Respeto y fraternidad

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Hoy, en este espacio, quiero expresar un merecido reconocimiento a la amistad, a través de mi estimado y apreciado amigo Mario De Libero, a quien conozco desde hace cincuenta y siete años, quien no sólo es mi socio, sino lo considero mi hermano afectivo, al que quiero mucho. Él siempre me ha acompañado, en las buenas y en las malas, en una relación donde ha prevalecido el respeto y la fraternidad.

Conocí a Mario en el año 1957, un año después de mi llegada a estas tierras, cuando ambos teníamos diecinueve años, él es tres meses mayor que yo, cuando ambos trabajamos para el Ing. Ennio Guglielmett. Tiempo después cuando el Ing. Ennio comenzó a darme subcontratos de albañilería (mano de obra), cuando Mario terminaba la estructura de concreto de los inmuebles, entraba yo para hacer la albañilería total. Mario nativo de Italia, se vino a Venezuela con su padre Giuseppe De Libero, quien era maestro de obras, y desde los doce años comenzó a trabajar como carpintero. Su papá fue su gran maestro y con él aprendió todo lo referente a la industria y al crecer e independizarse, pasó a ser estructurista de la construcción, mientras yo comencé en el friso a los catorce años, en mi tierra natal hasta los dieciocho años y que luego continué aquí en Venezuela, desde hace cincuenta y ocho años.

Mario y yo hemos bregado duro por casi seis décadas. Siempre lo recuerdo con la bolsa de clavo y un martillo pegado a la correa de su pantalón. Al conocernos, por sus habilidades en el sector, era y es el cráneo técnico de las obras. La mayoría de los ingenieros y arquitectos con los que trabajamos, expresaban su asombro por sus conocimientos en la construcción, de la A a la Z, incluso el friso al que domina, pero no lo hace, y comentaban que laborar con nosotros era hacer un postgrado. Al conocernos, teníamos la misma edad, pero él ya era todo un maestro en todos los aspectos de la industria de a construcción.

Sin duda alguna, hay pocos amigos como Mario, y como en toda relación humana hemos tenidos desacuerdos, pero jamás nos desautorizamos delante de otros, ni eso ha interferido en nuestro trabajo o negocios. Técnicamente él ha dirigido más de seis millones 500 mil metros cuadrados de áreas cubiertas de construcción tradicional (estructura de concreto armado). Somos socios desde el año 1960 y fue uno de los principales accionistas del grupo empresarial Editeca C.A., que juntos fundamos en el año 1963, al que dos años más tarde, se unió Giovanni De libero (+), y de otras compañías valencianas, que desde la década del sesenta hasta los noventa impulsaron el desarrollo de la región carabobeña. Puedo asegurar, sin titubeo alguno, que en nuestra relación no ha predominado el interés material, sino la unión el cariño y la confianza, valores que se extendieron a nuestros allegados, a la junta directiva de la empresa, a los trabajadores y a todos los que estuvieron a nuestro lado luchando en la construcción de una mejor patria. Mario y yo nos conocemos tanto, que nos hablamos con un gesto, una mirada, una sonrisa. Son tantas las cosas que contar, que compartimos juntos, que este espacio es insuficiente para reseñarlas todas. Doy gracias al Señor por haberme bendecido con su valiosa infalible amistad.

Mario a los setenta y seis años, el doce de septiembre próximo celebra sus setenta y siete años, aún se mantiene activo en la industria de la construcción. Me encantó y me encanta pasar un rato con él, por ser un hombre de gran sabiduría y sencillez. En su entorno es una persona muy sociable, a quien le gusta un sancocho, el juego de las bolas criollas, el dominó, la pesca de río, la caza. Recuerdo que los fines de semana, cuando iban a cazar, nunca faltaba un médico que compartía su afición, quien además podía prestarle ayuda en caso de alguna emergencia. En diversas oportunidades fue campeón de dominó, bolas criollas y bowling. Varios encuentros deportivos tuvieron como sede el Club de Aceite El Águila, gerenciado en esa época por Luis Núñez Pérez.

Mi querido amigo se casó con Hercilia Ortega, nacida en Montalbán, estado Carabobo, maestra muy apreciada, con quien formó una ejemplar familia.
Gracias Mario por tu amistad, gracias por estar a mi lado en los momentos de auge cuando levantamos, a criterio de muchos, un imperio de la construcción en la entidad, y mi agradecimiento por siempre tu apoyo moral, fraternal y técnico en los tiempos difíciles, que logramos superar, en primer lugar gracias a Dios, y en segundo, al trabajo, la tenacidad y a la confianza de quienes creyeron en nosotros y nos dieron su respaldo para salir adelante. En fin Mario De Libero es un símbolo de la construcción en Venezuela con apena sesenta y cinco años en esta industria. Por eso digo en Venezuela hay muy buenos constructores y como arroz, somos los mejores en la construcción de la vivienda tradicional en América Latina y algunos países del mundo, este país es de los más adelantados y modernizados a lo que respecta a la industria de la construcción.

Desde esta tribuna queremos hacer llegar un saludo respetuoso a un joven muy prometedor en su oficio bancario, en una de las instituciones mas importantes de la ciudad, Darwin Mora.
Hasta el próximo lunes. ¡Dios los bendiga a todos y todas!

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