Red de lavandería

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“Nunca intentes enseñarle a cantar a un cerdo; perderías el tiempo y molestarías al cerdo”, Paul Dickson (1938-2011), escritor y articulista norteamericano, miembro del National Press Club.

La semana pasada finalizaba esta columna destacando la coincidencia de que al mismo tiempo que se producía el decreto sancionatorio de Barack Obama, el Banco de Andorra era intervenido por gestión de la Policía Financiera del Departamento del Tesoro norteamericano, en búsqueda de desvelar una red de altos funcionarios venezolanos y rusos que lavaban dineros públicos  a través de compañías fantasmas. 

Y no hay tal casualidad: Estados Unidos no está declarando conflicto bélico alguno contra Venezuela ni sancionando al país, a su economía o a sus ciudadanos. Está sancionando a un grupo de corruptos y violadores de derechos humanos que con su lavandería financiera, está amenazando la estabilidad del sistema financiero del país norteño. En estos momentos la investigación bancaria está recorriendo Suiza, Andorra, España y Panamá. La banca se ha declarado en alerta ante estas redes de blanqueo de divisas provenientes de corrupción e incluso de narcotráfico.

La red de lavado involucra a residentes de esos países que sirvieron de testaferros en compañías fantasmas que lavaban dinero de altos funcionarios venezolanos que montaron contratos falsos y préstamos ficticios, dineros para limpiar el provecho de su desfalco a Venezuela. Una cifra filtrada del Departamento del Tesoro indica que entre marzo y abril de 2013 se movilizaron en cuentas venezolanas en Estados Unidos alrededor de 50 millones de $$ sin justificación de procedencia, lo cual es un delito federal.

El Director de la Red de Policía Financiera estadounidense que investiga este caso, considera que a través del banco andorrano se lavaron al menos dos mil millones de dólares procedentes de Venezuela. El pánico en la banca europea, después del escándalo del banco suizo HSBC, donde se descubrió que venezolanos eran la tercera nacionalidad depositante y que altos funcionarios habrían depositado en cuentas secretas dinero de fondos públicos, han desatado una pesquisa de cuentas venezolanas que ha determinado el cierre de las sospechosas.

Estados Unidos investiga desde el 2006 capitales de venezolanos que actúan en altas esferas del gobierno, ya sea como funcionarios o como contratistas. La grosera exhibición de fortunas inexplicables encendió las alarmas de los investigadores, cuando venezolanos sin antecedentes de riqueza de pronto compraban propiedades costosas en zonas privilegiadas, abrían cuentas bancarias a nombre de diversas compañías e iniciaban una compra masiva de propiedades muebles e inmuebles, que “lavaba” el capital sospechoso.

Los aeropuertos privados, especialmente de Florida, comenzaron a llenarse de aviones en los cuales volaban los llamados “boliburgueses” venezolanos y cuyas matrículas estaban a nombres de compañías registradas en paraísos fiscales. Las orgías de millones de dólares y la vida estrafalaria de venezolanos que cuando eran investigados, resulta que visitaban continuamente paraísos fiscales donde manejaban inversiones, siempre a nombre de compañías, hizo que Estados Unidos se encargara de seguir la ruta del tesoro escondido. 

La corrupción, que no era un mal ajeno a Venezuela, se destapó con descaro y sin control, desde el mismo momento en que el finado llegó al poder: entregó a los militares del Plan Bolívar 2000 recursos infinitos para que hicieran obras y compraran lo que quisieran, con la justificación de levantar un plan de emergencia que favoreciera al pueblo necesitado. Aquello fue un festín, pagado en efectivo, que manejaban billete sobre billete. Cajas de dinero en las maletas de los carros eran vistas por asombrados proveedores a quienes se les compraba en efectivo con la condición de que las facturas salieran con otros montos. Sin contraloría, con el respaldo del presidente de la república, así se abrieron las compuertas de la corrupción militar y civil.

 Esa fue la señal de que había dinero en el pote y  cualquiera podía meterle mano en nombre de la revolución. Y así lo hicieron. De pronto aparecieron fortunas inmensas, gente que no tenía ni un carro decente, de un mes para otro compraba una Hummer, el vehículo símbolo de la boliburguesía, que el finado prohibió con su método de vender el sofá. Los extraordinarios ingresos que percibía el país fueron derrochados en comprar a los hambrientos de dinero, desde contratistas tradicionales que medran en todos los gobiernos, hasta el último miembro del consejo comunal que también se compró su camionetica con dineros de la comunidad.

El erario nacional sufrió la sangría de la revolución a todo nivel, desde los ministerios encargados de las compras en el exterior, donde las jugosas comisiones finalmente fueron delatadas por los extorsionados, hasta el más humilde franela roja, al que robaron su dignidad pagándole por gritar Uh, ah, cuando tal vez lo hubiera hecho de gratis por amor al finado.  Venezuela migró a ser de un país rico que guardaba las formas democráticas aunque una casta de robagallinas las arrugara, a ser este país pobre, violento y pleno de corruptores y corrompidos.

Más de un billón de dólares ha dilapidado la orgía revolucionaria; después de agotar las arcas públicas, extinguir la producción nacional, secar a PDVSA y sembrar odio y violencia en Venezuela, ahora salen los autores del desastre cual víctimas a convocar a su alrededor a todos los venezolanos para que defiendan la patria, que según su versión, Estados Unidos quiere bombardear o invadir. 

Quienes inocentemente creen el cuento de que los norteamericanos quieren atacarnos para posesionarse de nuestro petróleo, les informo con tristeza que Venezuela a duras penas produce 2 millones 300 mil barriles diarios, que el petróleo venezolano representa sólo el 2% de la producción mundial, que Estados Unidos es hoy en día el mayor productor, superando a Arabia Saudita, y que el jefe del Comando Sur graficó la situación diciendo algo así como: ¿quién quiere meterse en ese desastre?

Los venezolanos con tres y más dedos de frente entienden claramente que: 1) las sanciones dictadas por Obama son contra funcionarios acusados de corrupción y/o violadores de derechos humanos 2) todos los países son libres de cancelar visas y congelar bienes de reos de delitos catalogados de competencia internacional y además sin prescripción 3) la revelación de las redes de lavado de dólares que involucra a venezolanos explica perfectamente el término de “amenaza de seguridad”, previsto en la Ley de Sanciones y la Ley de Emergencia Internacional.

El régimen ha pedido auxilio a sus aliados del Alba, y de Unasur para que se rasguen las vestiduras defendiéndolo. La Cumbre de las Américas, prevista para el 10 y el 11 de abril en Panamá, será escenario de lo que, desde el principio ha debido resolverse por la vía diplomática y no con discursos patrioteros, simulacros de defensa militar (casi tan ridículos como aquella movilización de tanques a la frontera con Colombia, que jamás nos atacó) y una gastadera de bolívares en movilizaciones “en defensa de nuestro presidente”. Con la acostumbrada carencia de prioridades, rayan en la vileza, mientras nuestros hospitales y clínicas padecen hasta por un catéter, nuestros niños por leche, compotas o pañales, nuestros ancianos por medicinas, el régimen en su rol de víctima gasta la bicoca de 246.562  millones de dólares para protestar nada menos que con un aviso a toda página en The New York Times. 

Así que ¿quién es el patriota? ¿El que defiende sinvergüenzas o el que apoya las sanciones a ellos? La justicia venezolana ha demostrado fehacientemente para quién trabaja. Los ciudadanos que no roban al país ni violan los derechos humanos, tienen que dar gracias que haya gobiernos y países interesados en darnos esa ayudadita de desmontar la red de lavandería y dar castigo a los lavanderos. 

Interesante profilaxis que por fin va a revelar al mundo y a los venezolanos quien es quien en Venezuela.

 

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@charitorojas 

AQUÍ ENTRE NOS

*Las Zonas Educativas del país han enviado correspondencia a todos los planteles públicos y privados ordenando que los alumnos, incluso los de educación inicial, escriban un mensaje al presidente Obama “para que respete a Venezuela”. Y aclaran que  también pueden hacer dibujos “contra Obama”. Los padres han protestado esta “tarea” que involucra a los niños en una cruzada política del gobierno. La fecha de entrega de tal aberración es hoy 18 de marzo. 

* Los mecanismos de tortura por parte de los cuerpos policiales y militares venezolanos, revelados en la represión contra los detenidos en las protestas de 2014, han sido sustentados por las ONG venezolanas Provea, Espacio Público y Red de Apoyo por la Justicia y la Paz, entre otras. El informe fue presentado ayer en la  Comisión Interamericana de Derechos Humanos, puntualizando no sólo casos de tortura física sino también sicológica, que ha desembocado en los intentos de suicidio del abogado Marcelo Crovato y del estudiante Alfredo Jaspe, así como la muerte en las celdas del SEBIN del señor Rodolfo González, quien presuntamente se suicidó ante la amenaza de ser recluido en una cárcel para delincuentes comunes.

* Este último caso pone de relieve la nefasta figura del “patriota cooperante”, es decir, del sapo al cual los investigadores creen y protegen identidad y cuyo testimonio es la única prueba para apresar generalmente opositores. Este es el caso del señor González, preso desde hacía un año por la delación de un patriota cooperante, amparado por una ley habilitante de Maduro, que se llama “Sistema de Protección para la Paz”.   

* Otro grupo de ONG venezolanas del área salud llevaron también ante la CIDDHH la denuncia del estado de la atención a los pacientes en Venezuela, país donde ni siquiera se cumplieron las metas de vacunación el año pasado y donde han retornado enfermedades ya erradicadas como el polio y la tuberculosis. Luisa Rodríguez Táriba, presidenta de Funcamama, señaló que en Venezuela hay lista de espera de hasta dos años para pacientes oncológicos y que más de 3 mil personas esperan por un trasplante. 

* El diario norteamericano The Wall Street Journal publica esta semana un reportaje titulado “La salud en tiempos de revolución” donde da cuenta de la muerte de 12 pacientes cardíacos del Hospital Universitario porque este centro no tiene insumos; del Hospital JM. De Los Ríos, que hacina a los recién nacidos en escritorios porque no tiene cunas; de la unidad de trauma shock del Hospital de Coche donde los heridos esperan meses por una operación; de la escasez de hasta 50% en medicinas; fuga hacia otros países de por lo menos la mitad de los médicos recién graduados; caída del 90% en las cirugías electivas en clínicas privadas; dilapidación de recursos en un sistema paralelo de salud manejado por cubanos. El informe es completo y nadie puede desmentir la terrible realidad de la salud en Venezuela. El gobierno mientras, estrena el quinto ministro de salud en dos años.

Hasta el próximo miércoles.

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