Valencia, 29 de junio de 2008

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 Francisco Kerdel-Vegas
E-mail: francisco.kerdelvegas@gmail.com



Los medicamentos genéricos

Un medicamento o fármaco genérico es aquel que es producido y distribuido sin protección de patentes. Por fármaco entendemos un compuesto químico utilizado en terapéutica.

Un medicamento genérico -abreviadamente "genérico"- debe contener los mismos ingredientes activos que la formulación original. Por extensión se habla no solamente de la molécula química específica del fármaco en cuestión, sino del "bioequivalente" del producto registrado y patentado previamente, en todo lo que respecta a sus propiedades farmacoquinéticas y farmacodinámicas. Se presume entonces que los genéricos tienen idénticas propiedades, efectos y consecuencias que los productos patentados originales, y que en idéntica dosificación tiene las mismas características en relación a la ruta de administración (oral, inyectado, etc.) y comparten la seguridad en la acción y eficacia. Como es de suponer la disponibilidad de los productos genéricos apenas se inicia cuando la protección de las patentes acordadas a los productos originales han expirado, y éstas son generalmente acordadas por 20 años, pero por cuanto esas patentes comienzan a estar vigentes cuando se inician las pruebas clínicas con pacientes, la vida efectiva de esas patentes se reduce a un lapso entre 7 y 12 años.

Existen poderosas razones económicas para que las compañías que han patentado un determinado producto traten de extender la duración de esas patentes. Significa en la práctica evitar la competencia de los medicamentos genéricos, aunque no impide que otras empresas puedan desarrollar moléculas parecidas, cuando la patente existente así lo permite.

Es de advertir que los fabricantes del nuevo fármaco no sólo patentan el compuesto químico específico, sino también, frecuentemente, el proceso de manufactura, otros ingredientes que sirvan para estabilizar esa sustancia, el color, tamaño y forma de la píldora que la contiene, y hasta los productos resultantes de su metabolismo dentro del cuerpo humano.

Las patentes son importantes, pues ese virtual "monopolio" por un lapso establecido (cuyo promedio se ha estimado en 16 años) les permite a los laboratorios farmacéuticos recuperar el alto costo de la invención y desarrollo del nuevo fármaco que son muy altos. Lo que a su vez significa que el costo de los medicamentos en las farmacias para la venta al público es alto. Al expirar las patentes y aparecer los genéricos, los precios caen, a menudo dramáticamente, al surgir las competencias.

De acuerdo a múltiples estimaciones, el costo típico para desarrollar un nuevo fármaco está entre 100 y 800 millones de dólares. Es fácil imaginar que el gigantesco mercado farmacéutico está dividido entre unas cuantas compañías multinacionales con poderoso "músculo financiero", y que necesariamente pasan rápidamente ese costo -junto con sus ganancias- al consumidor.

La estrategia seguida en diferentes países para obtener precios razonables en los nuevos medicamentos, consiste generalmente en negociar o regular los precios de los productos patentados. La excepción a esta regla son los Estados Unidos, por rato largo la economía más grande y pujante del mundo, y ello trae como consecuencia el elevado precio que pagan los estadounidenses por los medicamentos patentados.

El año de 1984 el Congreso de los Estados Unidos aprobó la ley "Hatch-Waxman" con la intención simultánea de hacer más expedita la disponibilidad de los genéricos baratos, y al mismo tiempo recompensar a las compañías con patentados por el desarrollo de nuevos fármacos. Esta ley permite el registro en breve lapso de genéricos, al autorizar a la Administración Federal de Alimentos y Medicamentos (FDA, en sus siglas en inglés) para otorgar esos registros basados en todas las complejas pruebas exigidas para el compuesto químico ya estudiado y patentado, una vez que se ha demostrado la identidad del genérico con el respectivo compuesto químico patentado previamente.

En general puede decirse que la FDA ha hecho una buena labor al respecto, y que efectivamente los "genéricos" han probado ser una respuesta apropiada para obtener precios razonables a fármacos de probada efectividad.

Cada día se les hace más difícil a las grandes multinacionales farmacéuticas convencer a los médicos y al público en general de que muchos de sus nuevos productos -apenas ligeras modificaciones químicas de sus viejos compuestos químicos con patentes caducadas- son en verdad nuevos medicamentos, con nuevas características superiores a los anteriores.

Ante tan generalizado escepticismo de que "todo lo nuevo es mejor", los genéricos tienen la doble ventaja de lo probado y lo económico.

Grandes empresas fabricantes de "genéricos" se ha desarrollado no sólo en Norteamérica y Europa, sino también en Israel y la India, y más reciente en Brasil. El mercado exige la permanencia de quienes innuevan y quienes producen a precios solidarios.