Dos cuentos de Natalia Pérez
"Acepté su invitación a tomar
café, porque todo lo que quería era contarme un sueño"
Estaba a punto de entrar al departamento cuando ella me
interceptó en el pasillo. Parecía afligida, algo estresada,
pero sumamente insistente en que la acompañase a tomar café.
Al final acepté, porque todo lo que quería era contarme un
sueño. La invité a pasar, le pedí disculpas por el
desorden a pesar de que todo estaba inmaculado (viejo cliché entre
mujeres). Se sentó, algo impaciente en el sofá mientras yo
colaba y preparaba la bebida excusadora de nuestra reunión, me senté
en el diván frente a ella y le indiqué que prosiguiera.
Se mantuvo en silencio por unos minutos, creo que entre
recordando y ordenando lo que iba a relatarme, mientras observa la gran
colección de objetos raros, esotéricos, instrumentos de adivinación
y mapas astrales que formaban parte de la decoración de mi sala.
Empezó a hablar, sin duda pensando que podría darle una interpretación
mágica a su sueño o incluso relacionarla con los poderes sobrenaturales
característicos de mi profesión, pero mientras la oía
sin interés me di cuenta de que su sueño no era más
que eso: un sueño simple, sin imágenes de interés,
con la única diferencia de que ella podía recordarlo con algo
de facilidad.
Su sueño no consistía más allá
de formas y colores extraños, incoherencias, cabos sueltos y lapsos
de tensión dramática, sin factores proféticos o apocalípticos,
ni mensajes premonitores ni nada que pudiera clasificarse fuera de lo que
era: un sueño normal. El cual, quizá era producto de la cafeína
en mala junta con la resaca y los dulces de medianoche, de una imaginación
desbordada o simplemente charlatana.
Pero como sueño que era, lo escuché de principio
a fin, con serenidad, sorbiendo de vez en cuando el marrón sin azúcar
que me había preparado aparte.
La tranquilicé, le dije algunas frases gastadas
del ocultismo, le recomendé escribir un diario de sueños,
le presté un libro de simbología y la despaché con
la excusa de unos cálculos y cartas natales que tenía que
redactar.
Al final, me quedé con la sensación escéptica
e irónicamente divertida... de que cada vez me parecía más
a una psicóloga que a una bruja.
NATALIA PEREZ
Natalia Pérez tiene 14 años de edad, ella
dice: "Escribir es algo que me llena, es importante para mí
porque siento que puedo crear, reflexionar y soñar, cuando leo y
comparto con personas que comparten el amor por la escritura".
"TE VOLVISTE A DORMIR Y YO EMPECE A LEER ESOS MISTERIOSOS
FRAGMENTOS"
Era mediodía.
Empecé a leer esos misteriosos fragmentos de tu
retorcida caligrafía. Recordé el día que nos conocimos,
en el teatro, cuando yo perdí mi boleto y tú, con picardía,
me ayudaste a entrar, vimos juntos la obra y hablamos entre actos... Pero
retomé la lectura de tus trazos, desviando a ratos mis ojos hacia
el sillón donde, de costumbre, acunabas al gato y tomabas café
con mucha azúcar...pero esta vez estabas más distante y callado
de lo normal...
Mis sentidos volvieron a tu recuerdo, y por mi piel años
junto a ti coincidieron en un vivido roce de tu voz, las mil veces que me
enamoré... y te vi de nuevo, tranquilo, de pie junto a la ventana,
observando una lluvia que no cae, con la sencillez de tu mirada sonriéndome.
No pude evitar decirte...suplicarte que me explicases tu carta... que no
entendía nada en ella... que tu letra era interrumpida... temblorosa...
que nada podía ser real... que era una broma cruel. Por un momento
me enfadé contigo, porque a pesar de todos mis reclamos, no estabas
en la habitación.
Volví a ser consciente: las sábanas lisas,
las voces amortiguadas procedentes del pasillo, el timbre sonando con los
pésames de los vecinos... De nuevo lo comprendí todo... Pero
no quería aceptar que ya no estarías más aquí...
Coordinación Laura Antillano. Para más información
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