La subestimación entre los médicos
venezolanos
Mi dilecto y admirado amigo Dr. Pedro Mendoza Goiticoa
ha puesto el dedo en la llaga cuando en varios artículos de su autoría
se ha ocupado del tema de la subestimación como mal crónico
de la Venezuela contemporánea.
La carencia de autoestima lleva a los individuos y a las
sociedades a estados depresivos de inanición y desidia con resultados
profundamente negativos que paralizan todo posible desarrollo y progreso.
Por eso es importante analizar y combatir el fenómeno
e impedir que siga tomando cuerpo. Y es que efectivamente la crisis que
sufrimos, y que con toda probabilidad aumentará próximamente,
nos encuentra desnudos de valores y de logros en qué fundamentar
futuras esperanzas. Como bien anota el doctor Mendoza, en el pasado reciente
podíamos invocar los grandes logros alcanzados en pocos años
por el pequeño grupo de médicos seleccionados con gran tino
por el Dr. Enrique Tejera, cuando fue designado como primer Ministro de
Sanidad y Asistencia Social por el general Eleazar López Contreras
a raíz de la muerte de Juan Vicente Gómez en 1936. En poco
tiempo, y con muy limitados recursos, ese equipo integrado por Tejera, entre
los cuales destacaban Arnoldo Gabaldón, José Ignacio Baldó,
Pastor Oropeza y Martín Vegas, cambió radicalmente el panorama
sanitario del país y se echaron las bases de una sociedad esperanzada
con una población más saludable y por lo tanto con renovada
capacidad de enfrentar los grandes retos de la modernidad y la competitividad
que conlleva.
Mendoza -con sobrada razón- no vacila en llamarlos
"médicos héroes", y en verdad lo fueron.
En los últimos años hemos visto con preocupación
e incluso angustia cómo esos triunfos se minimizan y olvidan, cómo
en el proceso de ideologización política se margina a los
líderes probados de la profesión médica, se los reemplaza
con supuestos médicos de otro país y se pone al frente de
la salud pública a un militar.
Sin duda la profesión médica ha sido duramente
vapuleada, pero esa mística que siempre la ha caracterizado y que
es la espina dorsal del oficio, siempre está y estará presente
y observamos en todas partes y en los más diversos grupos, que la
respuesta colectiva es de la misma o mayor dimensión que la agresión
sufrida y que de la presente crisis, saldrá una nueva generación
de médicos, curtidos luchadores sociales, capaces de darle frente
y resolver los delicados problemas de salud de una población cada
día más pobre e ignorante. Los médicos sabemos bien
cuál es nuestra responsabilidad en estos casos de grandes crisis
y podemos superar la subestimación en que estamos sumergidos, para
dar un ejemplo a la colectividad, recuperar fuerzas, unirnos y trabajar
con más ahínco y dedicación en darle más y mejor
atención médica a los más pobres y necesitados, sin
dejarnos contaminar por la pasión política que tiene dividido
y postrado al país.
Una crisis como la que vivimos es comparable a una epidemia,
y allí es precisamente donde los médicos saben demostrar su
entereza, capacidad y valores morales, que eventualmente permitirán
la recuperación y perfecta salud del cuerpo social al que están
consagrados. |