Valencia, 20 de julio de 2008

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Dos cuentos de Natalia Pérez

"Acepté su invitación a tomar café, porque todo lo que quería era contarme un sueño"

Estaba a punto de entrar al departamento cuando ella me interceptó en el pasillo. Parecía afligida, algo estresada, pero sumamente insistente en que la acompañase a tomar café. Al final acepté, porque todo lo que quería era contarme un sueño. La invité a pasar, le pedí disculpas por el desorden a pesar de que todo estaba inmaculado (viejo cliché entre mujeres). Se sentó, algo impaciente en el sofá mientras yo colaba y preparaba la bebida excusadora de nuestra reunión, me senté en el diván frente a ella y le indiqué que prosiguiera.

Se mantuvo en silencio por unos minutos, creo que entre recordando y ordenando lo que iba a relatarme, mientras observa la gran colección de objetos raros, esotéricos, instrumentos de adivinación y mapas astrales que formaban parte de la decoración de mi sala. Empezó a hablar, sin duda pensando que podría darle una interpretación mágica a su sueño o incluso relacionarla con los poderes sobrenaturales característicos de mi profesión, pero mientras la oía sin interés me di cuenta de que su sueño no era más que eso: un sueño simple, sin imágenes de interés, con la única diferencia de que ella podía recordarlo con algo de facilidad.

Su sueño no consistía más allá de formas y colores extraños, incoherencias, cabos sueltos y lapsos de tensión dramática, sin factores proféticos o apocalípticos, ni mensajes premonitores ni nada que pudiera clasificarse fuera de lo que era: un sueño normal. El cual, quizá era producto de la cafeína en mala junta con la resaca y los dulces de medianoche, de una imaginación desbordada o simplemente charlatana.

Pero como sueño que era, lo escuché de principio a fin, con serenidad, sorbiendo de vez en cuando el marrón sin azúcar que me había preparado aparte.

La tranquilicé, le dije algunas frases gastadas del ocultismo, le recomendé escribir un diario de sueños, le presté un libro de simbología y la despaché con la excusa de unos cálculos y cartas natales que tenía que redactar.

Al final, me quedé con la sensación escéptica e irónicamente divertida... de que cada vez me parecía más a una psicóloga que a una bruja.

 

NATALIA PEREZ

Natalia Pérez tiene 14 años de edad, ella dice: "Escribir es algo que me llena, es importante para mí porque siento que puedo crear, reflexionar y soñar, cuando leo y comparto con personas que comparten el amor por la escritura".

 

"TE VOLVISTE A DORMIR Y YO EMPECE A LEER ESOS MISTERIOSOS FRAGMENTOS"

Era mediodía.

Empecé a leer esos misteriosos fragmentos de tu retorcida caligrafía. Recordé el día que nos conocimos, en el teatro, cuando yo perdí mi boleto y tú, con picardía, me ayudaste a entrar, vimos juntos la obra y hablamos entre actos... Pero retomé la lectura de tus trazos, desviando a ratos mis ojos hacia el sillón donde, de costumbre, acunabas al gato y tomabas café con mucha azúcar...pero esta vez estabas más distante y callado de lo normal...

Mis sentidos volvieron a tu recuerdo, y por mi piel años junto a ti coincidieron en un vivido roce de tu voz, las mil veces que me enamoré... y te vi de nuevo, tranquilo, de pie junto a la ventana, observando una lluvia que no cae, con la sencillez de tu mirada sonriéndome. No pude evitar decirte...suplicarte que me explicases tu carta... que no entendía nada en ella... que tu letra era interrumpida... temblorosa... que nada podía ser real... que era una broma cruel. Por un momento me enfadé contigo, porque a pesar de todos mis reclamos, no estabas en la habitación.

Volví a ser consciente: las sábanas lisas, las voces amortiguadas procedentes del pasillo, el timbre sonando con los pésames de los vecinos... De nuevo lo comprendí todo... Pero no quería aceptar que ya no estarías más aquí...

 

Coordinación Laura Antillano. Para más información escribe a lantilla@hotmail.com, o directamente a Notitarde. Teléfonos: 8501534. La Letra Voladora: 8682604.