Jorge Urosa Savino
Nuevo Cardenal de la Iglesia Católica

Valencia, 25 de Marzo de 2006

Editorial
Notitarde
C.A

Benedicto XVI crea 15 cardenales: un "nuevo aire" para la Iglesia

La creación de 15 nuevos cardenales es un acontecimiento grandioso: la Plaza de San Pedro se ha tornado púrpura y el viento sopla entre los atuendos de los líderes eclesiásticos, a quienes pocas veces se les puede ver reunidos. ¿Qué mejor ocasión entonces para que el Papa marque un nuevo rumbo a la Iglesia?.

Hace casi un año desde que Benedicto XVI asumió el pontificado, y su postura ha sido más bien cuidadosa y reservada. Pero hoy Joseph Ratzinger ha dejado claro a sus nuevos colaboradores cuál es su programa: "un nuevo aire para la Iglesia".

En un tono casi de reproche, el pontífice alemán se dirigió a los 190 cardenales de todo el mundo, 100 de los cuales se habían congregado en la Plaza de San Pedro resistiendo el frío viento y las bajas temperaturas. Benedicto XVI defendió que la Iglesia debe adoptar un aire nuevo "en todos los niveles" y convertirse "en un poderoso estandarte de la civilización del amor".

El camino hacia "la unidad total de los cristianos" debe seguir construyéndose, añadió. Y de nuevo las quejas: "Confío en vosotros, hermanos, confío en todo el colegio cardenalicio." Parecía una exhortación y al mismo tiempo una súplica de ayuda.

Lo que Ratzinger trató de hacer es dar la vuelta a una especie de visión espeluznante: la Iglesia, una institución cada vez más anclada e inmóvil, debe convertirse en un tanque gigante capaz de maniobrar. Su visión, que él denomina "sal de la Tierra", supone convertir a la Iglesia en una institución viva y fresca.

No ha sido casualidad que el Papa haya reunido a todos los cardenales antes de la ceremonia para que se expresaran libremente. El tema principal al que debe consagrarse la Iglesia es obvio: ¿cómo reaccionar ante el reto del islam? Sin olvidar los "urgentes cambios estructurales" de la curia romana.

Como en toda gran empresa, las cuestiones personales son las más delicadas. Los periódicos romanos ya habían pintado por momentos una "Revolución de Octubre" en el Vaticano, un cambio rápido, radical y violento en la curia.

Pero el prudente Pontífice ha decidido esperar un poco y no ordenó sus primeras modificaciones hasta hace tan sólo unos días. Sin embargo, el objetivo es claro: hacer posible la reducción del aparato.

"Los detalles siguen siendo un misterio" escribe hoy un diario romano. Y otro punto más: la edad de jubilación de obispos y clérigos aumentará de 75 a 78 años.

Entre los quince nuevos purpurados figura Jorge Liberato Urosa Savino, arzobispo de Caracas, y Antonio Cañizares Llovera, arzobispo de Toledo.

Entre los expertos sobre el Vaticano no hay lugar a dudas: desde su elección el 19 de abril, Benedicto XVI ha mantenido intencionadamente una postura más bien moderada; después llegó la Jornada Mundial de la Juventud en Colonia, donde predicó ante miles de fieles y causó "sensación" al reunirse con el famoso crítico de Roma Hans Kueng; y finalmente la encíclica "Deus Caritas est" (Dios es Amor), en la que el frío Ratzinger se volvió poético.

Todo esto ha sido nuevo y ha supuesto un paso hacia adelante. No obstante, "es demasiado pronto para hablar de una era Ratzinger", opina un teólogo alemán en Roma. Benedicto XVI no es demasiado amigo de los medios, ni un "gran comunicador" como su predecesor Juan Pablo II. "En él lo esencial no es la persona, sino el mensaje", dicen sus colaboradores. Y ahora quiere dar "una nueva vida a la Iglesia". Seguro que no le espera una tarea fácil.

 

 

 

 

 

 

 

 

 



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