Retorno del fascismo
El 11 de septiembre de 1973 partió en
dos la historia del pueblo chileno, el perverso plan de desestabilización
-para lograr la defenestración del Presidente Salvador Allende-,
promovido, organizado y financiado desde Washington, llegó a su clímax;
desde la noche anterior los miserables militares derechistas, se habían
conjurado para atacar, al día siguiente, el palacio de La Moneda
-sede de Gobierno-. Salvador Allende Gossens, médico de profesión
y marxista por convicción, fue un político con sensibilidad
social extrema; enemigo de la violencia, presenta su programa de cambios
sociales, que conquista la mayoría en las elecciones presidenciales
del 4 de septiembre de 1970, como candidato de la Unidad Popular. El proyecto
de Gobierno contemplaba aspectos fundamentales como: Acabar con el poder
del capital, nacionalización de las riquezas que se encontraban en
poder de las grandes transnacionales, la estatización de la banca
y de las industrias básicas, eliminación de monopolios, implantación
de una auténtica reforma agraria, pleno empleo, progreso económico
en general y democratización de la educación, salud y vivienda.
Jamás se había visto en Chile, ni cualquier otro país,
un respaldo crecientemente mayoritario a medida que avanzaba en su gestión!
Las primeras medidas socio económicas que asume el Presidente Allende
van dirigidas directamente a la clase popular. Por supuesto que este progreso
y desarrollo, en detrimento de los grandes negocios de las empresas imperialistas,
no podía menos que irritar a sus propietarios, reaccionan y solicitan
ayuda contra el Presidente comunista, al Departamento de Estado norteamericano;
entran en acción la CIA, el asesor del fascista Presidente Richard
Nixon, el tenebroso terrorista Henry Kissinger y los jerarcas de la ITT,
Kennecott; en connivencia con los oligarcas chilenos, y lo que es peor,
con los perversos militares formados en escuelas de tipo prusiano, con definida
influencia nazi. Concertan un maquiavélico complot, que comprende
la paralización de las instituciones oficiales, sabotajes económicos,
acaparamiento, marchas de la clase.
La gran banca transnacional trata de estrangular al Gobierno
de Allende -situación denunciada por el mandatario chileno en las
Naciones Unidas-, se le dificulta obtener créditos internacionales,
necesarios para motorizar la ya pujante economía socialista, se boicotea
la adquisición del cobre chileno, con un dumping obsceno; paralizan
las telecomunicaciones, y producen una estampida y fuga de capitales, alarmantemente
nefasta, buscando y propiciando la quiebra de Chile.
La CIA envía cientos de agentes encubiertos al país
austral, en combinación con la ITT, difunden mensajes anticomunistas
en más de 40 emisoras que aún controlan; se descubren planes
para atentar contra la integridad física del Presidente Allende.
Implementan la "Operación Centauro" y crean la organización
terrorista "Patria y Libertad", el embajador norteamericano Nathaniel
Davis es el jefe del clan; desde la sede diplomática en Santiago,
organiza y ordena la asfixia al Gobierno legítimo de Salvador Allende.
Nada es nuevo. Las actuaciones de los terroristas de Estado -entrenados
en Langley, Virginia, y en la "Escuela de las Américas"-,
del Gobierno de Estados Unidos, han sido secularmente recurrentes y comprobadas
en todos los confines de nuestro continente. Ya para el 11 de septiembre
tienen todo preparado, los militares traidores, Augusto Pinochet, Gustavo
Leight, José Toribio Merino y César Mendoza -luego integrarán
la Junta Militar fascista-, por supuesto en combinación con la embajada
norteamericana, la CIA, y los democristianos Eduardo Frei y Patrick Aylwin.
A las 9,15 de la mañana, atacan "La Moneda", descargas
y miles de disparos contra sus defensores, también acuden varias
hileras de tanques que vomitan fuego contra el palacio presidencial. A medio
día miles de bombas son arrojadas por la aviación, sin piedad;
el Presidente dirige la defensa, con casco de combate y un fusil en la mano,
los fascistas disparan la artillería pesada, es incendiado el palacio,
lanzan varios un ultimatums, pero Allende es inflexible: -"Me sacaran
muerto pero nunca rendido". Entran los soldados rebeldes, domina la
planta baja y ascienden a la segunda, en el "Salón Rojo",
resiste el Presidente con los pocos valientes que lo acompañan; recibe
un tiro en el estómago y casi inmediatamente otro en el pecho, sus
allegados lo oyen proferir estas palabras: "Así se escribe la
primera página de esta historia. Mi pueblo y América escribirán
el resto". Moribundo es rematado con ráfagas de ametralladoras,
sus colaboradores, como pueden, levantan su cadáver, lo sientan en
el solio Presidencial, le colocan la banda de su alta investidura y lo arropan
con la bandera chilena. Dos horas más se prolongó la resistencia,
pero todo era inútil; la noche del terror que durará más
de 15 años, estaba por comenzar; el Estadio Nacional se convierte
en campo de concentración. Millares de hombres, mujeres y niños,
serán torturados, desaparecidos o asesinados; el pueblo es masacrado,
nadie se salva de la barbarie desatada por ese monstruo sin entrañas
que en vida se llamó Augusto Pinochet. |