Valencia, 30 de Junio de 2006 |
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Alemania y Argentina, dos trenes a punto de chocar En el aire hay una atmósfera de tensión. Todo esto es como ver a dos trenes que se aproximan el uno al otro y, en lugar de frenar, ambos aceleran. El choque será estrepitoso y solo uno de los dos quedará vivo. Así de triste será la historia... para el que quede tendido sobre la vía. Por eso es que un Alemania-Argentina en cuartos no era tan apetecible como la final. Pero el fútbol, como todo, es así de cruel.
¿La de ganar? De inicio, la tiene Alemania. Es la selección local, la que lleva a sus hombros el peso de amenizar al público de casa, la que ha crecido en volumen de juego desde que comenzó el Mundial, la que no ha tenido que depender de una figura para pasar a la siguiente ronda (léase Inglaterra o Italia), la que tiene, a la fecha, la mejor delantera del torneo (Klose es el Pichihi del Mundial con cuatro goles y Podolski lo sigue con tres). Qué más se puede pedir!
¿Y Argentina puede ganar? Bueno, por qué no. También es un equipo que ha crecido. Hay unidad en sus líneas (si no, pregúntenle a Serbia y Montenegro, que recibió una goleada y en el segundo gol todos tocaron la pelota) y los chavales se conocen, en ocasiones, desde las selecciones menores de Argentina. Pekerman se siente como el padre de la criatura: le ha dado vida, forma y estilo de juego.
CUSTIàN DE ESTILOS
Estos dos trenes vienen con únicamente dos goles recibidos. El caso alemán quizá, es más notorio, porque quien se los anotó, Costa Rica, ya se fue del Mundial. Eso refleja la actitud autoreflexiva de los teutones. Desde que Wanchope los vulneró, nadie lo ha vuelto a hacer. Cosa difícil cuando selecciones como la de Suecia han pasado por ahí. Aparte, la defensa se ha construido con jugadores que no son de renombre, donde el más conocido es, en todo caso, Lahm.
Alemania cuenta con una media que juega con las revoluciones aceleradas, al mismo ritmo todo el partido. Frings, Ballack, Schneider y Schweinsteiger tienen una apuesta clara: abrir los laterales y centrar para Klose o Podolski. Mucho orden, mucha disciplina, mucha seriedad... nadie se sale del libreto... muy al estilo alemán.
Enfrente tendrán a un rival antagónico. Argentina cuenta con jugadores que inventan, que sí llevan un esquema, pero que tocan a su antojo y, cuando no tocan, driblan, desequilibran, gustan de llevar la pelota por el pasto, con el jugador más cercano. A veces, dependen mucho de Riquelme, un volante envidiado, pero que también suele caer en letargos en los que juega mucho hacia atrás. Igual, un pase suyo puede ser letal, sobre todo si lo recibe un tal Hernán Crespo, todo un sabueso del gol.
Así las cosas, alemanes y argentinos -y uno que otro ciudadano del mundo- tendrán el corazón en un hilo. Alemania no sorprenderá en su titular; Argentina tal vez lo pueda hacer con la inclusión de Messi en lugar de Saviola, pero Pekerman tampoco hará muchos cambios. Ah, Maxi Rodríguez tal vez se haya ganado su lugarcito por el golazo contra México. Hay olor a revancha: las finales de México 86 y de Italia 90 revolotean en el recuerdo, pero una nueva historia está por escribirse en este nuevo siglo.
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