Que se sienta la esperanza II

El país que queremos.

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El año pasado por esta misma fecha por casualidad, escribí una entrega con el título, “Que se sienta la esperanza”. En esa oportunidad refiriéndome al arranque de campaña de las elecciones a Gobernador, manifesté la necesidad de ofrecer “un cambio radical en la forma de conducir los destinos de este estado…”, hoy quisiera referirme a los destinos del país.

Venezuela requiere muchas atenciones en sus servicios públicos, padecemos problemas de agua, luz, gas, salud pública, dotación de hospitales, y muy especialmente las carreteras y autopistas, que son las que movilizan la economía del país. El venezolano no logra salir de una preocupación, cuando se le presenta otra, no es solo la crisis económica y social que lo ahoga de penurias y tristeza, es el colapso total de su calidad de vida.  El ciudadano en Venezuela pierde la esperanza y entra en resignación.

Como señale, el tema de la esperanza en la oportunidad de una campaña electoral es fundamentalmente el tema estratégico para el triunfo, siendo que ahora, concluida la posibilidad de un proceso electoral presidencial, urge devolverle la esperanza por un cambio a la gente, el problema básico es ¿el cómo?, pasado la elección presidencial.

Como muchas veces advertimos todos aquellos que llamamos a votar el 20 de mayo pasado, el acto de abstenerse traería desmovilización y desesperanza en los ciudadanos que aspiran un cambio en el país, el desaliento y la frustración invade el alma de muchos, haciéndolos tomar una aptitud de escepticismo, que para nada ayuda a motivar las acciones de la oposición.

Veo con respeto la aptitud de María Corina Machado y sus seguidores, sin duda su discurso empreña una idea de esperanza que lamentablemente no es mas que una utopía, basan su planteamiento en convencer al país, a que, de rodillas le pidamos al mundo que venga una invasión extranjera a liberarnos. Esta por su supuesto no va a llegar y cada 20 de cada mes, se acrecentará la desesperanza en quienes esto crean.

Convencido como estoy de que esta no es la salida, quisiera citar a Rómulo Betancourt, el cual frente a la férrea dictadura de Marcos Perez Jiménez, alentó a sus seguidores en 1954, con lo siguiente: “ … La verdad es que no podemos pensar, en estos momentos precisos, en organizar un acción violenta que venga de los cuarteles a la calle, porque la inmensa mayoría de los oficiales afectos a las ideas democráticas han sido dados de baja, o no tienen mando de tropas, o están en la cárcel o el destierro, o traicionados por el tirano. Como no es posible organizar una acción de este tipo, no nos queda como posible sino la acción popular de masas, constante, valiente, perseverante. Esa acción debe de ser conducida hacia una encrucijada en la que ya no sea tolerable por el país la existencia de un régimen de usurpación, y la cólera popular se exprese en forma tan avasallante que ya no puedan detenerla las bayonetas”. Hay que organizarse, ya que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia

Nicolás Maduro es y será la continuación de todas las calamidades y de todas penurias que hasta ahora padecen los ciudadanos en Venezuela e incluso en el exterior, está llegando la hora de poder esto cambiar organizándonos en todos los rincones de nuestra nación, si se siente la esperanza, lograremos una transición.

@miguelparrag

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