Remendar la ropa y calzados es una moda a juro en este país

“Fácilmente, un pantalón de jean nuevo puede estar entre los 20 millones y los 150 millones de bolívares, mientras que una camisa o blusa no baja de los 15 millones.

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El reciclaje y la reparación de diversas prendas son prácticamente la única opción que la hiperinflación está dejando a los venezolanos para tener ropa y calzados. Foto: Vintaje

Notitarde.- Remendar la ropa y calzados es una moda a juro.

Teñir la ropa, reconstruir los zapatos, recuperar bolsos viejos, sacar del closet prendas de vestir guardadas, son actividades que los venezolanos habían olvidado y que ahora, como respuesta a la crisis, se han puesto de moda, ante la casi imposibilidad de adquirir productos nuevos, debido a precios que el ciudadano común no puede pagar.

El reciclaje y la reparación de diversas prendas son prácticamente la única opción que la hiperinflación está dejando a los venezolanos para tener ropa y calzados, entre otros rubros, y esto se puede agregar a los cambios de hábitos que ya son cada vez más evidentes en el país, los cuales comenzaron por los alimentos y ya arropan cada actividad cotidiana.

“La crisis económica ha obligado a todos los venezolanos a adaptar sus hábitos de consumo para intentar sobrellevar las dificultades que la alta inflación y la creciente escasez generan en su cotidianidad. Esta crisis se ha traducido en una clara contracción de los mercados y esto se debe a la cada vez menor capacidad de compra del venezolano promedio. ¿La consecuencia? Los importantes cambios en los hábitos de consumo. Aunque el impacto difiere entre los distintos estratos socioeconómicos, es indudable que se ha registrado una caída dramática en el estándar de vida del venezolano”, dijo Anabella Abadí, economista e investigadora.

Remendar la ropa: Coser y cantar

Hoy en día, los negocios de reparación de ropa “se han puesto a valer”, puesto que son cada vez más demandados, “bien sea porque la gente ha adelgazado y necesita ajustar su ropa o porque quiere darle la vuelta a su vestuario, para que no parezca el mismo”, dijo Angélica Álvarez, encargada de uno de estos recintos, quien relató que “los pedidos aumentan cada vez más, sobre todo por parte de las mujeres que siempre nos queremos ver bien”.

Sin embargo, aclaró que “también hemos tenido que ajustar los precios, porque la inflación y la escasez nos están afectando. A veces no conseguimos simples agujas e hilos y tenemos que recorrer varios negocios para abastecernos. Y por lo tanto, esos costos tenemos que trasladarlos al cliente. Aun así, siempre saldrá más barato reparar una prenda que comprarla nueva”, agregó.

Además del ajuste de las prendas, el servicio que más demanda tiene es “la transformación de piezas, como pantalones que convertimos en faldas o camisas de caballero que pasan a ser blusas para dama. También nos traen ropa de adulto para adaptarla a los niños”, remarcó.

“Fácilmente, un pantalón de jean nuevo puede estar entre los 20 millones y los 150 millones de bolívares, mientras que una camisa o blusa no baja de los 15 millones. Entonces, si el cliente tiene ropa que desea rescatar, la reparamos y la adaptamos a sus necesidades a un precio menor”, destacó.

Por otra parte, otra opción que se ha encontrado para la sustitución de la ropa es la compra de prendas usadas. En este caso, en todo el país comienzan a abundar locales que se especializan en la venta de ropa de segunda mano en buen estado.

Karina Rondón, dueña de uno de estos negocios, contó que se animó, junto con sus hermanas, a vender la ropa que ya no usaban, “por un momento de crisis que tuvimos en la familia. Luego vimos que era un buen negocio. Cuando unas amigas nos pidieron que les ayudáramos a vender su ropa, entonces decidimos abrir la tienda. La gente viene y nos ofrece las prendas, nosotros las revisamos y cuidamos que realmente sea ropa en buen estado. Si nos gusta, la recibimos, la clasificamos y colocamos los precios que son asequibles en comparación con la ropa nueva”.

Las redes sociales y sistemas de mensajería también tienen un rol importante en esta actividad, puesto que la compra y venta de ropa de segunda mano se difunden entre conocidos y luego se extienden a más personas.

No importa el estrato social, en clase media alta o clase media baja, la costurera que repara prendas o la amiga que vende ropa de segunda mano tienen clientes asegurados.

Zapatero, a tus zapatos

Comprar zapatos también es bastante cuesta arriba en la Venezuela de la hiperinflación. “Ni los anuncios de rebajas atraen a los clientes a las zapaterías, porque un par de zapatos no baja de los 50 millones de bolívares, y no digas los de marcas reconocidas que fácilmente superan los 300 y 500 millones de bolívares. ¿Qué sueldo puede con eso?”, preguntó Abdul, dueño de una talabartería y representante de la tercera generación de la familia que llegó a Venezuela en la década de los 60.

“Los pedidos han aumentado mucho. La gente ahora viene con tres, cuatro y hasta 10 pares de zapatos para que los reparemos. Colocar tapitas, suelas corridas y coser son los trabajos que más nos piden. También pintamos y hasta transformamos zapatos, si el modelo o el tipo de calzado lo permite”, explicó.

Sobre los precios, Abdul dijo que tratan de que sean asequibles, “pero la crisis también nos ha alcanzado. La pega, el cuero o semicuero, los hilos, las máquinas y su mantenimiento, todo nos cuesta mucho, porque gran parte de esos insumos se importan. Aun así, la gente viene, damos facilidades y nos pagan en dos partes. Lo mismo ocurre con bolsos, carteras y maletas”, dijo.

Pero no solamente las talabarterías han incrementado su demanda; también ha ocurrido con los tradicionales zapateros de esquina.

“Ahora me llueven los clientes y tengo que llevarme trabajo para la casa”, dijo Luis Fernández, quien tiene 35 años en la misma calle. “Lo que más hacía era cambiar tapitas al momento, pero ahora me traen varios pares para reparar, bien sea coser o pegar. Trato de hacerlo lo más rápidamente posible, porque trabajo al instante”, relató.

“Pero lo malo es que como tengo que aumentar los precios y la gente no carga efectivo, a veces el negocio se me cae. Por eso decidí recibir transferencias a la cuenta de uno de mis nietos y así no pierdo al cliente”, añadió.

La venta de calzados usados igualmente se ha popularizado a través de Internet. Buscando en varios portales, se encontró que las ofertas abundan. “Hay gente que necesita dinero y gente que se va del país y en lugar de regalar sus zapatos decide venderlos. Nosotros incursionamos en el negocio hace más de dos años y resulta, sobre todo ahora que mucha gente está emigrando. Vendemos de todo, y si son de buena marca, se cotizan mejor”, relató un vendedor consultado a través de un aviso colocado en Internet.

También hay ventas callejeras de zapatos de segunda mano que abundan en zonas populares.

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