¿Quién quiere heredar pobreza?

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Sin embargo, el mundo pareciese voltearse, ante una mayoría de mujeres embarazadas, que en un gran porcentaje no superan los 18 años, las cuales por falta de recursos y de educación, se ven atrapadas con sus hijos en un círculo de miseria y de salud, del que difícilmente puedan salir. ¿Hay solución? Las soluciones mágicas no existen, pero un buen comienzo sería darles a estas personas un fácil acceso a pastillas anticonceptivas y una buena educación relacionada con la planificación familiar.

Globalmente, en la historia de la humanidad el promedio de nacimientos nunca fue tan bajo; sin embargo está creciendo exageradamente en los continentes más pobres como África, que actualmente representa al 15% de la población mundial, y en el  año 2050 pasará a ser el 25% ¡Los  países más pobres tienen  cada día más hijos, y los países más ricos menos hijos! ¿Sabemos lo que esto significa?

De acuerdo a estudios realizados por USAID, por cada dólar que un país invierta en “planificación familiar” se ahorraría 6 dólares en medicinas, servicios médicos y ayudas sociales. En el año 2012 se estimó que el número de embarazos no deseados hubiese ascendido a 80 millones, de los cuales 63 millones ocurrirían en los países subdesarrollados. Si estas mujeres, hubiesen tenido las herramientas necesarias, la educación apropiada y el derecho a decidir por ellas mismas, la población que engrosa actualmente la lista de la miseria, hubiese disminuido dramáticamente. Y todo ello, sin dejar de mencionar que murieron 358.000 mujeres durante el nacimiento de sus hijos, y 47.000 durante el aborto.

Si revisamos una encuesta realizada en estos países, por el Aspen Institute en ese mismo año, tenemos que 222 millones de mujeres hubiesen querido anticonceptivos; pero no pudieron o no tuvieron acceso a los mismos. Si los hubiesen tenido, se habría evitado: 54 millones de embarazos no deseados, 26 millones de abortos, 79.000 muertes de mujeres embarazadas y 1.1 millones de niños que mueren al nacer. Y además, se hubiesen  reducido las emisiones de carbono en el planeta entre un 8 y un 15%.

En 1970, en Bangladesh las mujeres tenían en promedio 6 hijos, y la población se hubiese triplicado en 40 años. Por lo cual, el gobierno decidió repartir anticonceptivos gratis conjuntamente con un programa de educación y concientización. Los resultados fueron que en el año 2010,  el número de mujeres que usaban anticonceptivos era del 60% comparado con el 8% al inicio del programa, bajando el promedio de hijos a 2.2, e incrementándose la asistencia al colegio de estos niños al 90%; estando en vías de ser el único país subdesarrollado en lograr los objetivos indicados por los programas de desarrollo mundial para niños y madres.

Cuando las mujeres tienen sólo los niños deseados, los efectos positivos en sus vidas son impactantes, ya que disponen de más tiempo para ellas y para sus hijos, para educarse, para educarlos, y ahorrándole mucho dinero al gobierno, pues al tener una población menor en condiciones de miseria, dispondrían de más recursos para dedicárselos a lo más importante: ¡A la educación de ese futuro!

¡Educación! Esa máquina eliminadora de miseria, constructora de conocimientos, que hace que un país sea formado, garantizándole así un futuro. Mi madre me decía: “Carlos, carecer de libros, es el colmo de la miseria”

¡Ojalá, que algún día se logre que la miseria no se herede!

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