Resurgiremos

Albersidades

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Peters Albers
Peters Albers

Todavía no sabemos en qué va a parar esto. La presión internacional supera en mucho a la nacional. Pareciera que nuestros vecinos o, para ir más allá, el mundo entero, están más preocupados que nosotros mismos por el grave deterioro que ha ocurrido en nuestro país en 17 años y pico. No se trata de hacer un recuento de las calamidades que sufrimos, de nuestras carencias, de nuestros muertos y presos. Se trata de la visión que tienen los demás países del mundo de nosotros que, recurriendo a una vieja imagen, parece que “por estar dentro del bosque no somos capaces de ver los árboles”. Aunque día a día experimentamos el no encontrar lo que necesitamos, aun cuando lo podamos pagar, o el encontrar lo que necesitamos, pero no poder pagarlo.

No es la primera vez que Venezuela se encuentra en una situación de ruina, pobreza y merecedora de lástima. Pero nunca lo fue a tal punto que sus habitantes tuvieran que huir de su territorio como ahora lo hacen. Distante está la bravuconada de Cipriano Castro con aquello de “la planta insolente del extranjero”, no tanto lo está la rebatiña de concesiones petroleras en los últimos años del régimen de Pérez Jiménez, comienzo de su declive como gobernante junto con su programa del “Nuevo Ideal Nacional”, tan parecido al “Socialismo del Siglo 21” si no fuera por lo antagónico de sus orientaciones. Todavía recordamos, quienes habíamos nacido en aquellos años de lucha contra la penúltima dictadura que había tenido Venezuela, aquellas colas del “Plan de Emergencia” de la flamante Junta de Gobierno que le sucedió, donde se les entregaba a cada venezolano sin trabajo la suma de cinco bolívares, suficientes para saciar el hambre de una familia típica.

Entonces, imbuidos de un nuevo patriotismo y de renacida esperanza en el futuro, los venezolanos nos dedicamos a trabajar con entusiasmo. Sin falsos pudores, muchas de las obras iniciadas por Pérez Jiménez, interrumpidas por la caótica situación del momento, fueron reiniciadas, y muchos proyectos pasaron de los planos a la realidad. Numerosas industrias se instalaron, estimuladas por incentivos fiscales y por la creación de zonas industriales en distintas ciudades, de las cuales la más destacada y ambiciosa fue la Zona Industrial Municipal de Valencia. Durante cuarenta años, a pesar de todos los errores cometidos, y de la corrupción administrativa que, comparada con la de los chavistas no pasaba de raterías, Venezuela fue faro que atrajo a grandes empresas transnacionales y propició la creación de otras de capital nacional. Venezuela inspiraba confianza a los inversionistas, y había trabajo para todos.

No tardaría en llegar la ostentación a la forma de ser del venezolano, dos décadas antes modesto y poco dispuesto a alardear, quien la tenía, de su fortuna bien o mal habida. El “’tá-barato-dame-dos” se hizo popular en las tiendas de Miami, Nueva York, Paris o Roma, y la posesión de propiedades inmobiliarias en Miami se hizo cosa común entre los más o menos pudientes. Cruzaban el Caribe en Carnaval, Semana Santa, vacaciones escolares y Navidades, y no faltó quien viajara a Barcelona (España) para ver un partido Real Madrid-Barcelona o a Sevilla a una corrida de toros con César Girón. Ida y vuelta en dos días. Y pasó lo pasó.

No dudamos de un resurgimiento de nuestro país, encarcelados quienes lo arruinaron. Pero tomará más tiempo que el que se llevó la recuperación de los años sesenta. Quiera Dios que no caigamos nuevamente en la echonería y el despilfarro de aquellos años.

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@peterkalbers

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