Munich:

¿Será la sorpresa de los Oscar 2006?

Juan Pablo Valero
juanpablovalero@gmail.com

Con toda la atención puesta en las "cajas chicas", todo el planeta Tierra estaba siguiendo las incidencias del secuestro de un grupo de atletas de Israel en las Olimpiadas de Munich. El fatídico mes de septiembre de 1972, el aliento de la humanidad esperaba conseguir alivio en las transmisiones de noticias salvadoras sobre el destino de estos deportistas.

Las Olimpiadas de la paz, como se le conoció a esa justa deportiva, evento que empezó vestida de los colores del amarillo, el rojo, el negro, el azul y el verde (los aros olímpicos), se tiñó de sangre con las frases del comentarista Jim McKay quien tomó un hálito de aire y se dirigió a su inconmensurable audiencia invisible para decir "Todos han muerto".

Esta noticia está catalogada como una de las más impactantes del siglo que acaba de fenecer, y se erigió como el marco de la más reciente película del "Rey Midas" de Hollywood, el afamado director Steven Spielberg.

A pesar de que Munich no es una de las mejores películas de este genio del séptimo arte, logra importantes nominaciones a los premios de la Academia y se coloca, según expertos, en la segunda posición para obtener el laudo de la mejor película.

Esta idea no es del todo descabellada, partiendo de la edición pasada que a semanas de realizarse daba a "El Aviador" como la gran ganadora del evento y sin embargo "Golpes al Destino" cobró fuerza y le rompió las alas al sueño de Martin Scorsese.

Munich se inicia en los sucesos de las modernas Olimpiadas de Alemania, donde asesinaron a 11 atletas de Israel. Los victimarios fueron un grupo de personas pertenecientes a la asociación terrorista "Septiembre Negro". Spielberg compagina magistralmente la ficción con las imágenes que hicieron historia en la cobertura periodística del mundo.

El director envuelve al espectador en la dualidad de los hechos internos, las secuencias que se transmitieron en el momento y las reacciones en el mundo, especialmente en los países árabes y en la propia Israel. En las demoledoras escenas se muestra la alegría de algunos y la tristeza de otros, separadas por el telón de hierro de la intolerancia, las diferencias, las ideologías, las religiones y las fronteras.

Algo encomiable del cineasta es que no pretende hacer juicios morales sobre este hecho, porque cada bando tenía sus razones para actuar y cumplir con los designios de su fe y de las circunstancias, que poco a poco fueron desencadenando una epidemia de violencia que nunca se pudo frenar hasta el sol de hoy.

Munich narra los eventos que protagonizó Avner, un joven militar de Israel, quien atiende el patriotismo de su nación herida de muerte por aquel hecho y forma parte de un escuadrón atípico que tiene la única misión de vengar a los caídos.

Avner y sus hombres tienen pautado matar a todas las personas que estaban detrás de esa operación, para dar una lección dolorosa a sus enemigos y evitar poner la otra mejilla, en un mundo donde los errores se pagan con sangre.

En su misión se topa con el hecho de que sus enemigos son personas como ellos, seres con familia y sentimientos de amor increíbles hacia los suyos. Estos ciudadanos del mundo árabe, al igual que el grupo de exterminio, tienen una misión "sagrada" con su país y con sus creencias.

El escuadrón israelí entra en un conflicto moral y se mueve entre dos extremos; el primero de ellos es cumplir con lo encomendado y, el segundo es salvar vidas inocentes.

Durante la complicada trama de la película, los personajes desfilan sobre una cuerda floja y su caída sería su propia muerte o la de sus seres amados.

En este fragmento de su vida Avner tendrá que poner cada extremo de la balanza, la fidelidad a la tierra que le dio el nacer y en el otro extremo a su esposa y a su recién nacida hija, por las cuales siempre teme a medida que va cometiendo los asesinatos.

Al final Avner (caracterizado por el inexpresivo Eric Bana) tendrá que someter lealtades, creencias y razones para poder sobrevivir y encontrará en sus resoluciones que la verdadera ayuda proviene de lugares y personas inesperadas y que no todo lo que brilla es oro.

Spielberg trae un drama cargado de sangre y explosiones, con escenas tan fuertes, que pueden responder fácilmente a una visión vampírica de los acontecimientos, la cual podría impresionar a buena parte de la audiencia, que no tolera tantos desmembramientos, orificios de bala y litros de sangre por doquier.

La cinta posee buenas actuaciones, apartando claro está, a su protagonista. Spielber cuenta con un elenco modesto pero funcional, donde destacan Daniel Craig (el próximo James Bond), Geoffrey Rush (Claroscuro), Mathieu Kassovitz, Hanns Zischler y Ciaran Hinds.

La trama es envolvente la primera hora, pero por momento se vuelve tediosa y difícil de llevar, porque se cae en demasiados moralismos, que tienden a empapelar tan sólo un poco el desarrollo de la historia, aunque en líneas generales es una buena trama y con reflexiones acordes a una cinta de su estilo, donde se deja a un lado el cliché que los americanos son los buenos y los árabes los malos; por el contrario, trae al público una visión más completa y deja que el espectador decida a quien darle la razón en todos los sucesos que se plantean frente a sus ojos.



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