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Central Tacarigua con caña y música Verde paisaje y dulce pueblo
Municipio: Carlos Arvelo
El verde caña es el principal color en Central Tacarigua. Es un pueblo que nació a la par de la empresa azucarera, con personas venidas de los estados Lara, Falcón, Cojedes y Yaracuy. Sus paisajes son tan atrayentes que Jacinto Convit, investigador que descubrió la vacuna contra la lepra, escogió una de las montañas del sector Noguera, para hacer su refugio. Su gente es tan dulce como la caña que cosechan y nosotros fuimos afortunados de tropezarnos con Víctor Mendoza, quien nos llevó de la mano por esta interesante aventura de conocer el Central Tacarigua. Para llegar al pueblo se necesitan 15 minutos de viaje, porque está separado de Valencia por unos 15 kilómetros aproximadamente. El poblado limita, por el norte, con Los Guayos, por el sur con Negro Primero, en el este tiene a Güigüe y al oeste Las Tinajas. Su clima nos cautivó, porque hay sectores fríos como La Montaña, Chaguaramos, Verdum, Los García, Noguera, La Fila, Las Minas, La Encantada y El 25. Pero también hay zonas cálidas como el casco del pueblo y Boquerón, que es uno de los sectores más viejos porque allí se construyeron cuarteles ordenados por Gómez para albergar a los trabajadores del centro azucarero.
INDUSTRIA DULCITA El Central Azucarero Tacarigua, fue fundado el 9 de noviembre de 1914 con el nombre de "Sociedad Industrial Azucarera del Tacarigua", primera factoría de su género en Venezuela. En los tiempos de Juan Vicente Gómez, la totalidad de azúcar consumida en nuestro país se elaboraba en los llamados trapiches papeloneros, a partir de la fundación de la industria azucarera por parte de Gómez, se inició la fabricación de azúcar, mediante el uso de centrífugas y equipos al vacío. El Central Tacarigua fue la primera empresa fundada en el estado Carabobo y su primera locomotora fue traída de Alemania. En la industria del azúcar trabajaba toda la familia, por eso cuando cerró sus puertas en 1996, el pueblo de Central Tacarigua quedó desamparado y sin su principal fuente de ingreso.
A LANZAR LOS COHETES QUE COMENZO LA ZAFRA Desde 1914, todos los 5 de agosto se celebraba el Día del Trabajador Azucarero. Ese día marcaba el final de la zafra, que no es más que el corte de la caña, y las familias alegres acudían temprano al Central con ollas para buscar el azúcar que les regalaban como parte de la recompensa por su trabajo. En agradecimiento por la buena cosecha los pobladores lanzaban cohetes y hacían un festín colectivo. Era la celebración familiar de un trabajo familiar, porque en la siembra y recolección de la caña, laboraban hombres, mujeres y niños. Hoy en día, esa fecha se recuerda con tristeza porque desde el cierre del Central en 1996, ya no hay cosecha que agradecer y el pueblo ha tenido que subsistir con los pequeños rubros cultivados como el ocumo, papas y tomates. Los tacarigüenses quieren volver a ver el humo salir por el torrejón.
Cuando los primeros misioneros se establecían en un lugar, colocaban una cruz como muestra de que la fe cristiana había llegado. Esa cruz todavía está en Central Tacarigua y fue ése el lugar donde se levantó la iglesia del poblado en 1956. Carmen de Marteses, esposa del primer gerente de la empresa azucarera, se unió a Teodora de Henríquez, Carmen de Escarrá y otras señoras del pueblo en el proyecto de hacer una iglesia para el Central Tacarigua. Recolectaron fondos en la comunidad y la industria dulce colaboró con todos los bancos para el recinto de oración. El primer altar se hizo en la carpintería de la empresa azucarera y la primera campana fue una cuchilla de arado, mientras llegaba la que se había encargado a España y que ahora tañe anunciando la misa. Con la colaboración de todos se construyó la Iglesia en honor a la Virgen del Carmen, patrona del pueblo y que tiene como guardaespaldas el busto de Simón Bolívar, porque este es el único pueblo que tiene la plaza Bolívar detrás de la iglesia. Desde entonces todos los 16 de julio se celebra una misa como forma de pedirle a la Virgen la buena cosecha de caña en el año. Aunque después que cerraron el Central Azucarero la petición es su reapertura. Otra de las costumbres cristianas del lugar es la procesión del Corpus Christi.
CAÑA VERDE... AZUCAR CLARITA Hablar de Central Tacarigua, es hablar de la caña de azúcar y de las parrandas. Por eso su principal característica son las tradiciones transmitidas de padres a hijos en las parrandas de La India Guajira, La Verde Clarita y La Rival Clarita. Juan García, mejor conocido como Juan "Lambiojo", fue el creador de "La India Guajira", la primera parranda del pueblo, en 1939. El mismo Juan nos contó, con una asombrosa memoria a pesar de sus casi 90 años, que se trataba de la representación de una pareja de indios bailando al son de la música y de los versos improvisados que los integrantes de la agrupación tenían a flor de labios. Otro de los grupos de tradición en Central Tacarigua, es "La Verde Clarita". Y da gusto oír a los fundadores y a Pedro Ochoa, su director, la historia de su nacimiento el 13 de diciembre de 1941, en la casa de Roque Joaquín Páez. Páez reunió a los señores Moisés Linares y Simón Paiva, quienes todavía mantienen activo el orgullo del comienzo, además de Justo Paiva, Alejandro Moreno, Landaeta, Guillermo Campero, Francisco Paiva, Manuel Maduro, Efigenio Mota y Lorenzo Sanabria. Todos ellos trabajaban en la compañía azucarera y acordaron formar una parranda que animara las festividades decembrinas de la empresa. Manuel Maduro propuso relacionar el verde de la caña con "Clarita" que era el nombre del azúcar procesado en el Central. Así surgió "Verde Clarita". Después Moisés Linares le agregó el artículo "La". Así nació "La Verde Clarita", patrimonio cultural de Carlos Arvelo. Ha sido tanto el éxito de esta agrupación, que desde su inicio hasta la actualidad han montado 430 piezas musicales. Que han difundido por todos los recovecos de Venezuela. También tienen el semillero donde forman a los integrantes del futuro. En "La Verde Clarita" participó Antonio Morey, mejor conocido en el pueblo como "El Gallo Suelto", por su capacidad y disponibilidad de cantar en donde se lo pidan. Morey decidió hace 52 años formar su propia parranda, para hacerle una competencia sana y agradable a "La Verde Clarita". Así surgió "La Rival Clarita", parranda que ha tenido tanto éxito como la antecesora y también es considerada Patrimonio Cultural de Carlos Arvelo. El "Gallo Suelto" desea preservar la tradición y por eso en su casa tiene escuela de cuatro, de construcción de instrumentos y prepara a niños para que mantengan viva la parranda. El amor que siente el pueblo por la música, la percibimos al entrar y encontrarnos con una pequeña plaza en honor a Juan Villegas, el parrandero mayor.
PIEDRAS PINTADAS... PATRIMONIO ABANDONADO Como periodismo de aventura, calificaría nuestro esfuerzo por hallar los petroglifos de La Tiamita. Lugar donde se hallan vestigios arqueológicos de los Indios Tacariguas. Allí se llega preguntando, porque no hay señalización y por más que separamos las altísimas ramas, no logramos dar con la batea inmensa que supuestamente usaban las mujeres aborígenes para lavar. Después de soportar el desagradable olor del lugar, hallamos lo que los lugareños llaman "piedras pintadas" y "cacharros" de barro. Ellos también han conseguido huesos y cabellos humanos, que indican la existencia de cementerios indígenas en los alrededores de la quebrada Jabillal. Esta es el área arqueológica más interesante y valiosa del sur del Lago de Valencia, por eso es considerada patrimonio cultural del estado. Regresamos de La Tiamita con una tristeza muy grande, las expectativas por trasladarnos a la época indígena a través de los petroglifos fracasó. La indiferencia está matando los hilos de vida que quedan de nuestros antepasados.
BUEN OJO PARA CURAR EL MAL Isabel de Chirino, llegó a Central Tacarigua en 1923, cuando aún no habían casas construidas, sólo carreteras y militares en cuarteles. Cuando jovencita se enfermó y su mamá preocupada la llevó al único doctor que había en el pueblo, un médico cubano que le cobró 3 bolívares por la consulta. El galeno le dijo que su enfermedad no era tal, sino que estaba desarrollando un poder espiritual concedido por Dios. Isabel, incrédula, no hizo mucho caso de la advertencia del médico. Pero comenzó a oír voces que le anunciaron entre otras cosas el terremoto de El Tocuyo e hicieron que Isabel creyera en su poder. Y todavía con el miedo de ser tildada como bruja, empezó a curar la culebrilla, discipela y mal de ojo, con oraciones aprendidas durante su sueño. Hoy día, Isabel, a pesar de sus 90 años, hace arepas y recibe a personas de todas partes del país para aliviarles sus males. Eso sí, siempre hace el bien y nunca el mal.
PINTOR QUE PINTAS MI TIERRA... Justo diagonal al Central Azucarero y frente a la plaza Bolívar, descubrimos a Eleazar Pérez, un artista plástico nativo de la región y que sorprendería al mejor de los expertos. Su escuela de arte ha sido la vida, su inspiración las tradiciones del pueblo y su taller la sombra de un árbol de mamón en su humilde casa. Eleazar hace pinturas de abstractos geométricos, dignas de ser exhibidas en el más concurrido de los museos. Pero se vale de cualquier material para inventar una obra de arte; si lo que llega a sus manos es un caparazón de morrocoy, también sirve para convertirlo en una obra de arte. Así vimos una ordinaria brocha transformada en la hermosa muñeca que ahora decora mi cocina. Y aunque Eleazar está escondido en el pueblo del azúcar, su obra ha traspasado las fronteras y ahora se exhibe en varios países de Europa.
FLORES DE VENEZUELA PARA FRANCIA Jean Werter, ingeniero agrónomo, vino de Francia y después de visitar muchas zonas en Venezuela, se enamoró de la fértil tierra del sector La Fila y decidió cultivar flores tropicales. Heliconas, micrófonos o shampoo, calateas azules, rosas de porcelanas, plumas de reinas, calas, son algunas de las variedades de flores que cultiva Jean Werter en Central Tacarigua y que le sirven a los franceses para engalanar a sus enamoradas. Porque en la agropecuaria El Tilo, se preparan ramos de flores listos para la exportación. Los franceses prefieren las variedades exóticas venezolanas a las rosas que ellos producen. De allí salimos con un ramo de rosas, obsequio de un francés con corazón tacarigüense.
PIEDRAS CON AMOR Y CATALINAS Nelson Méndez construyó junto al amor de su esposa Luz Alba Ardila, una casa todita de piedra. Con piscina y taller de arte incluidos. êl arquitecto de la vida y ella artista plástico, quisieron trasladar la comodidad de la ciudad a la tranquilidad y pureza del campo brindado por el sector "El 25", de Central Tacarigua. Como necesitaban capital para hacer la casa de sus sueños, Nelson se especializó en cocinar y vender unas catalinas tan suavecitas, que contrastan con la dureza de las piedras que rodean el lugar. Mientras comíamos las catalinas disfrutamos del paisaje boscoso que tiene la casa como patio.
UN CHORRITO DE MILAGROS Cerquita del Central Tacarigua, en la vía hacia Noguera, nos encontramos con la Virgen del Chorrito. Una verdadera muestra de fe a la Virgen de Lourdes aparecida allí hace mucho tiempo, tanto que los pobladores no lograron dar con una fecha aproximada. Lo cierto es que allí hay un chorrito que sale de la montaña. Un manantial con el agua más clara que mis ojos hayan visto. Quizás por eso la Virgencita lo escogió para bendecir el fluido. Personas provenientes de todas partes del país, vienen a bañarse o por lo menos a lavarse la cara y manos con el agua bendita, buscando el milagro que cure sus dolencias.
ENCANTO DE TUNEL Seguimos en nuestro paseo y camino hacia Noguera llegamos al túnel de "La Encantada", llamado así por la inmensa hacienda que se encontraba en ese lugar y que perteneció a Reinaldo Cervini. Fue impresionante ver una angosta pero larguísima carretera bordeada de inmensos árboles. El túnel no tiene ni un gramo de cemento, pero sí millones de verde fresco, verde tranquilidad, verde naturaleza. Son 7 kilómetros de una vía que está rodeada por samanes y cedros centenarios con más de 15 metros de alto. Lamenté no tener una bicicleta para recorrerlo y llenar mis pulmones con el aire puro del lugar.
QUE VUELVA A SONAR EL PITO Entre 1914 y 1996, nunca dejó de sonar a las 4:45 de la mañana, el pito a vapor del Central Azucarero traído desde Alemania y anunciando que el primer turno de la molienda empezaba a las 6:00. Ese pito lograba escucharse en 5 kilómetros a la redonda durante 15 minutos y despertaba al pueblo. El Central Tacarigua era un pueblo tempranero y a la hora que sonaba el pito, toda la familia se levantaba. Las señoras a preparar el café y desayuno, los jornaleros para ir al trabajo y los niños rumbo a la escuela. El sueño de los tacarigüenses es que vuelva a sonar anunciando el comienzo de la jornada y el regreso de la esperanza al pueblo.
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