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Alberto Iglesias se prepara para el vacío después de los Oscar
"Me dijo que me preparara para el vacío después de los Oscar", confesó a EFE este compositor nacido en San Sebastián hace 50 años. "También me dijo que me lo pasara muy bien", añade con calma y tranquilidad, recordando las palabras de un cineasta con el que ha trabajado en seis ocasiones. Relajado ante la ceremonia que se le viene encima el domingo, Iglesias es el primer compositor español que llega a los Oscar. Su partitura por el filme del brasileño Fernando Meirelles compite con dos trabajos de John Williams, "Memorias de una geisha" y "Munich"; la banda sonora del argentino Gustavo Santaolalla para "Brokeback Mountain", y la música de Dario Marianelli en "Orgullo y prejuicio". Aunque todas las quinielas apuntan hacia Williams como el posible ganador, o como sopesa Iglesias "eso es lo que dicen", al español la candidatura no le ha podido llegar en mejor momento. Acababa de concluir su trabajo en "Volver", el próximo estreno de Almodóvar, cuando recibió la noticia de su candidatura, justo en el momento en el que pensaba tomarse unas vacaciones. "Y eso es lo que estoy haciendo, tomándome unas vacaciones", dice paladeando una noticia muy alegre pero que también le dejó un poco atontado. Unas vacaciones que le han traído a Los Angeles, donde lleva una semana participando en las fiestas de Hollywood y conduciendo por la ciudad con los ritmos que esta urbe le sugiere. "De paso por Boston escuché a Sostakovich, probablemente por la nieve, y aquí escucho a Mariza, la cantante portuguesa. Ya sé que es una ciudad poco asociada con la melancolía pero quizá me estoy preparando para el vacío que me anunció Pedro", bromea. Ni espera que los Oscar le cambien la vida ni lo desea. Iglesias quiere continuar lo que está haciendo, entre otros proyectos la próxima película del español Julio Medem y un proyecto propio orquestal y vocal que saldrá en septiembre. Pero la experiencia no se la quita nadie, ni los amigos que ha hecho en estos días, entre ellos Santaolalla, con el que se fue de cena en Los Angeles y que le enseñó a paladear los vinos argentinos. "Nos lo pasamos muy bien", afirma más ilusionado con estos encuentros que con los típicamente de Hollywood, donde se siente "mucho más cortado". "Tampoco he recibido ningún regalo como dicen", comenta con cara pícara sabiendo que finalmente alguno caerá en las fiestas a las que está invitado. Al menos ya tiene esmoquin, que se compró en Nueva York, y sabe que irá a la ceremonia con su novia Cristina y con su hijo Jon. También le acompañará esa hoja seca que se encontró en la calle y atesora como un talismán aunque aún no sepa si le dará buena suerte. Iglesias está contento sobre todo porque ve un Hollywood abierto a lo que él llama "artistas periféricos", como él, como Santaolalla, artistas que viven fuera de esta industria pero que cada vez tienen más cabida en sus películas. "Yo no me veo aquí montándome un estudio y esas cosas, pero tampoco me importaría vivir un tiempo, me gustan los cambios", reflexiona alguien que ha trabajado con Almodóvar desde "La flor de mi secreto". Almodóvar ha sido clave en su carrera, e Iglesias no duda en darle el crédito, pero quizá porque ambos coinciden en la misma meta. "El objetivo es contribuir a una gran historia, no a una gran música", describe de su labor. Muy modesto, incluso en este momento de triunfo, Iglesias sacude la cabeza cuando le recuerdan que es una avanzadilla para los compositores españoles en Hollywood. "De hecho podría haber sido Roque Baños o cualquier otro porque los hay muy buenos", afirma en referencia a otro compositor español al que considera su amigo. En cuanto al discurso, en su bolsillo tan sólo está esa hoja seca y nada más. "Pero debería preparar algo, *no?", pregunta para sí mismo mientras se encoge de hombros y levanta la vista al cielo. EFE
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