Valencia, 08 de febrero de 2009

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 Francisco Kerdel-Vegas
E-mail: francisco.kerdelvegas@gmail.com
Foto: Ernesto García



La subestimación entre los médicos venezolanos

Mi dilecto y admirado amigo Dr. Pedro Mendoza Goiticoa ha puesto el dedo en la llaga cuando en varios artículos de su autoría se ha ocupado del tema de la subestimación como mal crónico de la Venezuela contemporánea.

La carencia de autoestima lleva a los individuos y a las sociedades a estados depresivos de inanición y desidia con resultados profundamente negativos que paralizan todo posible desarrollo y progreso.

Por eso es importante analizar y combatir el fenómeno e impedir que siga tomando cuerpo. Y es que efectivamente la crisis que sufrimos, y que con toda probabilidad aumentará próximamente, nos encuentra desnudos de valores y de logros en qué fundamentar futuras esperanzas. Como bien anota el doctor Mendoza, en el pasado reciente podíamos invocar los grandes logros alcanzados en pocos años por el pequeño grupo de médicos seleccionados con gran tino por el Dr. Enrique Tejera, cuando fue designado como primer Ministro de Sanidad y Asistencia Social por el general Eleazar López Contreras a raíz de la muerte de Juan Vicente Gómez en 1936. En poco tiempo, y con muy limitados recursos, ese equipo integrado por Tejera, entre los cuales destacaban Arnoldo Gabaldón, José Ignacio Baldó, Pastor Oropeza y Martín Vegas, cambió radicalmente el panorama sanitario del país y se echaron las bases de una sociedad esperanzada con una población más saludable y por lo tanto con renovada capacidad de enfrentar los grandes retos de la modernidad y la competitividad que conlleva.

Mendoza -con sobrada razón- no vacila en llamarlos "médicos héroes", y en verdad lo fueron.

En los últimos años hemos visto con preocupación e incluso angustia cómo esos triunfos se minimizan y olvidan, cómo en el proceso de ideologización política se margina a los líderes probados de la profesión médica, se los reemplaza con supuestos médicos de otro país y se pone al frente de la salud pública a un militar.

Sin duda la profesión médica ha sido duramente vapuleada, pero esa mística que siempre la ha caracterizado y que es la espina dorsal del oficio, siempre está y estará presente y observamos en todas partes y en los más diversos grupos, que la respuesta colectiva es de la misma o mayor dimensión que la agresión sufrida y que de la presente crisis, saldrá una nueva generación de médicos, curtidos luchadores sociales, capaces de darle frente y resolver los delicados problemas de salud de una población cada día más pobre e ignorante. Los médicos sabemos bien cuál es nuestra responsabilidad en estos casos de grandes crisis y podemos superar la subestimación en que estamos sumergidos, para dar un ejemplo a la colectividad, recuperar fuerzas, unirnos y trabajar con más ahínco y dedicación en darle más y mejor atención médica a los más pobres y necesitados, sin dejarnos contaminar por la pasión política que tiene dividido y postrado al país.

Una crisis como la que vivimos es comparable a una epidemia, y allí es precisamente donde los médicos saben demostrar su entereza, capacidad y valores morales, que eventualmente permitirán la recuperación y perfecta salud del cuerpo social al que están consagrados.