Valencia, 17 de agosto de 2008

 Enlaces

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 
 

 

 

 

 

 Miguel Azpúrua
Ilustración: Kevin Morgado
E-mail: morgadoki@hotmail.com



Retorno del fascismo

El 11 de septiembre de 1973 partió en dos la historia del pueblo chileno, el perverso plan de desestabilización -para lograr la defenestración del Presidente Salvador Allende-, promovido, organizado y financiado desde Washington, llegó a su clímax; desde la noche anterior los miserables militares derechistas, se habían conjurado para atacar, al día siguiente, el palacio de La Moneda -sede de Gobierno-. Salvador Allende Gossens, médico de profesión y marxista por convicción, fue un político con sensibilidad social extrema; enemigo de la violencia, presenta su programa de cambios sociales, que conquista la mayoría en las elecciones presidenciales del 4 de septiembre de 1970, como candidato de la Unidad Popular. El proyecto de Gobierno contemplaba aspectos fundamentales como: Acabar con el poder del capital, nacionalización de las riquezas que se encontraban en poder de las grandes transnacionales, la estatización de la banca y de las industrias básicas, eliminación de monopolios, implantación de una auténtica reforma agraria, pleno empleo, progreso económico en general y democratización de la educación, salud y vivienda. Jamás se había visto en Chile, ni cualquier otro país, un respaldo crecientemente mayoritario a medida que avanzaba en su gestión! Las primeras medidas socio económicas que asume el Presidente Allende van dirigidas directamente a la clase popular. Por supuesto que este progreso y desarrollo, en detrimento de los grandes negocios de las empresas imperialistas, no podía menos que irritar a sus propietarios, reaccionan y solicitan ayuda contra el Presidente comunista, al Departamento de Estado norteamericano; entran en acción la CIA, el asesor del fascista Presidente Richard Nixon, el tenebroso terrorista Henry Kissinger y los jerarcas de la ITT, Kennecott; en connivencia con los oligarcas chilenos, y lo que es peor, con los perversos militares formados en escuelas de tipo prusiano, con definida influencia nazi. Concertan un maquiavélico complot, que comprende la paralización de las instituciones oficiales, sabotajes económicos, acaparamiento, marchas de la clase.

La gran banca transnacional trata de estrangular al Gobierno de Allende -situación denunciada por el mandatario chileno en las Naciones Unidas-, se le dificulta obtener créditos internacionales, necesarios para motorizar la ya pujante economía socialista, se boicotea la adquisición del cobre chileno, con un dumping obsceno; paralizan las telecomunicaciones, y producen una estampida y fuga de capitales, alarmantemente nefasta, buscando y propiciando la quiebra de Chile.

La CIA envía cientos de agentes encubiertos al país austral, en combinación con la ITT, difunden mensajes anticomunistas en más de 40 emisoras que aún controlan; se descubren planes para atentar contra la integridad física del Presidente Allende. Implementan la "Operación Centauro" y crean la organización terrorista "Patria y Libertad", el embajador norteamericano Nathaniel Davis es el jefe del clan; desde la sede diplomática en Santiago, organiza y ordena la asfixia al Gobierno legítimo de Salvador Allende. Nada es nuevo. Las actuaciones de los terroristas de Estado -entrenados en Langley, Virginia, y en la "Escuela de las Américas"-, del Gobierno de Estados Unidos, han sido secularmente recurrentes y comprobadas en todos los confines de nuestro continente. Ya para el 11 de septiembre tienen todo preparado, los militares traidores, Augusto Pinochet, Gustavo Leight, José Toribio Merino y César Mendoza -luego integrarán la Junta Militar fascista-, por supuesto en combinación con la embajada norteamericana, la CIA, y los democristianos Eduardo Frei y Patrick Aylwin. A las 9,15 de la mañana, atacan "La Moneda", descargas y miles de disparos contra sus defensores, también acuden varias hileras de tanques que vomitan fuego contra el palacio presidencial. A medio día miles de bombas son arrojadas por la aviación, sin piedad; el Presidente dirige la defensa, con casco de combate y un fusil en la mano, los fascistas disparan la artillería pesada, es incendiado el palacio, lanzan varios un ultimatums, pero Allende es inflexible: -"Me sacaran muerto pero nunca rendido". Entran los soldados rebeldes, domina la planta baja y ascienden a la segunda, en el "Salón Rojo", resiste el Presidente con los pocos valientes que lo acompañan; recibe un tiro en el estómago y casi inmediatamente otro en el pecho, sus allegados lo oyen proferir estas palabras: "Así se escribe la primera página de esta historia. Mi pueblo y América escribirán el resto". Moribundo es rematado con ráfagas de ametralladoras, sus colaboradores, como pueden, levantan su cadáver, lo sientan en el solio Presidencial, le colocan la banda de su alta investidura y lo arropan con la bandera chilena. Dos horas más se prolongó la resistencia, pero todo era inútil; la noche del terror que durará más de 15 años, estaba por comenzar; el Estadio Nacional se convierte en campo de concentración. Millares de hombres, mujeres y niños, serán torturados, desaparecidos o asesinados; el pueblo es masacrado, nadie se salva de la barbarie desatada por ese monstruo sin entrañas que en vida se llamó Augusto Pinochet.