Transmerica

Joaquín Fernández.- De igual forma que no son pocos los que arremeten contra el cine comercial y ensalzan con entusiasmo ciertas producciones que cuentan con presupuestos reducidos y que en teoría han sido realizadas con una mayor libertad creativa por parte de sus autores, otras personas, entre las que me incluyo, creemos que en ocasiones se le otorga excesiva relevancia a determinadas películas que en realidad resultan tan vacuas como los efectos especiales que se añaden a una historia para de este modo encubrir sus defectos. Por fortuna, no sería justo adscribir a "Transamérica" en este último grupo, ya que se trata de una agradable y pequeña cinta que, sin maravillar al espectador, al menos le hará pasar un buen rato y le permitirá reflexionar sobre un tema, el de la transexualidad, que afecta a un pequeño número de individuos que en no pocas ocasiones se sienten discriminados por la sociedad.

El largometraje en cuestión está escrito y dirigido por Duncan Tucker, un desconocido cineasta que debuta en la gran pantalla con este trabajo. Con un coste de apenas un millón de dólares, Tucker ha sacado adelante un relato en el que Bree Osbourne aguarda con ganas el momento en el que pueda hacerse una operación de cambio de sexo que por fin le permita reconocerse como una mujer. Sin embargo, cuando descubre que tiene un hijo ya adolescente a causa de una relación heterosexual que mantuvo en el pasado, su mundo se le viene abajo, ya que su médico no autorizará la intervención quirúrgica si antes no se encuentra con el muchacho.

Bree se traslada hasta Nueva York para recoger al joven en una comisaría, puesto que éste trafica con drogas y ha de pagar su fianza para sacarlo de allí, siendo el viaje de regreso a Los µngeles con el chico el verdadero eje de la película, que se transforma entonces en una peculiar road movie en la que, sin obviar el planteamiento inicial de las dificultades que entraña para una persona el cambio de sexo, una cuestión que se podría abordar mejor en un reportaje televisivo serio o en un documental, se plantean otros asuntos relacionados con, por ejemplo, la tolerancia o las relaciones familiares.

"Transamérica" mezcla con acierto el drama y la comedia, siendo reseñable la humildad de sus planteamientos. Es verdad que se produce un notable desequilibrio entre estos dos géneros en determinados pasajes del filme (a veces el comportamiento de la madre de Bree resulta excesivamente histriónico), pero la forma en la que está desarrollada la historia, con buen gusto y respeto (salvo para aquellos que a estas alturas todavía se escandalicen por ver algún desnudo en la pantalla), ayuda a que incluso los espectadores que habitualmente huirían de este tipo de largometrajes puedan disfrutar con su visionado.

Por supuesto, la interpretación de Felicity Huffman se erige como el mayor acicate de la película, aunque bajo mi punto de vista no lo es por el hecho de que la actriz tenga que ponerse en la piel de un hombre que quiere ser una mujer; de hecho, Huffman brilla sobre todo en aquellos instantes en los que poco importa el sexo de su personaje, sino los sentimientos que se ocultan en su interior. Además, a su lado nos topamos con un competente elenco de secundarios, comenzando por Kevin Zegers, quien se dio a conocer por la saga "Air Bud" y al que recientemente hemos visto tanto en la televisión ("Smallville", "House") como en las salas de cine ("Amanecer de los muertos"), sin olvidarnos de las aportaciones de Fionnula Flanagan ("Los otros"), Burt Young ("Rocky") y Graham Greene.

 

 

 

 

 



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