Valencia, 8 de Julio de 2006 |
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Italia y Francia y estereotipos que son
negados por la historia
Quien piensa en Italia, piensa en un fútbol radicalmente defensivo y evoca irremediablemente el catenaccio del legendario Helenio Herrera, que en estado puro hace tiempos que no existe. Cuando alguien habla de fútbol francés, piensa en un fútbol ofensivo y acaso evoque la figura de Just Fontaine que en el Mundial de 1958 marcó 13 goles alcanzando un récord que sigue vigente. Sin embargo, y pese a la figura de Fontaine, ha sido Italia, y no Francia, la que casi en todas las épocas de su historia ha producido grandes delanteros. Desde Giussepe Meazza, en los años treinta, hasta Paolo Rossi, hasta Paolo Rossi, en los ochenta, para mencionar sólo a dos que han obtenido el título mundial, y llegando a los actuales como Luca Toni, los hermanos Inzagui, Alberto Gilardino o el incombustible Alessandro del Piero, Italia tiene una impresionante tradición de grandes atacantes. En los sesenta y setenta, se puede mencionar a Sandro Mazzola, Roberto Boninsegna, Luigi Riva, Giani Rivera, Giancarlo Chinaglia y Roberto Bettega, en los ochenta al ya mencionado Rossi y en los noventa a Roberto Baggio. Buscar delanteros franceses con el mismo renombre, en cambio, es una empresa difícil. La selección francesa de los años ochenta, capitaneada por Michel Platini uno de los mejores equipos que se ha visto nunca capitaneada, no fue campeona del mundo en parte por falta de delanteros con capacidad de definir. Didier Six, Domique Rocheteau y Bruno Bellone no supieron sacarle todo el provecho a las asistencias que venían de un centro del campo genial en el que estaban Platini, Jean Tigana y Alain Girese. Cuando Francia, al fin, logró coronarse campeona del mundo, en 1998, el seleccionador Aimee Jacquet hubiera podido llevar a dos delanteros de clase mundial que eran Eric Cantona y Nicolas Anelka pero prefirió prescindir de ellos y prefirió a un tal Stéphane Guivarc'h que tal vez sólo sea recordado por las ocasiones que falló. La fuerza de aquella selección estuvo, en primer lugar, en una extraordinaria defensa liderada por Laurent Blanc, que sólo permitió dos goles en contra en todo el torneo, y, en segundo lugar, en la genialidad del centrocampista Zinedine Zidane Cuatro años después, en Corea y Japón, Francia, por primera vez desde Just Fontaine, tenía en su equipo a delanteros de gran renombre como Daniel Trezeguet y Thierry Henry que no marcaron un sólo gol y "ayudaron" decisivamente a que los franceses se fueran anticipadamente del torneo. Ahora, los dos equipos han llegado a la final gracias ante todo a un trabajo defensivo, Italia han encajado un único gol y Francia apenas dos, pero si a alguno de los dos ha mostrado claro atrevimiento ofensivo ha sido Italia en la prórroga del partido contra Alemania. Esa noche, los italianos terminaron jugando prácticamente con cuatro delanteros: dos atacantes claros -Gilardino y Iaquinta- y dos medias puntas como Alessandro del Piero y Francesco Totti.EFE
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