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La Púrpura, expresión del
Amor de Cristo
Benedicto XVI puso de relieve que el Consistorio Ordinario
público "manifiesta con gran elocuencia la naturaleza universal
de la Iglesia, difundida por todos los rincones del mundo para anunciar
a todos la Buena Nueva de Cristo Salvador".
Tras recordar que Juan Pablo II celebró nueve consistorios,
el Papa dijo que a pesar de que hayan cambiado muchas cosas a lo largo de
los siglos en lo concerniente al colegio cardenalicio, sin embargo, "la
sustancia y la naturaleza esencial de este importante organismo eclesial
no han cambiado".
El Santo Padre afirmó que quien ejerce la autoridad
en la Iglesia se distingue por su "disponibilidad total y generosidad
en el servicio a los demás".
"El primer "Siervo de los Siervos de Dios",
como le gustaba definir a San Gregorio Magno al Romano Pontífice,
"es Jesús. Detrás de él y unidos a él,
los apóstoles; y entre ellos, de modo especial, Pedro. (...) El Papa
tiene la tarea de ser el primer servidor de todos".
Dirigiéndose a los nuevos cardenales, el Papa señaló
que estaban llamados a "colaborar con el Sucesor de Pedro, "más
estrechamente unidos a él, en el cumplimiento de su peculiar servicio
eclesial, y esto significa una participación más intensa en
el misterio de la Cruz en compartir los sufrimientos de Cristo".
Resumiendo el sentido de su nueva llamada, con la palabra
"caritas", tema de su encíclica, el Santo Padre pidió
que la púrpura que vestían fuera siempre "expresión
de la "caritas Christi", estimulándoos a un amor apasionado
por Cristo, por su Iglesia y por la humanidad. Tenéis un ulterior
motivo para tratar de revivir los mismos sentimientos que llevaron al Hijo
de Dios hecho hombre a derramar su sangre en expiación por los pecados
de toda la humanidad".
"Cuento con vosotros, con todo el colegio cardenalicio
del que vais a formar parte, para anunciar al mundo que "Deus caritas
est", y para hacerlo sobre todo mediante el testimonio de comunión
sincera entre los cristianos".
Benedicto XVI subrayó que también contaba
con los purpurados para que "el principio de la caridad irradie y haga
vivificar a la Iglesia en todos los grados de su jerarquía, en todas
las comunidades e institutos religiosos, en todas las iniciativas espirituales,
apostólicas y de animación social".
"Cuento con vosotros -añadió- para que
el esfuerzo común de fijar la mirada en el corazón abierto
de Cristo haga más seguro y expedito el camino hacia la plena unidad
de los cristianos. Cuento con vosotros -concluyó-, para que gracias
a la atenta valoración de los pequeños y de los pobres, la
Iglesia ofrezca al mundo de modo incisivo el anuncio y el desafío
de la civilización del amor. Todo esto me gusta verlo simbolizado
en la púrpura de la que estáis revestidos. Que sea realmente
símbolo del ardiente amor cristiano que se refleja en vuestra existencia".
A continuación tuvo lugar la profesión de
fe de los nuevos cardenales ante el pueblo de Dios y el juramento de fidelidad
y obediencia al Papa y a sus sucesores.
Los nuevos cardenales, según el orden de creación,
se arrodillaron ante el Papa, que les impuso la birreta roja y les asignó
una iglesia de Roma (Título o Diaconía), como signo de participación
en la solicitud pastoral del Papa por la ciudad.
El Santo Padre entregó posteriormente la Bula de
Creación de Cardenales e intercambió el abrazo de paz con
cada uno de los nuevos miembros del colegio cardenalicio quienes, a su vez,
cumplieron el mismo gesto entre ellos.
La celebración concluyó con la oración
de los fieles, el rezo del Padrenuestro y la bendición final.

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