Rebusque, medio de supervivencia de carabobeños en Cúcuta

Ganarse la vida no es fácil en dicha población, porque desde hace tiempo en ese municipio tiene la cifra más alta de informalidad.

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Notitarde.- Oficios de los más diversos, desde hacer malabares en las calles o trabajar de camareros, resultan el medio de supervivencia de muchos venezolanos (y especialmente de muchos carabobeños) que se rebuscan la vida en la ciudad colombiana de Cúcuta para subsistir y mandar a sus familias un poco de dinero que les permita sobrellevar la crisis.

No obstante, ganarse la vida no es fácil entre dicha población, porque desde hace tiempo ese municipio tiene la cifra más alta de informalidad.

Según datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), esa urbe tiene a 70,1% de su población dedicada a este tipo de oficios entre septiembre y noviembre del año pasado.

De esas estadísticas hace parte Ángel García, quien llegó a Colombia hace dos años buscando mejor vida para sus dos hijas y su esposa, que tiene 7 meses de embarazo.

Para conseguirlo, García trabaja poniendo cejas postizas en el parque Mercedes Ábrego, publicita su trabajo en un trozo de cartón que lleva colgado del pecho y que dice “Se colocan pestañas y se pigmentan cejas”

Venezolano Ángel García/Imagen de cortesía (EFE).

Además, cuenta que abandonó su natal Guacara, en Carabobo, con la mirada puesta en poder volver algún día a su país y gastar el dinero que consiga en Cúcuta.

“En realidad trabajo acá para gastar allá, la idea mía es llevar de acá para allá y que el dinero me rinda, pero en realidad el dinero no rinde”, relató a EFE.

Barbero de profesión

Barbero de profesión, García tiene que rebuscar el dinero en todo tipo de oficios, entre los que están los de vendedor de gaseosas y de verduras.

“Al principio no me iba bien, estaba viviendo en la calle, porque el que me iba a recibir no lo hizo, pero con el tiempo conocí gente que me ayudó. Y ahí empecé a surgir, vendía agua, malta, productos de Venezuela y trabajé en una barbería”, aseguró.

Para cumplir con la meta del día, a García le ayuda su esposa, que vende café, y por su madre, Teresa Gómez, quien vive con ellos desde diciembre pasado porque “se cansó de pasar penurias” en Venezuela.

Venezolano Ángel García y su esposa/Imagen de cortesía (EFE).
Venezolano Ángel García y su esposa/Imagen de cortesía (EFE).

“Yo les dije a mis hijas que yo volvía a Venezuela cuando (el presidente Nicolás) Maduro se fuera, porque ahorita como está la situación en Venezuela es para morirme de un infarto”, contó Teresa a Efe.

Todos los días, Gómez, de 65 años, trabaja vendiendo ajo en las calles de Cúcuta, donde se siente bien pese a que termina cada jornada físicamente agotada y añorando regresar a su país.

“Todos mis medicamentos los he conseguido aquí, sin ningún problema, en cambio en Venezuela tenía que hacer medicamentos naturistas porque no se consigue nada. Aquí en Cúcuta me siento bien, me siento tranquila”, agregó.

La experiencia de Rodolfo Cruzado

Por otro lado, en el Mercedes Ábrego, donde el comercio formal e informal coinciden a diario ante la mirada atenta de los centenares de transeúntes, también encontró un espacio para trabajar Rodolfo Cruzado.

Cruzado lleva cuatro meses vendiendo churros en un puesto que está en la esquina del parque.

Rodolfo Cruzado/Imagen de cortesía (EFE).

En Valencia, capital de Carabobo, Cruzado dejó a su familia y una tienda que tuvo que cerrar porque no tenía cómo “sustentarla más”.

“Es difícil vivir allá, sustentarse, porque uno no puede vivir allá, no consigue comida, no consigue nada, ni medicinas, ni transporte. Los hospitales no tienen nada, es difícil, por eso es que tuvimos (con su hermano) que migrar”, dijo a Efe.

Sin embargo, Cruzado mira con esperanza el futuro e incluso dice que si le toca transportar hacia su país la ayuda humanitaria internacional que está en Cúcuta, lo hará sin problemas.

“Yo estoy dispuesto a ayudar, aquí estamos esperando. Estamos esperando también que se arregle Venezuela para poder volver allá”, manifestó.

Finalmente, a ellos se suma la vendedora de comidas rápidas Marisela Figueredo, quien sabe que el trabajo no ha sido fácil en Colombia y también espera regresar pronto a su país.

“Lo que pedimos es que Dios se lleve a Maduro, que se lo lleve, que lo desaparezca porque no lo queremos en ningún lado, él nos destruyó el hogar y la familia a todos”, concluyó EFE.

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VIAJuan Carlos Hernández
FuenteEFE
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