Los medicamentos genéricos
Un medicamento o fármaco genérico es aquel
que es producido y distribuido sin protección de patentes. Por fármaco
entendemos un compuesto químico utilizado en terapéutica.
Un medicamento genérico -abreviadamente "genérico"-
debe contener los mismos ingredientes activos que la formulación
original. Por extensión se habla no solamente de la molécula
química específica del fármaco en cuestión,
sino del "bioequivalente" del producto registrado y patentado
previamente, en todo lo que respecta a sus propiedades farmacoquinéticas
y farmacodinámicas. Se presume entonces que los genéricos
tienen idénticas propiedades, efectos y consecuencias que los productos
patentados originales, y que en idéntica dosificación tiene
las mismas características en relación a la ruta de administración
(oral, inyectado, etc.) y comparten la seguridad en la acción y eficacia.
Como es de suponer la disponibilidad de los productos genéricos apenas
se inicia cuando la protección de las patentes acordadas a los productos
originales han expirado, y éstas son generalmente acordadas por 20
años, pero por cuanto esas patentes comienzan a estar vigentes cuando
se inician las pruebas clínicas con pacientes, la vida efectiva de
esas patentes se reduce a un lapso entre 7 y 12 años.
Existen poderosas razones económicas para que las
compañías que han patentado un determinado producto traten
de extender la duración de esas patentes. Significa en la práctica
evitar la competencia de los medicamentos genéricos, aunque no impide
que otras empresas puedan desarrollar moléculas parecidas, cuando
la patente existente así lo permite.
Es de advertir que los fabricantes del nuevo fármaco
no sólo patentan el compuesto químico específico, sino
también, frecuentemente, el proceso de manufactura, otros ingredientes
que sirvan para estabilizar esa sustancia, el color, tamaño y forma
de la píldora que la contiene, y hasta los productos resultantes
de su metabolismo dentro del cuerpo humano.
Las patentes son importantes, pues ese virtual "monopolio"
por un lapso establecido (cuyo promedio se ha estimado en 16 años)
les permite a los laboratorios farmacéuticos recuperar el alto costo
de la invención y desarrollo del nuevo fármaco que son muy
altos. Lo que a su vez significa que el costo de los medicamentos en las
farmacias para la venta al público es alto. Al expirar las patentes
y aparecer los genéricos, los precios caen, a menudo dramáticamente,
al surgir las competencias.
De acuerdo a múltiples estimaciones, el costo típico
para desarrollar un nuevo fármaco está entre 100 y 800 millones
de dólares. Es fácil imaginar que el gigantesco mercado farmacéutico
está dividido entre unas cuantas compañías multinacionales
con poderoso "músculo financiero", y que necesariamente
pasan rápidamente ese costo -junto con sus ganancias- al consumidor.
La estrategia seguida en diferentes países para
obtener precios razonables en los nuevos medicamentos, consiste generalmente
en negociar o regular los precios de los productos patentados. La excepción
a esta regla son los Estados Unidos, por rato largo la economía más
grande y pujante del mundo, y ello trae como consecuencia el elevado precio
que pagan los estadounidenses por los medicamentos patentados.
El año de 1984 el Congreso de los Estados Unidos
aprobó la ley "Hatch-Waxman" con la intención simultánea
de hacer más expedita la disponibilidad de los genéricos baratos,
y al mismo tiempo recompensar a las compañías con patentados
por el desarrollo de nuevos fármacos. Esta ley permite el registro
en breve lapso de genéricos, al autorizar a la Administración
Federal de Alimentos y Medicamentos (FDA, en sus siglas en inglés)
para otorgar esos registros basados en todas las complejas pruebas exigidas
para el compuesto químico ya estudiado y patentado, una vez que se
ha demostrado la identidad del genérico con el respectivo compuesto
químico patentado previamente.
En general puede decirse que la FDA ha hecho una buena
labor al respecto, y que efectivamente los "genéricos"
han probado ser una respuesta apropiada para obtener precios razonables
a fármacos de probada efectividad.
Cada día se les hace más difícil a
las grandes multinacionales farmacéuticas convencer a los médicos
y al público en general de que muchos de sus nuevos productos -apenas
ligeras modificaciones químicas de sus viejos compuestos químicos
con patentes caducadas- son en verdad nuevos medicamentos, con nuevas características
superiores a los anteriores.
Ante tan generalizado escepticismo de que "todo lo
nuevo es mejor", los genéricos tienen la doble ventaja de lo
probado y lo económico.
Grandes empresas fabricantes de "genéricos"
se ha desarrollado no sólo en Norteamérica y Europa, sino
también en Israel y la India, y más reciente en Brasil. El
mercado exige la permanencia de quienes innuevan y quienes producen a precios
solidarios. |