial para acceder a Vigirima dan la ubicación exacta de este museo, el primero al aire libre que existe en el país. El ejecutivo de Carabobo lo define como el "Museo Arqueológico de Piedras Pintadas" pero los moradores insisten en llamarlo "Museo de los petroglifos" y añaden, con orgullo que es "de Vigirima".

Y es que la zona ha sido sencillamente eso, cuna de los enigmáticos petroglifos, vocablo del latín petro (roca o piedra) y de glifos que significa surcos o grabados.

Cuenta Vicente Díaz, el eterno enamorado de este valle majestuoso, que Ramona, con su carácter recio, dominante y fuerte se hizo respetar por mucha gente "y temer por otros", contribuyendo con el resguardo de toda la montaña de Vigirima.

 

HUELE A CAFE...

Vigirima ofrece múltiples alternativas para el visitante, sobre todo si el interés está en la aventura. Al final de la carretera de El Corozo, se levanta la majestuosa "Quinta Pimentel" construida en 1912 por don Antonio Pimentel, gran latifundista de la época. La solariega casona también conocida como "La Pimentelera", era el centro principal de toda la actividad cafetalera sobre la cual giró la fortuna de la familia.

La Hacienda Pimentel se ubicaba en la zona alta del poblado y el procesamiento del producto se hacía desde la casona, con tres patios de secados y maquinarias adquiridas en Alemania, gracias a la influencia de Antonio Pimentel, quien era compadre de Juan Vicente Gómez quien, autorizó la compra de las tierras. La leyenda de francachelas y mujeres ligadas a Gómez son transferidas al "viejo Pimentel", un hombre "bajito, blanco y gordito", de acuerdo al testimonio de trabajadores aún con vida,que dan cuenta de las grandes fiestas de la "Pimentelera" y de la afluencia femenina llevada exclusivamente para atender al "patrón".

 

CENTRO DE EDUCACION AMBIENTAL

Un proyecto de conservación y educación ambiental hizo posible la recuperación de la vieja "Quinta Pimentel" y de las máquinas para el procesamiento del café que, intactas pese al tiempo, han dado pie para programas inconclusos vinculados con museos agrícolas y empresas campesinas.

Hoy la antigua mansión es centro de educación ambiental gracias a los esfuerzos del Instituto Municipal para la Conservación de los Recursos Naturales de Guacara, que la reconstruyó e impulsó programas de saneamiento ambiental que van desde rescate de la fauna hasta recuperación de la flora, exuberante dada la cercanía con el parque nacional San Esteban.

La influencia de todo ese trabajo del Instituto del Ambiente de Guacara no ha podido acabar con las prácticas de esoterismo vinculadas con esclavos y negros que poblaron toda el área de la "Pimentelera". La presencia del río Vigirima es factor determinante para todo tipo de baños y despojos con un personaje clave como es doña Carmen, poseedora de una humilde pero hermosísima casita aledaña a la antigua casona hoy propiedad del Estado. Es doña Carmen famosa por sus éxitos en eso de alejar la mala suerte, atrapar un amor imposible o la posibilidad de buen empleo y mejor futuro. Un concienzudo baño con raíces de heliótropo, agua del río y los secretos de Carmen, basta para despojar de malas influencias y preparar a cualquier cuerpo.

En el patio de Carmen, hay vestigios del pasado que se niega a morir. Ella y su marido fabrican bloques de adobe, el mejor que se haya conocido en la zona. El asegura que es especialista en hornos artesanales.

 

LA VIRGEN QUE ENVEJECE

El misterio de las montañas de Vigirima sigue latente y ni la modernidad ha podido con él. Voces y ruidos del más allá, se comenta salen de la vieja casona de Pimentel con una capilla que está en proceso de reconstrucción y donde se le rinde tributo a la Virgen de la Milagrosa, que dicen los moradores, pierde lozanía.

Muchos son los que opinan que la imagen envejece por un descontento divino que tiene que ver con la imposición de colocar a la Milagrosa en el altar consagrado al Nazareno. Versiones testimoniales dan cuenta que Antonio Pimentel era fiel devoto del Nazareno y no había Semana Santa que no llegara cargado de velas, flores y fervor para ofrendar al santo. La gente supone que la imagen del Nazareno quiere volver a su antiguo altar y la Virgen de La Milagrosa retornar a la iglesia San Agustín de Guacara donde permaneció por años. ¿Fantasía o realidad?, lo cierto es que la capilla está siendo visitada por creyentes de toda Guacara que aseguran que la belleza desapareció de la imagen de la santa y que algo habrá que hacer para acabar con la tristeza.

 

VIGIRIMA Y SUS DOS CAPILLAS

Y al bajar de la Quinta Pimentel, por el camino empedrado, de la carretera de El Corozo, repleta de mangos que alfombran patios y calles en tiempos de cosecha, es imposible no parar frente a la vieja capilla de Vigirima, erigida en 1900, bajo la advocación del Sagrado Corazón de Jesús que desde entonces se convirtió en patrono de los "vigirimeños". La capilla, tan pequeña como su vecina carretera fue construida por el capataz de los trabajos de construcción vial que, azotado por un brote de enfermedades y contratiempos, prometió levantar una iglesia y colocar allí la imagen del Corazón de Jesús.

La petición tuvo eco y la promesa cumplida; pero el tiempo hizo insuficiente el espacio religioso y, en 1994 se construyó nuevo templo, a escasos cien metros de la antigua capillita; Vigirima es uno de los pocos pueblos de Carabobo, si no el único, con dos sedes religiosas que casi se tocan, una al lado de otra.

Y si de refrescarse y descansar se trata. no hay nada como el parque "Cacho Mocho", con churuatas e instalaciones para el disfrute del río Vigirima. A un extremo se visualizan las ruinas de la Bodega de Vigirima, de Manuel Díaz, pulpería que abasteció a toda la región en tiempos de abundancia cafetalera. Considerada patrimonio edificado de primer orden, sucumbió ante la desidia e indiferencia de las autoridades municipales que la adquirieron a los herederos, pero que nada hicieron para salvarla. Hoy las ruinas yacen frente a la moderna pero solitaria plaza Diego Ibarra, que se levanta sin la sombra de los famosos samanes de Vigirima.

 

UN CENTRO COMERCIAL PARA "PIEDRAS PINTADAS"

Finalizando el viaje ya de regreso a Guacara, necesariamente deberá hacerse otro alto, esta vez para recorrer el Centro Comercial "Piedras Pintadas", esfuerzo de la empresa privada que rinde homenaje a dioses, indígenas y a los mismos guacareños. Entre la modernidad de locales comerciales en dos niveles, el establecimiento se levanta en medio de dinosaurios, tribus aborígenes, petroglifos y abundante vegetación.

 

LOS HEROES OLVIDADOS

Si Vigirima es tierra de dioses y de misterios, también es suelo de la heroica batalla, que llenó página estelar en la independencia de nuestro país. La Batalla de Vigirima se escenificó en estas tierras que aún huelen a fervor patriota. Sin embargo no existe un monumento acorde con la significación del hecho.

Nadie entiende cómo no rendir tributo a la hazaña de José Félix Ribas que, con su batallón de estudiantes guerreros derrota en Vigirima, el 25 de noviembre de 1813 al Coronel Salomón y su regimiento de Granada. La Batalla de Vigirima es paso importante para la independencia del país y, pese a que el nombre de la población logró sitio de honor en los anales de la historia venezolana, en suelo donde se libró el combate sólo yace una sencilla piedra grabada visitada una vez al año, cuando se conmemora la hazaña.

Pese al clamor de la Sociedad Divulgadora de la Historia Militar de Venezuela, las autoridades municipales han hecho caso omiso a las peticiones de levantar un monumento acorde con la significación histórica. El sitio está siendo invadido y el lugar exacto se ha ido perdiendo entre cercas y paredes. Para entrar al sencillo monumento deberá tomarse un camino de tierra, por el "callejón Vigirima", a doscientos metros de la capilla de la zona, indagando y pasando algunos obstáculos como portones que impiden el libre tránsito, maleza y abandono. Prácticamente en el patio de la familia Sumoza encontramos, debajo de un fresco arbusto de "pesgua", una piedra de cemento, de aproximadamente metro y medio de altura, pintada de blanco, con una inscripción conmemorativa a la inmortal batalla. Lo separa de la vivienda una trinchera de piedras hecha por los soldados patriotas.

El espíritu del "Guerrero invencible", José Félix Ribas parece clamar justicia y respeto a este lugar que contribuyó a nuestra libertad.

 

 

 


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