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El Vaticano abrió sus puertas y
hubo festejos por los nuevos cardenales
Las sobrias y elegantes salas del Vaticano fueron abiertas
excepcionalmente este viernes en la tarde para recibir a una muchedumbre
de católicos de todo el mundo que rindió homenaje a los 15
nuevos cardenales proclamados por Benedicto XVI, entre ellos el venezolano
Jorge Urosa.
"Me siento muy contento y agradecido con el Papa",
admitó a la AFP el nuevo cardenal latinoamericano, vestido de pies
a cabeza con su traje cardenalicio rojo sangre, mientras saludaba y bromeaba
con obispos, compatriotas y periodistas.
Una atmósfera festiva reinaba en los magníficos
recintos y corredores del palacio apostólico, donde los 15 nuevos
purpurados, de once nacionalidades diferentes, cumplían el antiguo
rito de las "visitas de calor" que por tradición se celebran
en ocasión de la proclamación de un "príncipe"
de la Iglesia.
"Recibo el título con humildad, como un gesto
de amor por Venezuela y para fortalecer a la Iglesia latinoamericana",
agregó con tono más serio el arzobispo de Caracas, quien fue
profesor por 20 años.
Instalado en la espléndida Sala de las Bendiciones,
que da sobre la explanada de la Plaza de San Pedro, a pocos pasos del anciano
cardenal africano de Ghana, Peter Dery, rodeado en su silla de ruedas por
parientes vestidos con sus túnicas típicas, y del arzobispo
chino de Hong Kong, Joseph Zen, fotografiado continuamente, el arzobispo
de Caracas resaltaba por su estilo cordial, afectuoso, caribeño.
"Seguiremos el ejemplo de la iglesia colombiana, de
sus obispos, que trabajan por la paz, el diálogo. Hay que trabajar
con tenacidad para resolver los problemas que agobian a Venezuela",
asegura. El primer cardenal latinoamericano designado por Benedicto XVI,
reconoce que Venezuela necesitaba un cardenal activo, tal como ocurre en
los demás países de América Latina y se siente, como
lo afirmó el mismo Papa en su homilía de la mañana,
parte del "senado" de la Iglesia.
El carácter cosmopolita del homenaje, con grupos
de asiáticos vestidos de raso variopinto, africanos con túnicas
rojas y amarillas, eslovenos con trajes típicos floreados, al lado
de aristócratas italianos, impecablemente de chaqueta negra, creaba
un clima de verdadera fiesta.
El ex secretario de Juan Pablo II por 30 años, "Don
Stanislao" Dziwisz, actual arzobispo de Cracovia, en Polonia, era una
de las figuras más festejadas, ante una fila de camarógrafos,
vaticanistas y polacos que querían entrevistarlo y saludarlo.
La Sala Pontificia, donde recibía, estaba llena
de regalos, flores y autoridades, confirmando la popularidad que acompaña
todo recuerdo del Papa fallecido el año pasado.
"Seguiremos a don Antonio adonde vaya", clamaba
por su parte uno de los quinientos españoles, la mayoría ancianos,
que con pañoletas anaranjadas hacían fila para saludar al
nuevo purpurado español Antonio Cañizares, arzobispo de Toledo.
En medio del gentío, desfilaba discretamente con
su simple sotana negra el secretario particular de Benedicto XVI, Georg
Gaenswein, de 48 años, quien se dejaba abordar con disponibilidad
por todo aquel que se le acercaba.
Mientras la noche comenzaba a caer y las lámparas
y arañas iluminaban los gigantes salones, las puertas del Vaticano
volvieron a cerrarse cubriéndose de nuevo con un manto de silencio.

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