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Benedicto XVI crea 15 cardenales: un "nuevo
aire" para la Iglesia
La creación de 15 nuevos cardenales es un acontecimiento
grandioso: la Plaza de San Pedro se ha tornado púrpura y el viento
sopla entre los atuendos de los líderes eclesiásticos, a quienes
pocas veces se les puede ver reunidos. ¿Qué mejor ocasión
entonces para que el Papa marque un nuevo rumbo a la Iglesia?.
Hace casi un año desde que Benedicto XVI asumió
el pontificado, y su postura ha sido más bien cuidadosa y reservada.
Pero hoy Joseph Ratzinger ha dejado claro a sus nuevos colaboradores cuál
es su programa: "un nuevo aire para la Iglesia".
En un tono casi de reproche, el pontífice alemán
se dirigió a los 190 cardenales de todo el mundo, 100 de los cuales
se habían congregado en la Plaza de San Pedro resistiendo el frío
viento y las bajas temperaturas. Benedicto XVI defendió que la Iglesia
debe adoptar un aire nuevo "en todos los niveles" y convertirse
"en un poderoso estandarte de la civilización del amor".
El camino hacia "la unidad total de los cristianos"
debe seguir construyéndose, añadió. Y de nuevo las
quejas: "Confío en vosotros, hermanos, confío en todo
el colegio cardenalicio." Parecía una exhortación y al
mismo tiempo una súplica de ayuda.
Lo que Ratzinger trató de hacer es dar la vuelta
a una especie de visión espeluznante: la Iglesia, una institución
cada vez más anclada e inmóvil, debe convertirse en un tanque
gigante capaz de maniobrar. Su visión, que él denomina "sal
de la Tierra", supone convertir a la Iglesia en una institución
viva y fresca.
No ha sido casualidad que el Papa haya reunido a todos
los cardenales antes de la ceremonia para que se expresaran libremente.
El tema principal al que debe consagrarse la Iglesia es obvio: ¿cómo
reaccionar ante el reto del islam? Sin olvidar los "urgentes cambios
estructurales" de la curia romana.
Como en toda gran empresa, las cuestiones personales son
las más delicadas. Los periódicos romanos ya habían
pintado por momentos una "Revolución de Octubre" en el
Vaticano, un cambio rápido, radical y violento en la curia.
Pero el prudente Pontífice ha decidido esperar un
poco y no ordenó sus primeras modificaciones hasta hace tan sólo
unos días. Sin embargo, el objetivo es claro: hacer posible la reducción
del aparato.
"Los detalles siguen siendo un misterio" escribe
hoy un diario romano. Y otro punto más: la edad de jubilación
de obispos y clérigos aumentará de 75 a 78 años.
Entre los quince nuevos purpurados figura Jorge Liberato
Urosa Savino, arzobispo de Caracas, y Antonio Cañizares Llovera,
arzobispo de Toledo.
Entre los expertos sobre el Vaticano no hay lugar a dudas:
desde su elección el 19 de abril, Benedicto XVI ha mantenido intencionadamente
una postura más bien moderada; después llegó la Jornada
Mundial de la Juventud en Colonia, donde predicó ante miles de fieles
y causó "sensación" al reunirse con el famoso crítico
de Roma Hans Kueng; y finalmente la encíclica "Deus Caritas
est" (Dios es Amor), en la que el frío Ratzinger se volvió
poético.
Todo esto ha sido nuevo y ha supuesto un paso hacia adelante.
No obstante, "es demasiado pronto para hablar de una era Ratzinger",
opina un teólogo alemán en Roma. Benedicto XVI no es demasiado
amigo de los medios, ni un "gran comunicador" como su predecesor
Juan Pablo II. "En él lo esencial no es la persona, sino el
mensaje", dicen sus colaboradores. Y ahora quiere dar "una nueva
vida a la Iglesia". Seguro que no le espera una tarea fácil.

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